Desarrollo Económico & Social / Negocios & Estrategias

¿Cómo reducir los niveles de estrés con actividad física?

Entrenar en horas del mediodía contribuye a aumentar los índices de productividad y genera beneficios cognitivos

¿Cómo reducir los niveles de estrés con actividad física?
jueves 12 de septiembre de 2019

Si estás obsesionado con mejorar tus niveles de productividad y a ciertas horas del día sabés que no podés trabajar en asuntos difíciles porque vas a estar demasiado cansado, salir de la rutina y destinar entre 30 y 60 minutos para realizar actividades cardiovasculares y de elongación puede ser de gran ayuda. Según especialistas, entrenar al menos tres veces por semana contribuye a aumentar el rendimiento en el trabajo y genera beneficios cognitivos importantes. ¡Mantente motivado!

A la editora estadounidense Anisa Purbasari Horton le costaba mucho concentrarse en horario vespertino. “En algún lugar entre el almuerzo y las tres de la tarde mis párpados comenzaban a ponerse pesados, reduciendo mis índices de productividad. En esos momentos me programaba tareas sin sentido, como borrar correos electrónicos o realizar trabajos que requirieran poca concentración”, comentó.

Como quería encontrar una solución, Purbasari Horton probó con distintas estrategias: dormir ocho horas por la noche, esperar un horario razonable entre comidas, beber enormes cantidades de agua y consumir alimentos libres de azúcar. Nada funcionó; de hecho, sus problemas se multiplicaron.

“Empecé a notar que a eso de las once de la mañana tenía otra caída. Por eso, tomé cartas en el asunto y empecé a entrenar en el horario del almuerzo para ver si ocurría algún cambio. Los resultados fueron asombrosos”, aseguró.

La evidencia que vincula la actividad física con la productividad es bastante conocida y convincente. El deportólogo Bill Sukala afirmó que el ejercicio cardiovascular puede revertir la concentración cerebral y retrasar el envejecimiento, así como mejorar las funciones cognitivas, elevando los estados de ánimo al controlar el cortisol –la hormona asociada con el estrés–. Sin embargo, nunca se llegó a plantear de forma clara las diferencias entre entrenar en un horario u otro.

“Cuando entrenaba por la mañana o por las noches no noté ningún cambio. Al hacer ejercicio por el mediodía durante cuatro días, alternando entre actividades de alta intensidad con entrenamientos de fuerza, noté que la depresión de las once de la mañana desapareció por completo. De todas maneras, me tomaba más tiempo concentrarme al llegar a la oficina. Me había vuelto tan dependiente a las endorfinas posteriores al ejercicio para ponerme en marcha por la mañana, que no sudar temprano me pareció muy raro”, detalló Purbasari Horton.

La editora también percibió que al movilizarse de un lugar a otro en horarios reducidos operaba con menos tiempo, lo que le generó la presión por terminar sus tareas lo antes posible. Aun así, en el único momento del día en el que lograba reducir la ansiedad era cuando entrenaba. “Al mediodía los gimnasios están mucho más vacíos que a las siete de la tarde. Sudar a esa hora fue una forma efectiva de restablecer mi cerebro y volver al trabajo de mejor humor. También pude esforzarme más, porque al tener una cantidad limitada de tiempo estaba más motivada a dar el máximo en cada entrenamiento”, relató.

Durante las primeras semanas, las endorfinas posteriores a la actividad física se agotaban cerca de las tres de la tarde, por lo que Purbasari Horton siguió experimentando el bajón vespertino. Sin embargo, lo que sintió es que éste era cada vez más corto, haciendo que su jornada sea mucho más productiva.

Antiguamente, cuando se realizaban experimentos para investigar la productividad, no se profundizaba sobre las actividades que hacen que las personas se sientan de determinada manera. Con esta premisa, la especialista en desempeño humano María Urso supuso que la productividad propiamente dicha se obtiene a partir del equilibrio entre la cognición y el sueño. “Los períodos de inactividad pueden superarse si al final del día se le da importancia a asuntos simples como dormir, moverse y consumir alimentos saludables. Exponerse a la luz natural es algo que nos hace sentir frescos y disponibles. Si no tenés tiempo para entrenar, salí de la oficina al menos diez minutos, caminá y vas a notar serias diferencias”, recomendó.

Aun así, otros especialistas como Michael Breus, autor del libro “El poder del cuándo”, definió que luchar contra los bajones diarios es casi imposible, ya que forman parte de la biología natural de los seres humanos. “En lugar de tratar de eliminar esos momentos, deberíamos maximizar nuestra productividad lo mejor que podamos”, aconsejó.

Volviendo a Purbasari Horton, la conclusión fue que si bien el lapso de inactividad de la tarde no desapareció, logró reducirse notablemente. “Ahora, cuando me agarran esos momentos, trato de dejar el escritorio y salir a caminar al menos durante diez minutos. No siempre vuelvo totalmente despierta, pero sé que cuando finalmente recupere la energía voy a disponer de un descanso mental que me va a permitir estar más concentrada durante el resto de la tarde. Tengo la esperanza de vencer esta patología con la ayuda de cambios en mi alimentación y mis hábitos de sueño”, finalizó.



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