El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) detectó la presencia de cinco enfermedades en cultivos de girasol durante la campaña 2025/26 en el centro del país, a partir de ensayos realizados en Córdoba. El relevamiento fue llevado adelante por especialistas de la Estación Experimental Agropecuaria Marcos Juárez, en articulación con técnicos y extensionistas, y abarcó 13 híbridos comerciales en las localidades de Noetinger e Inriville–Los Surgentes. Aunque el impacto productivo fue bajo en esta campaña, los investigadores advirtieron sobre la necesidad de intensificar el monitoreo sanitario ante el crecimiento sostenido del cultivo en la región.
El estudio se enmarca en una red de evaluación de híbridos que el INTA implementó en las últimas dos campañas, como respuesta al aumento de la superficie sembrada con girasol en Córdoba. Según datos relevados por el organismo, el área cultivada pasó de aproximadamente 70.000 a cerca de 250.000 hectáreas en pocos años, lo que modifica el escenario productivo y sanitario.
La investigación fue coordinada por el fitopatólogo Enrique Alberione, junto con el equipo de Patología Vegetal del INTA Marcos Juárez. Durante los ensayos, se analizaron tanto el comportamiento productivo como la respuesta sanitaria de los materiales, incorporando evaluaciones específicas para identificar enfermedades presentes en el cultivo.
Los resultados indicaron que, si bien se detectaron diversas patologías, el nivel de daño sobre el rendimiento fue limitado en esta campaña. Esto se explicó, en parte, por las condiciones climáticas registradas durante el verano.
“Durante enero y parte de febrero no hubo condiciones de humedad favorables para el avance de las enfermedades”, explicó Alberione en base a los datos del estudio. En ese sentido, los monitoreos no evidenciaron afectaciones en los órganos reproductivos. “Los capítulos y los aquenios estaban bien formados, por lo que el impacto productivo fue bajo”, agregó.
Sin embargo, desde el organismo remarcaron que este escenario no debe interpretarse como definitivo. La combinación de mayor superficie sembrada y variabilidad climática podría favorecer la aparición de brotes más severos en campañas futuras.
El especialista subrayó que el crecimiento del cultivo incrementa la presión sanitaria: “A medida que crece la superficie cultivada, también aumentan las posibilidades de que los patógenos se establezcan y se expandan en la región”.
El relevamiento permitió identificar cinco enfermedades principales en los ensayos realizados en Córdoba, con distintos niveles de incidencia y severidad según el híbrido y el ambiente.
La más frecuente fue la mancha por Alternaria (Alternaria helianthi), una patología foliar que genera lesiones en las hojas y que, en situaciones severas, puede provocar pérdidas de hasta el 70% del rendimiento, según reportes internacionales. En los ensayos, la incidencia mostró gran variabilidad entre híbridos, con valores que oscilaron entre el 10% y el 90% de las hojas afectadas, aunque con niveles de daño relativamente bajos.
“El número de hojas afectadas fue importante, pero el nivel de daño en cada hoja no fue alto”, explicó Alberione, lo que contribuyó a limitar el impacto productivo.
Otra enfermedad detectada fue la roya negra del girasol (Puccinia helianthi), también de carácter foliar. En uno de los sitios evaluados se registró su presencia en la totalidad de los híbridos, con incidencias de entre 80% y 100%. No obstante, la severidad fue moderada, con valores que se ubicaron entre el 1% y el 10%.
También se identificó la roya blanca (Pustula helianthicola o Albugo tragopogonis), un patógeno que se desarrolla en condiciones de temperaturas más bajas. Su presencia fue más acotada, aunque en uno de los sitios alcanzó una prevalencia del 46% de los híbridos. En general, afectó hojas de los estratos inferiores y medios, con niveles de daño bajos.
Entre las patologías más extendidas se destacó el escudo negro del tallo o mancha negra (Phoma macdonaldii), con presencia cercana al 100% en los ambientes evaluados. Esta enfermedad afecta tanto hojas como tallos, generando lesiones en los puntos de inserción. Si bien su impacto suele subestimarse, en condiciones severas puede provocar pérdidas significativas.
Por último, se detectó en forma incipiente el cancro del tallo (Diaporthe helianthi / Phomopsis helianthi) en uno de los sitios. Aunque su incidencia fue baja, el INTA advirtió sobre su potencial impacto. “En regiones donde está presente desde hace años puede provocar el quiebre de las plantas y también afectar el capítulo”, señaló Alberione, al tiempo que indicó que existen reportes de pérdidas cercanas al 40%.
Uno de los principales aportes del estudio radica en la evaluación comparativa de los híbridos frente a distintas enfermedades. Esta información permite a los productores contar con herramientas más precisas para la toma de decisiones.
“Para el productor es una herramienta clave a la hora de elegir el híbrido”, explicó Alberione. En ese sentido, destacó que ya no solo se considera el rendimiento, sino también la respuesta sanitaria de cada material.
Los ensayos fueron realizados en articulación con grupos CREA, lo que refuerza la transferencia de conocimiento hacia el sector productivo. Los resultados serán publicados en informes técnicos que estarán disponibles para productores, asesores y técnicos.
Desde el INTA insistieron en la necesidad de fortalecer el monitoreo del cultivo como herramienta preventiva. La detección temprana de enfermedades permite evaluar la conveniencia de aplicar tratamientos y ajustar las estrategias de manejo.
“Cuando las condiciones ambientales favorecen su desarrollo, el monitoreo previo permite evaluar la necesidad de aplicar fungicidas”, concluyó Alberione.
En un contexto de expansión del girasol en el centro del país, el seguimiento sanitario aparece como un factor clave para sostener los niveles de productividad y evitar pérdidas significativas.
El estudio aporta evidencia sobre la situación actual del cultivo y plantea desafíos a futuro, en un escenario donde la intensificación productiva y la variabilidad climática pueden modificar el comportamiento de las enfermedades. La articulación entre investigación y producción será determinante para anticipar riesgos y mejorar las estrategias de manejo en las próximas campañas.