Las reservas forrajeras son importantes en Argentina y hay 2,6 millones de hectáreas ensiladas. La Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) destacó que la alfalfa siempre fue el cultivo forrajero por excelencia, que brindó numerosos servicios como la fijación de nitrógeno, la reducción de la erosión y control de malezas.
La asociación destacó la importancia de planificar las reservas forrajeras. En este sentido, remarcó que se debe diagnosticar el sistema productivo, incluyendo las necesidades del rodeo.
“La especie es el primer factor que influye sobre la calidad. De ello dependen no sólo la fecha de siembra y el momento del año en el que el forraje esté disponible, sino también la proteína o digestibilidad que necesitemos en la dieta”, apuntó Aapresid.
Por otra parte, el corte es una etapa relevante, ya que determina la calidad. El informe destacó que según la fase vegetativa en que se realice, el forraje tendrá digestibilidad, cantidad de materia seca o nivel de proteína.
“Lo ideal es cortar prefloración de primavera a verano, y de verano a otoño, dejar descansar al cultivo y hacerlo al 10 % de floración” menciona Pablo Cattani, asesor de Aapresid. Este cultivo permite en primavera lograr más calidad.
Cattani también destacó la calidad del corte para la vida útil de las reservas. “Hay dos cosas a tener en cuenta, cómo es el corte y qué tratamiento posterior le damos”, aseguró.
En este caso se debe evitar el desgarro de las plantas y es necesario realizar cortes netos que permitan la rápida cicatrización de los tejidos y mayor estímulo al rebrote. “La otra cuestión es que los sistemas de corte saquen rápidamente el forraje de la máquina para evitar el repicado -golpear de la planta con la cuchilla-, mayor deshoje y hasta la partición del tallo en porciones pequeñas”, explicó el informe de Aapresid.
Luego, se aproximan los procesos relacionados con el acondicionamiento y almacenamiento que hacen a la calidad y conservación. “El acondicionamiento es fundamental para el secado del forraje, y específicamente en la alfalfa se debe acondicionar el tallo ya que de esa manera se iguala la velocidad de secado con las hojas, y en la confección los rollos tendrán mayor contenido de hoja y por consiguiente proteína y digestibilidad”, explica Aapresid.
Luego, en el rastrillado, se debe mantener un remanente de humedad para que el rastrillaje no sea agresivo.
Recomiendan rastrillar con 30-35 % de humedad, pero en la confección se debe trabajar siempre por debajo del 20 % de humedad. Esto va a permitir generar una mayor compactación y así evitar el calentamiento del forraje y la desnaturalización de las proteínas.
Agrofynews