La siembra de soja en la zona núcleo alcanzaría las 4,5 millones de hectáreas en la región central argentina, con un aumento interanual del 2%, mientras los productores modifican sus estrategias agronómicas ante la influencia del fenómeno climático El Niño. Según publicó TN el 18 de octubre de 2026, las recomendaciones apuntan a anticipar las labores, ajustar la distribución de las semillas y seleccionar variedades de ciclos más cortos para reducir los riesgos asociados con las lluvias intensas.
Los datos corresponden al informe de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que también describe una mejora en la condición del trigo y mantiene alertas sanitarias por fusariosis de la espiga.
La superficie proyectada para soja, aunque superior a la de la campaña previa, continúa por debajo del promedio histórico de los últimos 15 años, estimado en 5,2 millones de hectáreas. El informe relaciona parte del crecimiento con el desplazamiento de otros cultivos, entre ellos girasol, maní y sorgo.
La posibilidad de precipitaciones intensas durante la primavera y el verano lleva a revisar el calendario de implantación. La estrategia que describe la fuente consiste en adelantar la siembra entre cuatro y siete días respecto de las fechas habituales, con el objetivo de comenzar las tareas cerca del 15 de octubre, en lugar del 20.
La anticipación busca aprovechar las condiciones adecuadas para la germinación, ordenar el uso de la maquinaria y reducir la posibilidad de que las lluvias prolongadas impidan ingresar a los lotes.
Los ajustes también abarcan la cantidad de semillas y su distribución. En zonas como María Susana y Bigand, los productores prevén elevar la densidad por metro cuadrado y reducir la distancia entre surcos. La intención es conseguir una implantación rápida y limitar las pérdidas de plantas que pueden producirse por el planchado o el anegamiento del suelo.
Otro cambio está relacionado con la elección genética. Los planteos agronómicos relevados muestran una inclinación hacia variedades de ciclos más cortos, como los grupos III largos y IV cortos, en reemplazo de los tradicionales grupos IV largos. La finalidad es reducir el tiempo de exposición del cultivo a condiciones climáticas adversas.
La utilización de semillas fiscalizadas también tendría mayor participación: las proyecciones citadas por TN estiman que alcanzaría cerca del 50% de la superficie sembrada.
El control de malezas difíciles completa el esquema de decisiones. La fecha definitiva de implantación queda condicionada a la eficacia de los tratamientos de barbecho, de acuerdo con la información publicada.
El panorama de los cultivos de invierno presenta señales favorables en materia de condición general. Según los relevamientos de la red GEA, la proporción de lotes de trigo calificados como excelentes o muy buenos pasó del 62% al 70% en una semana. Al mismo tiempo, los cuadros considerados regulares descendieron al 2%.
En Pergamino y Corral de Bustos, los lotes que transitan la etapa de espigazón muestran una evolución favorable después de los efectos de las heladas tardías y de episodios locales de sequía.
Sin embargo, las condiciones productivas no eliminan los riesgos sanitarios. La fusariosis de la espiga constituye una de las principales preocupaciones porque puede afectar al trigo durante la floración.
La información publicada indica que el 15% del área triguera estaba en plena floración y que la mitad de los cuadros se encontraba en espigazón. Por eso, los productores mantienen el monitoreo sanitario y el seguimiento de las aplicaciones de fungicidas preventivos y curativos.
Las temperaturas frescas y la baja humedad nocturna habían limitado la proliferación del hongo, aunque los técnicos advirtieron que un aumento de las temperaturas y el regreso de los frentes de tormenta podrían favorecer la aparición de focos de infección.
El maíz temprano se encaminaba a completar su siembra en el noroeste bonaerense. De acuerdo con la publicación, restaba cubrir el 2% de una meta de 2,3 millones de hectáreas.
En zonas como General Villegas, la baja radiación solar y las mañanas frías daban al follaje una tonalidad pálida, aunque la condición general del cultivo se calificaba entre buena y excelente.
El escenario meteorológico presenta diferencias dentro de la región central. Las lluvias acumuladas habían favorecido las reservas de agua, pero su distribución era desigual: el extremo oeste conservaba reservas ajustadas, mientras que el sudeste mostraba niveles óptimos a abundantes.
Los especialistas en meteorología de la BCR atribuyeron parte de esa distribución a la influencia de otros factores atmosféricos y oceánicos. Entre ellos mencionaron un sistema de alta presión sobre el sur patagónico, que aportó aire frío y seco desde el sudoeste, y temperaturas superficiales del Atlántico inferiores a la media.
La previsión citada por TN indicaba que ese efecto moderador podía debilitarse durante la segunda quincena de octubre de 2026. Para el cierre de octubre y el bimestre noviembre-diciembre de 2026, el pronóstico contemplaba un mayor impacto de El Niño, con un incremento de la humedad y de las temperaturas medias.
El resultado productivo dependerá de cómo se distribuyan las precipitaciones y de la capacidad de los productores para ajustar la implantación, el manejo de los cultivos y la prevención sanitaria.