Argentina tiene una oportunidad para acelerar su desarrollo tecnológico a partir de una mayor articulación entre empresas, universidades, ciencia y producción, según los planteos realizados por especialistas internacionales durante el XXI Seminario Internacional de Techint, dedicado a los recursos naturales, el desarrollo y las nuevas dinámicas del comercio. El encuentro puso el foco en cómo el país puede aprovechar sus capacidades productivas y científicas para generar mayor valor agregado y fortalecer su posición en sectores estratégicos.
Uno de los expositores fue Leland Miller, fundador y CEO de China Beige Book y especialista en la economía china, quien analizó el avance tecnológico del gigante asiático y los cambios que atraviesa el comercio internacional. Su exposición también planteó un desafío para países como Argentina: encontrar una estrategia propia que permita aprovechar sus recursos y capacidades sin quedar al margen de la transformación tecnológica global.
En ese escenario, el desarrollo de tecnología vinculada a los recursos naturales aparece como una de las principales oportunidades. Argentina cuenta con sectores competitivos como el agro, la energía, la minería y la industria, que pueden funcionar como plataformas para desarrollar soluciones tecnológicas con potencial de exportación.
Miller explicó que China dejó atrás el modelo basado principalmente en productos de bajo valor agregado y avanzó hacia industrias intensivas en capital y tecnología. Entre los sectores priorizados por Beijing se encuentran los semiconductores, la robótica, la industria aeroespacial, los vehículos eléctricos, las energías renovables, la maquinaria agrícola, los nuevos materiales y la biofarmacia.
El proceso representa un desafío para las economías occidentales, pero también abre una oportunidad para países que puedan desarrollar capacidades propias en sectores donde ya cuentan con ventajas productivas.
Para Argentina, una de esas posibilidades está en combinar su base de recursos naturales con conocimiento científico y tecnológico. El país tiene experiencia productiva, universidades, investigadores y empresas capaces de desarrollar soluciones para industrias complejas. El desafío consiste en conectar esas capacidades con mayor intensidad.

En el mismo seminario, Ricardo Hausmann, director del Growth Lab de la Universidad de Harvard, puso el foco precisamente en esa conexión. Según su análisis, Argentina avanzó en distintos indicadores sociales y educativos, pero no logró una convergencia similar en términos de productividad e ingresos frente a las economías desarrolladas.
Para Hausmann, una de las explicaciones está en el rezago tecnológico y en la forma en que se relacionan el Estado, las empresas, las universidades y el sistema científico.
El especialista planteó que Argentina puede modificar esa dinámica si orienta una mayor parte de su investigación hacia la resolución de problemas concretos de la producción. En lugar de separar ciencia, universidad y empresas, propuso fortalecer un modelo en el que las necesidades productivas impulsen nuevas investigaciones, desarrollos y aplicaciones.

El ejemplo utilizado fue Corea del Sur, que avanzó con una estrategia centrada en la investigación aplicada y en la generación de soluciones para sus sectores productivos. Según los datos presentados durante el encuentro, Corea del Sur tiene siete veces más investigadores por millón de habitantes que Argentina, invierte 9,4 veces más de su PBI en investigación y genera 201 veces más patentes por millón.
La comparación también muestra una diferencia en el papel de las empresas. En Corea del Sur, las compañías ocupan los primeros lugares entre los principales generadores de patentes. En Argentina, entre las diez primeras posiciones aparecen empresas como YPF, Y-Tec, Siderca-Tenaris, Bioceres-Indear y Biosidus.
El punto central, entonces, no es solamente aumentar la inversión en ciencia y tecnología, sino conseguir que ese esfuerzo se traduzca en nuevos productos, procesos, empresas y exportaciones.
La discusión adquiere especial relevancia en un país que busca ampliar sus exportaciones y aprovechar el crecimiento de sectores como la energía, la minería y la agroindustria. La incorporación de tecnología puede permitir que una mayor proporción del valor generado quede en el país y, al mismo tiempo, abrir mercados para soluciones desarrolladas localmente.

El desafío planteado por los especialistas también puede convertirse en una oportunidad: Argentina no necesita comenzar desde cero. Cuenta con recursos naturales, talento profesional, universidades, empresas industriales y sectores productivos competitivos sobre los cuales construir una nueva etapa de desarrollo.
La clave será conectar esas capacidades y orientar el conocimiento hacia problemas concretos. De esa manera, la tecnología puede dejar de ser solamente una herramienta para mejorar la producción existente y convertirse en una nueva fuente de inversión, empleo calificado, innovación y exportaciones.
Según informó Infobae, las exposiciones de Miller y Hausmann coincidieron en señalar que la transformación tecnológica global ya está modificando las reglas de competencia. Para Argentina, esa transformación también puede representar una oportunidad para pasar de exportar principalmente recursos y productos a desarrollar conocimiento y tecnología asociados a sus propias ventajas productivas.