La productividad de los tambos fue el eje de una recorrida de productores argentinos por establecimientos lecheros de Wisconsin, Estados Unidos, donde algunas unidades alcanzan promedios de hasta 50 litros de leche por vaca al día. La visita permitió observar sistemas de producción adaptados a condiciones climáticas rigurosas y reconocer diferencias vinculadas con infraestructura, financiamiento y organización, según publicó TN.
La gira incluyó tambos de distintas escalas y mostró que los resultados no dependen únicamente de la alimentación. Las instalaciones, el confort animal, el manejo reproductivo, el monitoreo sanitario y la selección genética forman parte de un esquema integrado que busca sostener la eficiencia.
En los establecimientos intensivos visitados, los galpones, la ventilación, el manejo de las camas y la gestión de efluentes están diseñados para proteger a los animales del clima y facilitar las tareas. La dieta incluye ingredientes conocidos por los productores argentinos, como silaje de maíz, alfalfa y suplementos proteicos, minerales y vitamínicos.
Sebastián Gigena, gerente de la División Lechería de Select Debernardi y organizador del viaje, señaló que las diferencias más relevantes entre ambos países se encuentran en la infraestructura y en las posibilidades de financiamiento. En su evaluación, la capacidad de invertir de manera sostenida permite construir instalaciones duraderas, renovar maquinaria y mejorar la eficiencia del equipo.
Golden E Dairy es uno de los ejemplos observados. El establecimiento comenzó en 1991 con 90 vacas y llegó a ordeñar 2.900 animales con un equipo de 34 personas, incluidos los integrantes de la familia. Cuenta con galpones de ventilación cruzada y equipos mecanizados para retirar el estiércol.
La experiencia también expuso que las decisiones técnicas deben revisarse a partir de sus resultados. Tras reemplazar las camas de arena por sólidos reciclados del estiércol, Golden E Dairy registró un aumento del recuento de células somáticas en la leche y evaluaba volver a la arena mediante un sistema de recuperación.
El crédito aparece como otro factor diferenciador. En Golden E Dairy explicaron que parte de los préstamos se cancela con descuentos directos sobre la liquidación de la leche. Ese mecanismo conecta los ingresos de la actividad con las inversiones y, según la cobertura, resulta difícil de replicar de manera generalizada en un contexto argentino de mayor incertidumbre.
La recorrida incluyó prácticas para ordenar la reproducción y detectar antes los cambios de comportamiento o salud. En Banner Ridge Farms, el primer servicio de las vacas se realiza mediante inseminación artificial a tiempo fijo alrededor de los 80 días posparto. Los servicios posteriores combinan alertas de sensores de monitoreo de celos con decisiones de resincronización.
En ese establecimiento se informó una tasa de preñez de entre 34% y 38%, y una tasa de concepción cercana al 52%. En J.M. Schmidt & Sons utilizan desde hace siete años el sensor CowManager, que registra actividad, rumia, tiempo de alimentación y temperatura auricular.
El sistema ayuda a reducir el tiempo destinado a observar celos y a detectar cambios que requieren atención. Para el diagnóstico inicial de preñez, J.M. Schmidt & Sons utiliza un análisis de sangre que detecta una proteína asociada con la formación de la placenta. Luego, las alertas de retorno al celo permiten identificar posibles pérdidas.
Los dispositivos de monitoreo también pueden advertir variaciones asociadas con problemas de salud, aunque no diagnostican por sí solos enfermedades como cetosis o metritis. Su función es orientar la atención del personal y facilitar una intervención temprana. El período de transición alrededor del parto constituye otro foco de seguimiento en los establecimientos visitados.
La selección genética mediante pruebas genómicas fue otra de las herramientas observadas. En Banner Ridge Farms, los resultados de las pruebas a las vaquillonas se utilizan para identificar los animales destinados a reposición; el resto puede recibir semen de toros para carne, mediante el esquema conocido como Beef on Dairy.
Golden E Dairy también realiza estudios genómicos en todas sus vaquillonas y emplea la información para orientar el uso de semen sexado o de carne. Estas decisiones buscan alinear la genética con los objetivos productivos y comerciales de cada establecimiento.
La gira mostró que los tambos argentinos cuentan con conocimientos, genética y tecnologías comparables a los de Estados Unidos en diversos aspectos. El desafío que deja la experiencia es integrar esos recursos con inversiones sostenidas, instalaciones adecuadas, confort animal, nutrición, reproducción y selección genética para mejorar la productividad y la competitividad de la lechería.