La ganadería argentina registró en mayo un nuevo hito productivo al alcanzar el mayor peso promedio de faena de los últimos 40 años. Según datos analizados por ROSGAN sobre la base de estadísticas oficiales, cada res bovina faenada promedió 239,6 kilos de carcasa, un récord histórico que refleja cambios estructurales en los sistemas de producción. El dato se conoció en un contexto marcado por una menor cantidad de animales enviados a frigorífico y por un fuerte crecimiento de las importaciones de carne bovina provenientes de Brasil, informo AgriTotal.
El récord de peso se produjo durante mayo de 2026, cuando la producción nacional de carne alcanzó aproximadamente 239.800 toneladas equivalente res con hueso, obtenidas a partir de una faena cercana al millón de cabezas. El resultado confirma una tendencia que comenzó a consolidarse durante los últimos meses y que evidencia una modificación en las estrategias productivas adoptadas por los establecimientos ganaderos.
Mientras la oferta de hacienda continúa reduciéndose, los productores optan por prolongar los ciclos de recría y engorde con el objetivo de obtener animales más pesados y mejorar la eficiencia productiva.
El aumento del peso promedio de faena no es un fenómeno aislado. Los registros acumulados entre enero y mayo muestran que el promedio nacional alcanzó 236,2 kilos por res, una cifra que supera ampliamente los valores observados en años anteriores.
Para dimensionar la evolución, basta comparar el dato actual con el registrado durante el mismo período de 2022, cuando el promedio rondaba los 230 kilos por animal.
La diferencia refleja una transformación gradual en la gestión de los rodeos bovinos, impulsada por mejores condiciones climáticas y por señales económicas que alentaron a los productores a retener animales durante más tiempo antes de enviarlos a faena.
De acuerdo con el análisis difundido por ROSGAN, el incremento del peso responde principalmente a la extensión de los procesos de recría y terminación.
Las buenas condiciones forrajeras observadas desde la primavera pasada permitieron sostener esquemas de alimentación más prolongados, favoreciendo la ganancia de peso de los animales.
A ello se sumaron expectativas de mercado que incentivaron una mayor retención de hacienda, especialmente en categorías destinadas a producir cortes de mayor valor.
Aunque el peso individual de los bovinos aumentó, la cantidad de animales faenados continúa mostrando una tendencia descendente.
Durante mayo se procesaron aproximadamente 1,001 millones de cabezas, lo que representa una mejora del 4% respecto de abril, pero una caída del 11,3% frente al mismo mes de 2025.
La retracción también se observa en el acumulado anual.
Entre enero y mayo de este año la faena totalizó 4,94 millones de bovinos, mientras que durante el mismo período del año pasado había alcanzado los 5,48 millones de animales.
La diferencia equivale a una disminución interanual cercana al 10%.
Este comportamiento responde, en parte, a la estrategia de los productores de mantener los animales más tiempo en los establecimientos para lograr mayores pesos de terminación.
El fenómeno resulta particularmente visible en la categoría novillo.
Según los datos relevados por ROSGAN, la cantidad de novillos enviados a frigorífico acumuló una caída cercana al 20% interanual durante los primeros cinco meses del año.
La menor participación de esta categoría refleja justamente la decisión de prolongar los ciclos productivos para maximizar el peso final y mejorar los resultados económicos.
A pesar de la reducción en la faena, la producción de carne logró sostenerse gracias al incremento del peso promedio de los animales.
El crecimiento de la productividad individual compensó parcialmente la menor disponibilidad de hacienda, evitando una caída más pronunciada en el volumen total producido.
Este proceso es observado con atención por analistas y operadores del mercado porque puede tener implicancias tanto en el abastecimiento interno como en la capacidad exportadora del país.
La combinación de menos animales pero más pesados constituye una señal de eficiencia productiva, aunque también refleja una menor oferta ganadera disponible para el mercado.
En ese contexto, las decisiones de los productores adquieren un papel central para determinar la evolución futura de la producción nacional de carne bovina.
Otro de los aspectos destacados por el informe es el crecimiento de las importaciones de carne bovina desde Brasil.
Las estadísticas de la Secretaría de Comercio Exterior brasileña muestran que durante mayo se enviaron hacia Argentina 3.125 toneladas de carne bovina enfriada y congelada, el volumen mensual más elevado registrado hasta el momento.
Con este resultado, las compras acumuladas durante los primeros cinco meses de 2026 alcanzaron las 10.337 toneladas, más del doble de las 5.051 toneladas importadas durante el mismo período del año anterior.
La expansión no solo se observa en los volúmenes.
También se registró una mejora en la calidad de los productos adquiridos.
La participación de carne enfriada, que posee un mayor valor comercial que la congelada, pasó del 4% al 7% del total importado.
Este dato refleja una diversificación en la composición de las compras realizadas por operadores argentinos.
El aumento de las importaciones también tuvo un fuerte impacto económico.
Durante los primeros cinco meses del año, Argentina destinó 44,7 millones de dólares a la compra de carne bovina brasileña.
En igual período de 2025, el desembolso había sido de 19,1 millones de dólares.
La diferencia representa un incremento superior al 130% en términos de valor.
Además, el precio promedio pagado por la mercadería importada también mostró una evolución significativa.
Mientras que durante el año pasado el valor medio rondaba los 3.775 dólares por tonelada, en 2026 ascendió a 4.326 dólares por tonelada, lo que implica una suba interanual cercana al 15%.
La combinación de mayores volúmenes y precios más altos explica el fuerte crecimiento del gasto destinado a importar carne desde el principal socio comercial del Mercosur.
Los datos relevados por ROSGAN permiten observar una ganadería que atraviesa un proceso de transformación productiva.
Por un lado, los establecimientos avanzan hacia sistemas capaces de generar animales más pesados y eficientes, mejorando el rendimiento individual de cada res.
Por otro, la reducción de la faena refleja una menor disponibilidad de hacienda y una estrategia orientada a maximizar el peso final antes de la comercialización.
Al mismo tiempo, el crecimiento de las importaciones brasileñas muestra que el mercado local busca complementar parte de la oferta con carne proveniente del exterior.
La evolución de estas variables será determinante para comprender el comportamiento futuro del sector, tanto en materia de producción como de abastecimiento y comercio.
Mientras los productores continúan apostando por ciclos de engorde más extensos, la ganadería argentina exhibe señales de una nueva etapa en la que la eficiencia productiva, la gestión de los rodeos y la dinámica comercial adquieren una relevancia cada vez mayor para definir el rumbo de una de las actividades más emblemáticas de la economía nacional.