El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) presentó tres nuevas variedades de raigrás anual tetraploide desarrolladas para fortalecer la producción forrajera en sistemas ganaderos de Argentina. Se trata de Josepedro INTA, Ñeri INTA y Apolo INTA, materiales creados por equipos de investigación de las estaciones experimentales de Concepción del Uruguay y Pergamino, con el objetivo de mejorar la productividad de carne y leche a partir de pasturas de mayor rendimiento, sanidad y adaptación ambiental. La información fue difundida por el medio especializado TodoAgro.
Los nuevos cultivares representan un avance dentro de los programas de mejoramiento genético impulsados por el organismo y apuntan a responder a las demandas de productores que buscan mayor eficiencia en la utilización de recursos forrajeros. Según explicaron desde el INTA, estas variedades ofrecen diferencias en sus ciclos de crecimiento y características agronómicas, lo que permite ampliar las alternativas de manejo según las necesidades de cada planteo ganadero.
El raigrás anual tetraploide (Lolium multiflorum) ocupa un lugar estratégico en las cadenas forrajeras intensivas por su elevada capacidad de producción y calidad nutricional. A diferencia de los materiales diploides tradicionales, este tipo de cultivar posee cuatro juegos cromosómicos, una condición genética que favorece el desarrollo de hojas más anchas, incrementa la concentración de carbohidratos solubles y mejora la palatabilidad para el ganado.
Desde el organismo destacaron que el objetivo del programa de investigación fue combinar distintos atributos productivos y sanitarios para generar materiales más competitivos frente a las exigencias actuales del sector agropecuario.
“Estos nuevos cultivares son el resultado de un proceso de mejoramiento sostenido, en el que buscamos combinar alta producción de forraje, buena sanidad y adaptación a diferentes ambientes productivos”, explicó Alejo Re, investigador del INTA Concepción del Uruguay, según consignó TodoAgro.
Por su parte, Mariela Acuña, investigadora del INTA Pergamino, sostuvo que “la variabilidad lograda nos permite hoy ofrecer materiales con distintos ciclos, lo que amplía las opciones de manejo para los productores”.
De acuerdo con los especialistas, cada una de las nuevas variedades fue diseñada para responder a diferentes condiciones de producción y estrategias ganaderas.
Josepedro INTA se caracteriza por tener un ciclo intermedio y una elevada estabilidad productiva en distintos ambientes. Además, presenta una destacada producción de forraje durante el invierno y los primeros meses de primavera, una etapa clave para sostener la alimentación del rodeo.
En tanto, Ñeri INTA posee un ciclo intermedio a corto y sobresale por su muy buena producción invernal, una característica que lo posiciona como una alternativa adecuada para esquemas de utilización más concentrados en el tiempo.
Por otro lado, Apolo INTA fue seleccionado principalmente por su mayor ancho de hoja, un rasgo directamente asociado a una mayor aptitud forrajera. Según indicaron los investigadores, este cultivar está especialmente recomendado para ambientes de alto potencial productivo.
Acuña explicó que “cada uno de estos materiales responde a una necesidad productiva específica, lo que permite seleccionar el cultivar ajustándolo al sistema ganadero y al ambiente donde se implementará”.
Las tres variedades fueron obtenidas mediante un trabajo conjunto entre las estaciones experimentales agropecuarias del INTA de Concepción del Uruguay y Pergamino, en el marco de convenios de investigación, desarrollo y transferencia tecnológica orientados a facilitar la llegada de los cultivares al mercado.
En ese esquema, Josepedro INTA fue licenciado a Barenbrug/Palaversich, Ñeri INTA a Produsem y Apolo INTA a Pemam, empresas vinculadas a la producción y comercialización de semillas forrajeras.
Desde el organismo remarcaron que este tipo de acuerdos permite acelerar la adopción de nuevas tecnologías por parte de los productores y ampliar el acceso a materiales desarrollados en el ámbito público.
El lanzamiento de estas variedades forma parte de una línea de trabajo iniciada a fines de la década de 1990, cuando el INTA comenzó un programa específico de mejoramiento de raigrás enfocado en tres ejes: tolerancia a enfermedades, producción de forraje invernal y capacidad de generación de semilla.
“El desarrollo de estos cultivares se inscribe en una trayectoria que comenzó a fines de los años 90”, señaló Re. Según explicó el investigador, el trabajo acumulado permitió la obtención de distintos materiales tetraploides que lograron una amplia difusión en el sector productivo.
A partir de 2019, el programa de mejoramiento tomó un nuevo impulso con el objetivo de generar cultivares con mayor variabilidad genética y mejor adaptación a diversos ambientes productivos.
Para alcanzar ese objetivo, los investigadores realizaron una policruza entre germoplasma destacado y poblaciones naturalizadas, seguida de varios ciclos de selección destinados a potenciar características específicas vinculadas al rendimiento y comportamiento agronómico.
“Se buscó obtener materiales adaptados a distintos ambientes y con comportamientos diferenciales en cuanto a su ciclo de crecimiento”, indicó Acuña sobre el trabajo desarrollado durante los últimos años.
Con la incorporación de estas nuevas variedades, el INTA busca reforzar su estrategia de desarrollo tecnológico aplicada a la producción ganadera y acompañar las demandas de un sector que requiere mayor eficiencia productiva frente a escenarios climáticos y económicos cada vez más variables.
Además de mejorar la oferta forrajera, los especialistas sostienen que este tipo de innovaciones contribuye a avanzar hacia sistemas ganaderos más sostenibles, con una utilización más eficiente de los recursos y mejores niveles de productividad en distintas regiones del país.