Las importaciones de carne de cerdo alcanzaron en julio un nivel récord para lo que va del siglo XXI, con el ingreso de casi 7.000 toneladas al mercado argentino, en su mayoría provenientes de Brasil. El dato, difundido por el consultor Juan Uccelli y publicado por Bichos de Campo, encendió la preocupación entre los productores porcinos por el efecto que las compras externas podrían tener sobre el precio que reciben por sus animales, en un contexto en el que la producción y el consumo interno también muestran una tendencia de crecimiento.
El volumen importado durante el último mes representa un aumento del 70% interanual y es muy superior al registrado en julio de 2024, cuando habían ingresado unas 400 toneladas. Según los cálculos citados por Uccelli, el incremento alcanza el 1.600% respecto de aquel registro.
La magnitud de las compras externas reabrió una discusión dentro de la cadena porcina: si bien la carne importada representa una proporción relativamente reducida frente a la producción nacional, su presencia puede incidir sobre la formación de precios y modificar las condiciones de comercialización para los criadores argentinos.
Uccelli sostuvo en diálogo con Bichos de Campo que las importaciones representan poco menos del 7% de la producción, pero consideró que ese porcentaje alcanza para generar un efecto sobre el mercado. Según su análisis, el ingreso de producto extranjero reduce el margen para una recuperación del valor que reciben los productores.
Actualmente, de acuerdo con sus estimaciones, el productor percibe entre $2.250 y $2.300 por kilo de cerdo. El consultor calculó que, si el nivel de importaciones fuera menor, el precio podría ubicarse entre $100 y $150 por encima de esos valores.
El planteo surge en un escenario particular para la actividad. Mientras la oferta importada aumenta, la producción argentina también mantiene una trayectoria ascendente y el consumo interno conserva espacio para crecer. Esa combinación genera una situación en la que el sector busca ampliar su capacidad productiva, pero al mismo tiempo enfrenta una mayor competencia de la carne que llega desde el exterior.
El origen de la mayor parte de las compras externas constituye otro de los aspectos destacados del fenómeno. Brasil aparece como el principal proveedor de la carne porcina que ingresó durante julio, consolidando su presencia en el mercado argentino.
El aumento de las importaciones adquiere especial relevancia porque se produce mientras la producción local intenta aprovechar una demanda que, según Uccelli, todavía tiene margen de expansión.
“El dato que manejamos en la consultora es que el consumo es de 25 kilos por habitante al año, y en los próximos años se podría llegar a los 35 kilos”, afirmó el especialista a Bichos de Campo.
La proyección supone un incremento significativo de la demanda potencial. Si el consumo por habitante avanza hacia esos niveles, la cadena tendría un mercado interno más amplio para colocar su producción.
Sin embargo, para aprovechar ese escenario será necesario aumentar la oferta nacional. Allí aparece uno de los principales problemas que identifica el sector: las condiciones para invertir en nuevos establecimientos porcinos.
El crecimiento de la actividad requiere ampliar instalaciones, incorporar tecnología y aumentar la capacidad de producción. Pero, según Uccelli, existe un obstáculo tributario que encarece las inversiones y afecta especialmente a quienes proyectan construir nuevos criaderos.
Uno de los reclamos planteados por el consultor está relacionado con el tratamiento del IVA durante la construcción de establecimientos porcinos.
La construcción de un criadero implica afrontar una alícuota de IVA del 21%, mientras que la comercialización de la carne de cerdo está alcanzada por una tasa del 10,5%. Para Uccelli, esa diferencia genera un saldo técnico que el productor no logra recuperar completamente a través de la venta de su producción.
“El IVA de construcción de un criadero está arriba del 21% y lo que se recupera por la venta de la carne de cerdo es 10,5%, por lo que queda un saldo del 10,5% que se pierde”, explicó a Bichos de Campo.
Desde su perspectiva, ese mecanismo funciona como un costo adicional para quienes buscan ampliar la producción. La consecuencia es que una parte de los recursos destinados a una inversión productiva queda inmovilizada y reduce el atractivo económico de construir nuevas instalaciones.
“Al final, perdés un 10% por un impuesto que no tendría que ser impuesto”, cuestionó Uccelli.
El planteo se suma a otros reclamos del sector agropecuario vinculados con los saldos técnicos de IVA, que generan créditos fiscales cuya recuperación puede resultar compleja para determinadas actividades.
En el caso de la producción porcina, la cuestión adquiere relevancia porque la expansión de la oferta requiere inversiones de capital relativamente importantes. La construcción de galpones, instalaciones de alimentación, sistemas de manejo y otras obras necesarias para aumentar la escala productiva demandan recursos antes de que el establecimiento comience a generar ingresos.
A pesar del aumento de las importaciones, el escenario que describe Uccelli no es exclusivamente negativo para la producción nacional. El consultor considera que existe una oportunidad vinculada con el crecimiento del consumo de carne de cerdo en Argentina.
El consumo actual se ubicaría en torno a 25 kilos por habitante por año, con posibilidades de alcanzar los 35 kilos en los próximos años. De concretarse esa expansión, el mercado interno podría absorber un volumen adicional de producción.
El desafío consiste en que ese crecimiento de la demanda sea acompañado por una mayor oferta local. De lo contrario, una parte creciente del consumo podría ser cubierta mediante importaciones.
Para Uccelli, la producción argentina tiene capacidad para expandirse a un ritmo superior al actual si se modifican algunas de las condiciones que afectan la inversión.
“El año pasado crecimos un 6%. Este año la tendencia puede ser que llegue al 7%. Si se dieran las condiciones, la tasa de crecimiento que podría tener Argentina puede llegar entre el 15 y el 20%”, proyectó en declaraciones a Bichos de Campo.
La diferencia entre el crecimiento actual y el potencial que plantea el consultor muestra el principal punto de la discusión: la cadena porcina podría aumentar significativamente su producción si encuentra condiciones que permitan acelerar las inversiones.
Ese escenario permitiría atender una mayor demanda interna y, eventualmente, reducir la necesidad de recurrir a proveedores externos para abastecer el mercado.
Uno de los efectos que más preocupa a los criadores es el impacto de las importaciones sobre el valor de los animales vendidos en el mercado interno.
La carne importada ingresa como una alternativa adicional para frigoríficos, industrias y comercios. En determinadas categorías y cortes, esa oferta puede ejercer presión sobre los valores locales, especialmente cuando existe una diferencia de costos entre la producción argentina y la de los países proveedores.
Uccelli señaló que el efecto no debe medirse únicamente por la participación de las importaciones sobre el total de la producción. Aunque el volumen externo represente menos del 7%, su incidencia puede ser mayor en determinados segmentos del mercado.
Uno de los ejemplos mencionados es la bondiola, un corte que adquirió una fuerte presencia en el consumo argentino y que, según el especialista, perdió valor respecto de los niveles registrados en otros momentos.
La situación refleja una de las características de la cadena: un volumen relativamente pequeño de producto importado puede tener efectos sobre precios específicos si se concentra en determinados cortes.
Para los productores, una reducción del precio recibido por kilo tiene consecuencias directas sobre la rentabilidad. La estructura de costos de una granja incluye alimentación, sanidad, energía, mano de obra, instalaciones y reposición de reproductores, entre otros componentes. Por eso, una caída en el valor del animal puede reducir rápidamente los márgenes disponibles para sostener o ampliar la actividad.
La discusión no se limita a decidir si las importaciones son altas o bajas. El planteo de los productores y especialistas apunta a determinar cómo compatibilizar el ingreso de carne extranjera con una estrategia de crecimiento de la producción nacional.
La existencia de importaciones puede contribuir al abastecimiento del mercado y ampliar la oferta disponible para los consumidores. Al mismo tiempo, si el volumen aumenta rápidamente, puede reducir el incentivo para realizar inversiones destinadas a incrementar la producción doméstica.
Ese equilibrio se vuelve más relevante frente a las perspectivas de aumento del consumo. Si Argentina avanza hacia los 35 kilos de carne de cerdo por habitante, será necesario contar con una oferta capaz de responder a ese crecimiento.
Para la cadena, el desafío consiste entonces en generar condiciones para que la mayor demanda se traduzca en más producción argentina, en lugar de ser cubierta principalmente mediante compras externas.
La discusión sobre el IVA forma parte de ese debate. Para Uccelli, resolver el problema de los saldos técnicos permitiría liberar recursos y mejorar la ecuación económica de los proyectos de inversión.
También considera necesario observar la evolución de las importaciones y su efecto sobre los precios. El récord registrado en julio representa una señal que el sector seguirá de cerca, especialmente si la tendencia se mantiene durante los próximos meses.
El dato adquiere todavía mayor relevancia por la comparación histórica. Según la información difundida por Bichos de Campo, desde la década de 1990 no se registraba un volumen de ingreso mensual comparable, lo que convierte al registro de julio en un punto de referencia para evaluar el nuevo escenario comercial.
Mientras tanto, los productores enfrentan una doble oportunidad. Por un lado, existe una demanda interna con potencial de crecimiento. Por otro, el sector puede prepararse para una eventual expansión de los mercados internacionales de carne porcina.
Uccelli consideró que Argentina debería aprovechar ese escenario y evitar que las restricciones actuales frenen el desarrollo de la actividad.
“No perdamos la oportunidad que tenemos”, planteó el consultor.
El récord de importaciones, en ese sentido, funciona como una señal de alerta para una cadena que busca crecer. El aumento de la carne proveniente del exterior no necesariamente define por sí mismo el futuro del sector, pero sí pone de relieve una tensión entre el abastecimiento inmediato del mercado y la necesidad de generar condiciones para que la producción porcina nacional pueda expandirse.
La evolución de los precios al productor, el ritmo de las importaciones, el consumo interno y las nuevas inversiones serán los principales indicadores para determinar si Argentina consigue transformar el crecimiento de la demanda en una oportunidad para sus criadores o si una parte cada vez mayor de ese mercado queda en manos de proveedores externos.