Ecosistemas Agrícolas / Control de Plagas

Cotorras en el campo: el problema que puede generar pérdidas de hasta 40% y una alternativa para alejarlas

Una invasión en un establecimiento de Formosa volvió a exponer el impacto de estas aves en cultivos, feedlots y corrales.

Cotorras en el campo: el problema que puede generar pérdidas de hasta 40% y una alternativa para alejarlas
viernes 11 de septiembre de 2026 - 09:15

Cientos de cotorras se concentraron sobre un silo de maíz y los comederos de un corral de recría en un establecimiento ganadero de Formosa, en un episodio que volvió a poner en evidencia un problema que afecta a productores agrícolas y ganaderos del norte argentino. El caso, registrado en septiembre, expone los daños que pueden provocar estas aves sobre los alimentos destinados al ganado y se suma a antecedentes de pérdidas de hasta 40% de la producción en cultivos, de acuerdo con información difundida por Agrofy News.

Cotorras en el campo: el problema que puede generar pérdidas de hasta 40% y una alternativa para alejarlas

La presencia de cotorras y palomas representa una preocupación recurrente en distintas regiones productivas. En agricultura, los ataques pueden afectar principalmente a lotes de maíz y girasol, mientras que en establecimientos ganaderos el impacto se concentra en la disponibilidad de alimento y en las instalaciones utilizadas para alimentar y abastecer de agua a los animales.

El episodio ocurrido en Formosa permite dimensionar una problemática que no necesariamente queda limitada al daño directo sobre los cultivos. Cuando las poblaciones de aves se concentran en corrales, silos o comederos, también pueden generar pérdidas por consumo de raciones y obligar a los productores a implementar medidas específicas para reducir su presencia.

El impacto sobre los cultivos

Según explicó el ingeniero agrónomo Rubén del Fabro a Agrofy News, los ataques de cotorras y palomas se observan especialmente en maíz y girasol en zonas del norte de Santa Fe y Chaco.

La magnitud del daño puede variar según las condiciones de cada establecimiento y la disponibilidad de alimento. De acuerdo con los casos relevados por el especialista, se registraron situaciones en las que las aves llegaron a provocar pérdidas de hasta 40% de la producción.

Uno de los factores que incide en la distribución del daño es la ubicación de las poblaciones dentro del lote. Del Fabro señaló que los ataques suelen comenzar o concentrarse en las cabeceras, aunque las aves pueden desplazarse posteriormente hacia sectores más internos.

El comportamiento está condicionado, entre otros factores, por el estado del cultivo y por la cantidad de alimento disponible. Por ese motivo, la presión que ejercen las aves puede modificarse durante las distintas etapas productivas.

La problemática adquiere mayor relevancia en aquellos cultivos en los que los daños se producen sobre estructuras directamente vinculadas con la formación o disponibilidad del grano. En esos casos, la presencia de grandes cantidades de aves puede traducirse en una disminución concreta del volumen cosechable.

Pero el impacto económico no se limita a lo que ocurre dentro del lote. El productor también puede enfrentar costos adicionales asociados con la necesidad de monitorear los cultivos, implementar mecanismos de disuasión y repetir las estrategias de control durante diferentes momentos de la campaña.

Un problema que también alcanza a la ganadería

En los sistemas ganaderos intensivos, como los feedlots y corrales de recría, la situación adquiere otras características. Allí, las cotorras pueden concentrarse alrededor de los lugares donde encuentran alimento y agua.

El episodio registrado en Formosa muestra precisamente esa dinámica. Las aves se instalaron sobre un silo puente de planta entera de maíz y sobre los comederos de un corral de recría, dos puntos vinculados directamente con la alimentación de los animales.

La disponibilidad permanente de raciones puede convertir a estos establecimientos en sitios de atracción para las aves. Una vez identificadas las fuentes de alimento y agua, las poblaciones pueden concentrarse en esos espacios y generar un problema operativo para el establecimiento.

Además del consumo de parte de la ración, la presencia masiva de aves puede afectar los sectores destinados a la alimentación y el suministro de agua. Por esa razón, el control no apunta solamente a evitar que las cotorras permanezcan sobre los comederos, sino a modificar las condiciones que favorecen su permanencia en el establecimiento.

La situación también plantea un desafío para los productores: encontrar mecanismos que permitan reducir los daños sin trasladar el problema hacia otro sector del campo.

Una alternativa basada en aves rapaces

Frente a esta problemática, comenzaron a desarrollarse estrategias de control biológico mediante aves rapaces. Una de las experiencias mencionadas por Agrofy News corresponde a Ecoraptor, una iniciativa que trabaja en Santa Fe con gavilanes para desplazar poblaciones de cotorras y palomas.

Su titular, Gonzalo Vitale, explicó al medio que la propuesta utiliza el comportamiento natural de las aves rapaces para modificar los hábitos de las especies que generan daños.

El procedimiento comienza con un análisis de la colonia. El objetivo es determinar cuáles son los lugares que las aves utilizan para alimentarse, beber y descansar. A partir de esa información se establecen los puntos en los que se puede intervenir.

Una de las particularidades del método es que el sitio donde se encuentran las cotorras alimentándose no necesariamente es el lugar más conveniente para realizar la intervención. Si la colonia utiliza otro espacio para descansar, ese sector puede convertirse en el punto estratégico para generar el desplazamiento.

La lógica consiste en aprovechar la presencia de un depredador natural para modificar el comportamiento de las aves y hacer que abandonen los espacios donde generan conflictos con la producción.

Según los antecedentes mencionados por Ecoraptor, hubo establecimientos en los que las pérdidas alcanzaron hasta 35% de un lote, una cifra que refleja el impacto potencial que puede tener una población elevada de estas aves sobre la producción.

La importancia del monitoreo

El caso de Formosa vuelve a colocar el problema en la agenda productiva porque muestra que la presencia de cotorras no constituye únicamente una cuestión vinculada con los cultivos. La disponibilidad de alimento en sistemas ganaderos también puede generar concentraciones importantes.

Para los productores, una de las claves pasa por identificar de manera temprana los sitios donde las aves encuentran condiciones favorables. En el caso de los cultivos, esto implica observar especialmente las cabeceras y aquellos sectores donde comienzan a registrarse daños.

En establecimientos ganaderos, el seguimiento puede enfocarse en comederos, silos, bebederos y otros puntos de concentración. Detectar los patrones de comportamiento permite establecer con mayor precisión dónde intervenir.

La información aportada por Del Fabro y Vitale muestra que no existe un único escenario para el problema. La intensidad de los ataques depende de factores vinculados con la disponibilidad de alimento, las características del cultivo o establecimiento y los hábitos de las poblaciones.

En ese contexto, las alternativas de control buscan reducir el impacto sobre la producción y evitar que la presencia de las aves se convierta en un problema permanente. El uso de rapaces aparece como una estrategia basada en el comportamiento natural de las especies, mientras que el monitoreo permite definir dónde y cuándo actuar.

La invasión registrada en el establecimiento de Formosa funciona así como una muestra visible de un fenómeno que también afecta a otras zonas productivas. Con antecedentes de pérdidas de hasta 40% en cultivos y casos de daños significativos en sistemas ganaderos, las cotorras y palomas representan un desafío que combina aspectos productivos, económicos y de manejo.

Mientras los productores continúan buscando herramientas para reducir sus efectos, las experiencias con aves rapaces plantean una alternativa de control que apunta a desplazar las poblaciones de las zonas de conflicto, en lugar de concentrarse exclusivamente en el daño una vez producido.

 

 

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