La fabricante de maquinaria agrícola Metalfor, con sede en Marcos Juárez, Córdoba, cerró el procedimiento preventivo de crisis en el que había planteado una reducción de alrededor del 70% de su plantilla, que actualmente ronda los 600 trabajadores, mientras enfrenta atrasos salariales, un plan de retiros voluntarios sin fondos suficientes para concretarlo y, según fuentes vinculadas al proceso, dos pedidos de quiebra. La empresa analiza ahora su próximo paso, en un escenario en el que cobra fuerza la posibilidad de una presentación en concurso preventivo.
La información fue publicada por LA NACION, a partir de fuentes vinculadas con la situación de la compañía. El cierre de la instancia administrativa abre una nueva etapa para Metalfor, que deberá definir cómo afrontar sus compromisos financieros y laborales mientras intenta sostener su actividad industrial.
La propuesta de reducción de personal había sido rechazada por la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) durante el procedimiento preventivo de crisis. Concluida esa instancia, la empresa ya no cuenta con ese ámbito de negociación para discutir el esquema general de ajuste que había presentado.
El escenario es particularmente delicado porque, además del tamaño del recorte planteado, la compañía mantiene retrasos en el pago de salarios. Los trabajadores cobran por tramos y con demoras, mientras que el programa de retiros voluntarios continúa vigente, aunque la empresa no tendría actualmente los recursos necesarios para afrontar las indemnizaciones o compensaciones correspondientes.

Fuentes que siguen de cerca el proceso señalaron a LA NACION que Metalfor tendría dos pedidos de quiebra y que la conducción estaría evaluando ingresar en un concurso preventivo. La eventual presentación judicial sería uno de los factores que explican la urgencia de ordenar la estructura de personal antes de avanzar en esa dirección.
El cierre del procedimiento preventivo de crisis no implica, por sí mismo, que la empresa quede automáticamente habilitada para despedir trabajadores invocando las mismas razones de fuerza mayor expuestas durante esa instancia.
Así lo planteó Carlos García, abogado de la UOM, quien explicó que la finalización del trámite administrativo no habilita de manera automática a Metalfor a disponer despidos por fuerza mayor basados en los argumentos utilizados durante el procedimiento.
La posición del gremio agrega un componente laboral a una crisis que también tiene una dimensión financiera. La empresa debe resolver cómo reducir costos, atender las obligaciones pendientes y mantener la producción en un contexto en el que la demanda de maquinaria agrícola no alcanza para absorber su estructura actual, según surge de los antecedentes difundidos sobre la situación.
Hasta el momento, los directivos de Metalfor no realizaron declaraciones públicas sobre la posibilidad de una eventual presentación concursal ni respondieron a las consultas realizadas por LA NACION.
La situación también genera incertidumbre entre los trabajadores, dado que el recorte propuesto alcanzaría a aproximadamente 420 puestos de trabajo si se aplicara sobre una dotación de 600 personas. La cifra representa una reducción sustancial de la capacidad laboral de una compañía que durante décadas tuvo presencia relevante en el mercado de maquinaria agrícola.
Metalfor fue fundada en 1974 por Luis Dadomo en la localidad cordobesa de El Fortín. Casi dos décadas después, en 1993, la compañía trasladó sus operaciones a Marcos Juárez, donde estableció su principal base industrial.
La expansión continuó durante los años siguientes. En 2002 desembarcó en Brasil y, por entonces, incorporó la antigua planta de Araus ubicada en Noetinger, también en Córdoba. Esa instalación es precisamente una de las unidades donde recientemente se produjeron desvinculaciones.
En 2017, Metalfor y sus activos pasaron a manos de Bertotto Boglione, otra empresa metalúrgica de origen cordobés y capitales nacionales.
La compañía desarrolló una especialización en pulverizadoras autopropulsadas, además de otras soluciones vinculadas con la maquinaria agrícola. Su trayectoria estuvo ligada a la expansión de la agricultura argentina y a la creciente incorporación de tecnología para la aplicación de productos en los cultivos.
Sin embargo, durante los últimos años comenzó a enfrentar dificultades financieras que obligaron a modificar su estructura. La situación alcanzó una nueva instancia en 2025, cuando la empresa buscó reforzar su esquema financiero y ordenar el perfil de vencimientos de su deuda.
En ese contexto se incorporó al economista Martín Redrado, quien asumió tareas relacionadas con la reestructuración financiera, la relación con los bancos y el vínculo de la compañía con el mercado.
El problema central estaba asociado a una concentración de deuda en vencimientos de corto plazo, una estructura que incrementaba las necesidades de liquidez y dificultaba el manejo cotidiano de las obligaciones financieras.
Uno de los principales movimientos destinados a aliviar esa situación fue la obtención de un financiamiento internacional por US$50 millones, otorgado por la Corporación Financiera de Desarrollo de los Estados Unidos (DFC).
El crédito, estructurado a ocho años, representó un respaldo importante para la compañía y buscó modificar el perfil de vencimientos que había generado parte de las tensiones financieras.
Según había informado la empresa en aquel momento, se trató del único crédito otorgado por la DFC en todo el mundo durante 2025 y de la primera asistencia de ese organismo a la Argentina en seis años.
La llegada de esos fondos, entre octubre y diciembre de 2025, permitió extender los plazos financieros y sumar recursos a la compañía. Sin embargo, pocos meses después, Metalfor volvió a quedar bajo presión y ahora enfrenta un proceso de ajuste de mucha mayor magnitud.
La evolución muestra la dificultad de transformar una mejora en el perfil de deuda en una solución definitiva cuando persisten problemas operativos, de demanda y de liquidez.
El conflicto laboral tuvo uno de sus episodios más recientes en Noetinger, donde Metalfor desvinculó a 35 trabajadores de su planta.
Las cesantías se produjeron aproximadamente un mes antes del cierre formal del procedimiento preventivo de crisis. Según había informado LA NACION, los empleados habían sido autorizados previamente a asistir a un partido de la selección argentina en el Mundial y luego recibieron la comunicación sobre su desvinculación.
Ese episodio anticipó parte de la discusión que posteriormente se trasladó al procedimiento administrativo: la necesidad de reducir la estructura de costos de la compañía y la oposición del sindicato a un ajuste de semejante magnitud.
El planteo de reducir la dotación en alrededor de 70% amplió considerablemente la escala del conflicto. Si la medida finalmente se concreta en una proporción cercana a la propuesta original, Metalfor quedaría con una estructura de personal muy inferior a la que sostuvo durante los años de mayor expansión.
Por ahora, la alternativa de los retiros voluntarios aparece como una herramienta para disminuir la cantidad de trabajadores sin avanzar necesariamente de inmediato con despidos masivos. El problema es que la propia situación financiera limita la capacidad de la empresa para financiar ese mecanismo.
Con el procedimiento preventivo de crisis concluido, Metalfor ingresa en una etapa en la que las decisiones empresariales y judiciales tendrán un peso creciente.
Una eventual presentación en concurso preventivo permitiría encauzar judicialmente la negociación con los acreedores y establecer un marco para reorganizar los pasivos. Pero, al mismo tiempo, la empresa debería afrontar la continuidad de su actividad y resolver los compromisos laborales que ya se encuentran vencidos.
Los salarios atrasados constituyen uno de los puntos más sensibles. La imposibilidad de mantener los pagos al día agrega presión sobre los trabajadores y sobre la relación con el sindicato, mientras la compañía necesita reducir sus gastos para preservar liquidez.
El antecedente del crédito internacional muestra que Metalfor ya recibió una herramienta financiera de largo plazo para superar parte de sus dificultades. La crisis actual, sin embargo, evidencia que aquel financiamiento no resolvió por completo los problemas estructurales que atraviesa la compañía.
El desenlace dependerá de las próximas decisiones de la conducción, de la posición que adopten los acreedores y del resultado de las negociaciones con la UOM. También será determinante la capacidad de Metalfor para sostener su producción y recuperar ingresos suficientes para financiar una estructura industrial que, por ahora, aparece sobredimensionada frente a sus posibilidades financieras.
La empresa, que durante décadas fue uno de los nombres reconocidos de la maquinaria agrícola argentina, enfrenta así una de las etapas más complejas de su historia. La reducción de personal, los salarios atrasados y la posibilidad de un concurso preventivo se combinan en un escenario que todavía no tiene una resolución definida.