Un equipo de investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) con base en Ingeniero Juárez dio a conocer los resultados de un estudio realizado en el oeste de Formosa, donde se evaluaron 18 cultivares de gramíneas megatérmicas con el objetivo de mejorar la base forrajera en sistemas ganaderos del Chaco Semiárido. La investigación es relevante porque aporta herramientas concretas para optimizar la producción ganadera en contextos de alta exigencia climática, caracterizados por temperaturas extremas y escasez hídrica.
En esta región del norte argentino, la ganadería constituye la principal actividad económica, especialmente en zonas donde el bosque nativo funciona como base de la alimentación animal. Sin embargo, las condiciones ambientales imponen desafíos significativos: temperaturas que superan los 45 °C y precipitaciones anuales cercanas a los 650 milímetros, con fuerte variabilidad entre años.
Frente a este escenario, la incorporación de gramíneas megatérmicas aparece como una estrategia clave para estabilizar la oferta forrajera. El trabajo del INTA se desarrolló durante cuatro ciclos productivos consecutivos, lo que permitió analizar el comportamiento de los distintos cultivares bajo condiciones climáticas diversas y contrastantes.
Los resultados mostraron que varios materiales lograron sostener niveles de producción elevados incluso en años con limitaciones de agua. “Evaluamos 18 cultivares en condiciones muy contrastantes y observamos que varios materiales sostienen buenos niveles de producción incluso en años con limitaciones hídricas”, explicó María Inés Cavallero, investigadora del INTA Ingeniero Juárez. “Esto permite pensar en esquemas forrajeros más estables para la región”, agregó, según datos difundidos por el organismo.
Entre los cultivares más destacados se encuentran los de porte alto de Buffel Grass (Cenchrus ciliaris). En particular, las variedades Molopo, Biloela, Lucero INTA-Pemán y Orión INTA alcanzaron producciones que oscilaron entre 10.700 y 11.500 kilos de materia seca por hectárea por año, mostrando un desempeño sostenido tanto en períodos húmedos como secos. Además de su rendimiento, estos materiales evidenciaron una rápida recuperación tras el pastoreo y capacidad de rebrote temprano, características valoradas en sistemas ganaderos intensivos.
Otro de los cultivares que mostró resultados sobresalientes fue Panicum coloratum cv. Bambatsi, con producciones superiores a los 10.200 kilos de materia seca por hectárea anual. Según detalló Cavallero, este material logró duplicar los valores obtenidos por el cultivar Klein, lo que marca una diferencia significativa en términos de productividad.
En tanto, el conocido Gatton panic, ampliamente difundido en la región, registró rendimientos cercanos a los 8.000 kilos de materia seca por hectárea, destacándose por su calidad forrajera. Este atributo lo mantiene como una opción relevante dentro de los esquemas productivos locales.
El estudio también evaluó especies de crecimiento rastrero. En ese grupo, Urochloa humidicola cv. Llanero se posicionó como uno de los materiales más destacados, con producciones cercanas a los 11.100 kilos de materia seca por hectárea anual, especialmente en años con mayores precipitaciones. Otras especies como Urochloa ruziziensis y Urochloa mosambicensis, aunque con menores rendimientos, fueron señaladas como alternativas útiles para complementar mezclas forrajeras y mejorar la cobertura del suelo.
Persistencia y adaptación, factores clave
Uno de los aspectos relevantes del trabajo fue la evaluación de la persistencia de los cultivares a lo largo del tiempo. En este sentido, algunos materiales de Grama Rhodes (Chloris gayana) mostraron una disminución en la densidad de plantas a partir del tercer año, lo que evidencia limitaciones en su estabilidad.
Este comportamiento refuerza la importancia de considerar no solo el rendimiento inicial, sino también la capacidad de las especies para mantenerse productivas en el mediano y largo plazo. En sistemas ganaderos sometidos a condiciones climáticas adversas, la persistencia se vuelve un factor determinante.
A partir de los resultados obtenidos, los investigadores subrayaron la necesidad de avanzar hacia una diversificación de la base forrajera. “La incorporación de especies con características complementarias permite sostener la oferta de forraje a lo largo del tiempo y reducir la variabilidad entre campañas”, afirmó Cavallero, de acuerdo con la información oficial.
En esa línea, la especialista destacó que la selección de cultivares debe contemplar tanto su potencial productivo como su comportamiento frente a distintos escenarios ambientales. La combinación de especies permite mitigar riesgos climáticos y mejorar la eficiencia de los sistemas productivos.
El estudio del INTA aporta información estratégica para productores y técnicos que trabajan en el Chaco Semiárido, una región donde la planificación forrajera resulta clave para sostener la actividad ganadera. Contar con datos locales sobre el desempeño de distintas especies permite tomar decisiones más precisas en materia de implantación, manejo y rotación de pasturas.
Además, estos avances se inscriben en un contexto más amplio de adaptación al cambio climático, donde la variabilidad de las condiciones ambientales obliga a rediseñar los sistemas productivos. La identificación de gramíneas capaces de tolerar estrés hídrico y altas temperaturas constituye una herramienta fundamental para enfrentar estos desafíos.
Finalmente, desde el INTA remarcaron que la disponibilidad de información técnica confiable es un pilar para mejorar la competitividad del sector. “Contar con datos locales sobre el desempeño de estos cultivares es fundamental para mejorar la planificación forrajera”, concluyó Cavallero. “Los resultados muestran que existen alternativas concretas para potenciar la producción en la región, combinando especies que se adapten a diferentes escenarios”.
El avance en la evaluación de gramíneas megatérmicas abre nuevas perspectivas para la ganadería del norte argentino, con el foco puesto en lograr sistemas más resilientes, eficientes y sostenibles frente a condiciones ambientales cada vez más exigentes.