El escenario de alta disponibilidad hídrica que atraviesa buena parte de la región productiva llevó a técnicos del INTA y CREA a recomendar ajustes en el manejo de los cultivos de verano durante una jornada realizada en Marcos Juárez. La medición de la profundidad de las napas, la elección de la fecha de implantación, el manejo nutricional y un monitoreo más preciso de enfermedades y plagas aparecen entre las principales decisiones para la campaña, en un contexto asociado a un posible año “súper Niño”.
El encuentro fue organizado por CREA Sur de Santa Fe y el INTA Marcos Juárez y permitió analizar los resultados de la última campaña y las estrategias que podrían utilizarse ante un escenario con mayor disponibilidad de agua. Los especialistas coincidieron en que el exceso hídrico no elimina los riesgos productivos: los modifica y obliga a adaptar cada planteo a las características particulares de los lotes.
Uno de los principales puntos de atención está debajo de la superficie. Con perfiles cargados de humedad, conocer la profundidad de las napas se vuelve determinante para anticipar posibles anegamientos y problemas de oxigenación de las raíces.
Adrián Rovea, asesor de CREA Teodelina y Ascensión, planteó durante la jornada la necesidad de realizar esa medición antes de definir la estrategia agrícola. Según expresó, “ante un año niño lo primero es medir profundidad de napas. Hace falta saber ahora qué posibilidad hay que mi suelo se encharque o se genere una anoxia”.
El especialista explicó que el funcionamiento del suelo depende de un equilibrio entre agua y aire en sus poros. En condiciones adecuadas, ambos recursos permiten la respiración de las raíces y de los microorganismos. Cuando el agua ocupa los espacios disponibles durante períodos prolongados, la falta de oxígeno puede afectar el desarrollo de los cultivos.
Por eso, Rovea planteó que los lotes con riesgo de anegamiento deberían recibir un manejo defensivo, con decisiones acordes con sus limitaciones. La recomendación adquiere especial importancia en ambientes donde la napa se encuentra cerca de la superficie.
El manejo de los nutrientes constituye otro de los puntos que deberán revisarse. Federico Pagnan, integrante de la AER INTA Justiniano Posse, señaló que los resultados de la campaña anterior reforzaron la importancia de ajustar la fertilización de acuerdo con el potencial productivo de cada ambiente.
“Los datos de la campaña pasada nos dan que es clave el ajuste nutricional por ambiente”, afirmó Pagnan durante la jornada.
El especialista explicó además que la cantidad de nitrógeno necesaria debe guardar relación con el rendimiento que se pretende alcanzar. Para definir ese manejo, recomendó recurrir a muestreos en grilla y mapas de nutrientes, herramientas que permiten identificar diferencias dentro de un mismo establecimiento.
“La demanda de nitrógeno está asociada con el nivel de rendimiento que se aspira a alcanzar en determinado ambiente. Ese manejo por ambiente lo determinamos usando muestreos en grilla y mapeo de nutrientes”, sostuvo.
Los ensayos realizados en la zona también mostraron un elevado potencial productivo. Según los datos presentados por Pagnan, los híbridos de maíz evaluados promediaron 14.500 kilos por hectárea, el registro más alto obtenido hasta ahora por la red en esa región.
Ese resultado refuerza la importancia de definir la nutrición en función del potencial que efectivamente puede expresar cada lote. En un ambiente con buena disponibilidad de agua, una estrategia de fertilización adecuada puede acompañar la capacidad productiva, mientras que en sectores con restricciones físicas o riesgo de anegamiento el planteo debe ser más prudente.
Una vez determinada la fecha de implantación, Pagnan también recomendó diseñar programas específicos para fósforo, azufre y zinc, además de considerar la capacidad de compensación de cada híbrido.
La humedad acumulada está llevando a algunos productores a considerar siembras tempranas. Sin embargo, la recomendación no es uniforme para todos los lotes.
La elección debe contemplar la disponibilidad de agua, la posición de la napa, el riesgo de anegamiento y las características del híbrido o variedad elegida. En otras palabras, un ambiente con buena capacidad de drenaje no necesariamente requiere la misma estrategia que un suelo donde el agua puede permanecer durante períodos prolongados.
La planificación también debe considerar el comportamiento sanitario que podría generar un escenario más húmedo.
Enrique Alberione, especialista de la EEA INTA Marcos Juárez, advirtió que las condiciones previstas podrían favorecer una aparición anticipada de algunas enfermedades. “Estamos planificando la campaña con pronóstico de año ‘súper niño’, por eso es de esperar que haya un establecimiento temprano de estas enfermedades”, señaló.
Entre los problemas sanitarios mencionados aparecen roya común, tizón, mancha blanca, carbón común y carbón de la panoja.
La posibilidad de una aparición más temprana obliga a reforzar el monitoreo y a evitar decisiones basadas únicamente en el calendario. La detección oportuna permite evaluar la evolución de cada enfermedad y definir las intervenciones necesarias de acuerdo con el estado del cultivo.
En soja, los técnicos remarcaron que el contexto productivo tampoco permite adoptar una única estrategia para toda la región.
Gabriel Magnabosco, asesor de CREA María Teresa, explicó que el sur de Santa Fe cuenta con unas 155.000 hectáreas bajo evaluación durante la campaña y destacó que las variedades más sembradas continúan siendo materiales conocidos por los productores.
Sin embargo, la búsqueda de mayores rendimientos exige un análisis más detallado de las condiciones de cada establecimiento. La elección de la variedad debe contemplar no sólo su potencial, sino también su adaptación al ambiente y las herramientas disponibles para manejar las principales restricciones.
Los datos de la Red de Evaluación de Cultivares de Soja (RECSO) y de CREA también reflejaron un proceso de incorporación de nuevos materiales. Entre ellos se encuentran variedades con tecnología Enlist, que comenzaron a ganar espacio como alternativa para enfrentar determinadas problemáticas de malezas.
El proceso de adopción, no obstante, es gradual. Según lo expuesto durante la jornada, los productores suelen evaluar estas variedades durante al menos dos campañas antes de incorporarlas definitivamente a sus planteos.
Ese comportamiento muestra la importancia que tiene la evaluación a campo para reducir riesgos. La incorporación de una nueva genética no depende solamente de su rendimiento potencial, sino de la consistencia que pueda mostrar en diferentes campañas y ambientes.
El panorama de plagas también presentó modificaciones respecto de campañas anteriores.
Emilia Balbi, especialista de la EEA INTA Marcos Juárez, señaló una menor presión de orugas, pero advirtió sobre un incremento en la presencia de chinches.
La diferencia es relevante porque estos insectos pueden afectar directamente el grano y, según lo planteado durante la jornada, cuentan con una menor cantidad de enemigos naturales capaces de limitar sus poblaciones.
Frente a esta situación, los técnicos recomendaron reforzar el monitoreo de los lotes antes de decidir una aplicación. El objetivo es evitar tratamientos reiterados que no estén justificados por el nivel de infestación o por la especie presente.
Los umbrales mencionados durante el encuentro se ubicaron entre 0,6 y 1,7 chinches por metro, dependiendo de las condiciones y del tipo de insecto detectado. Dentro de ese grupo, la chinche de la alfalfa fue identificada como la de mayor capacidad de daño.
La recomendación, por lo tanto, apunta a diferenciar las especies y evaluar el estado del cultivo antes de tomar una decisión de control.
El conjunto de recomendaciones presentado por los especialistas de INTA y CREA muestra que un año con abundante agua no implica necesariamente una campaña sencilla. La disponibilidad hídrica puede favorecer el potencial productivo, pero también incrementar determinados riesgos.
La primera tarea consiste en conocer el estado de cada ambiente. Medir las napas, identificar posibles zonas con riesgo de anegamiento y evaluar la capacidad de drenaje permite definir qué lotes pueden admitir planteos más intensivos y cuáles requieren una estrategia defensiva.
A partir de allí, la fecha de siembra, la elección de materiales y el programa de fertilización pueden ajustarse a las condiciones concretas del establecimiento. En maíz, el potencial productivo observado en los ensayos refuerza la importancia de acompañar un buen escenario hídrico con una nutrición acorde.
En soja, en tanto, el recambio de variedades y el manejo de malezas y plagas requieren seguimiento durante toda la campaña. La menor presencia de orugas no elimina la necesidad de controles, especialmente ante el aumento registrado en las poblaciones de chinches.
El mensaje central de la jornada realizada en Marcos Juárez fue que el ambiente debe ocupar un lugar central en la toma de decisiones. En un escenario más húmedo, anticipar los problemas puede ser tan importante como aprovechar la disponibilidad de agua.
La campaña de verano tendrá así una particularidad: el recurso que en muchos años limita el rendimiento puede presentarse en exceso en determinados lotes. Frente a ese escenario, el desafío será transformar la humedad disponible en productividad sin perder de vista los riesgos que aparecen cuando el agua supera la capacidad de absorción y drenaje del suelo.