En Plaza Huincul, Neuquén, un proyecto municipal con apoyo técnico logró producir frutillas en clima árido mediante un sistema de cultivo semihidropónico, generando producción local y nuevas oportunidades laborales.
En una región marcada por el clima seco y suelos poco fértiles, la ciudad de Plaza Huincul avanza con una experiencia innovadora: el cultivo de frutillas mediante semihidroponía. Según informó el diario de Río Negro, el proyecto se desarrolla en el vivero municipal y ya alcanzó sus primeras cosechas destinadas al mercado local.
La iniciativa comenzó en 2023 a partir de una articulación entre el municipio y el Centro PyME ADENEU. El objetivo fue adaptar la producción de frutas finas a las condiciones del territorio mediante el uso de bancales elevados, sustratos específicos y sistemas de riego controlado.
Uno de los rasgos más relevantes es el enfoque social. Tres mujeres, beneficiarias de programas sociales, están a cargo del cultivo y de la gestión diaria. Aprendieron desde el armado de la estructura productiva hasta el manejo del riego, el control de plagas y la organización del trabajo, lo que les permite sostener el proyecto con autonomía.

El sistema utiliza puzolana como sustrato, un material disponible en la provincia, lo que reduce costos y mejora la eficiencia productiva. Además, se incorporaron invernaderos de gran tamaño para estabilizar el rendimiento frente a las condiciones climáticas adversas.
En términos productivos, el proyecto alcanzó un total de 4.800 plantas cultivadas, de las cuales 3.600 se desarrollan a cielo abierto. También cuenta con dos invernaderos de 30 por 12 metros. La producción se comercializa principalmente en verdulerías locales, lo que fortalece el circuito económico de la zona.
La implementación del sistema semihidropónico permite optimizar el uso del agua, un recurso escaso en la Patagonia. A diferencia del cultivo tradicional, este método controla la nutrición de las plantas y mejora los rindes incluso en ambientes hostiles.
El subsecretario de Desarrollo Productivo, Nicolás Orellano, explicó que el objetivo es generar capacidades a largo plazo. “El proyecto tiene como objetivo que las compañeras desarrollen los conocimientos suficientes que les permita cuando surja un emprendimiento privado, gestionarlo”, afirmó según consignó el diario de Río Negro.
La chacra también cumple un rol experimental. Se busca generar información sobre el comportamiento del cultivo, evaluar rindes y definir modelos productivos que puedan ser replicados por el sector privado. Esta transferencia de conocimiento es clave para impulsar nuevas inversiones.

El desarrollo se enmarca en una estrategia más amplia de diversificación productiva. En una región históricamente vinculada a la actividad hidrocarburífera, la incorporación de la agricultura representa una alternativa para ampliar la matriz económica.
Entre los desafíos detectados aparecen limitaciones en el suministro de agua y la necesidad de infraestructura adicional, como el acceso a gas para sostener la producción durante todo el año. Sin embargo, los resultados iniciales son positivos y muestran el potencial del sistema.
La organización del trabajo es otro factor clave. Las operarias gestionan el riego, monitorean las plantas y resuelven problemas técnicos de forma coordinada. La producción se reparte entre ellas, generando ingresos que contribuyen a mejorar su economía.
La experiencia demuestra que es posible producir alimentos en condiciones adversas mediante tecnología, capacitación y planificación. Según informó el diario de Río Negro, el próximo paso será escalar el proyecto y atraer inversiones privadas que permitan consolidar esta nueva actividad en la región.