Un relevamiento realizado por especialistas del INTA Concepción del Uruguay detectó daños compatibles con la presencia de la mosca minadora Phytomyza rufipes en lotes de colza y carinata de Entre Ríos, principalmente en establecimientos ubicados sobre la costa del río Uruguay. El hallazgo fue informado el 5 de septiembre de 2026 por AgriTotal, que detalló que la identificación morfológica de larvas y adultos coincide con las características de la especie, aunque la confirmación mediante análisis molecular todavía está en proceso. El dato encendió una alerta para los cultivos de invierno porque, por el momento, no existen productos fitosanitarios registrados en Argentina específicamente para esta plaga ni umbrales de acción definidos.
El trabajo fue liderado por el ingeniero agrónomo Eduardo Romani, del INTA Concepción del Uruguay, y forma parte de los relevamientos realizados a partir de la aparición de la mosca minadora o barrenadora en Uruguay. La situación generó interés regional debido a la posibilidad de que el insecto también esté presente en áreas productivas entrerrianas.
Los primeros registros se concentran en el departamento Uruguay, aunque también se detectaron casos en Victoria. La mayor presión aparece en lotes próximos al río Uruguay, mientras que hacia el oeste de la provincia, en localidades como Sauce Luna, Villaguay y María Grande, la incidencia observada sería menor.
La identificación definitiva será determinante para establecer con precisión qué especie está involucrada y dimensionar su distribución. Mientras se aguarda ese resultado, los especialistas recomiendan fortalecer el monitoreo de los lotes, sobre todo durante la implantación y las primeras etapas vegetativas de la colza y la carinata.
Los síntomas registrados se concentran principalmente en las hojas basales de las plantas. Allí aparecen galerías producidas por las larvas dentro de los tejidos, con recorridos que pueden extenderse desde la lámina foliar hacia las nervaduras y los pecíolos.
El ciclo comienza cuando los adultos colocan los huevos en el mesófilo de las hojas. Luego, las larvas permanecen en el interior de los tejidos vegetales y se alimentan de ellos. A medida que avanzan, las galerías pueden alcanzar la nervadura central y posteriormente los pecíolos.
En determinadas situaciones, el daño puede continuar hacia los tallos, donde se observan signos compatibles con el barrenado. La consecuencia visible es la pérdida de tejido vegetal, acompañada por decoloración y amarillamiento de las hojas.
La intensidad del impacto no depende únicamente de la presencia del insecto. También resulta determinante el momento del ataque. De acuerdo con las observaciones difundidas por AgriTotal, una infestación durante las primeras etapas del cultivo puede generar consecuencias mayores sobre el desarrollo y el rendimiento final.
Otro aspecto señalado por los especialistas es que el daño sobre los tejidos vegetales puede incrementar la vulnerabilidad de las plantas frente a las heladas, especialmente cuando los cultivos todavía se encuentran en fases tempranas de desarrollo.
Los lotes actualmente relevados presentan estadios avanzados, entre floración y desarrollo de silicuas, y los principales síntomas se ubican en las estructuras inferiores de las plantas.
Las características del insecto hacen que su detección no sea sencilla. Según las observaciones realizadas durante los relevamientos, las larvas presentan una coloración blanquecina, mientras que los adultos son de tamaño reducido, incluso menores que la chicharrita del maíz.
Entre los rasgos morfológicos observados aparece una cabeza casi completamente amarilla, junto con tonalidades similares en sectores de las pleuras y en las patas. También fueron encontrados adultos compatibles con Phytomyza rufipes en los mismos lotes donde se identificaron las larvas dentro de las nervaduras y los pecíolos.
Sin embargo, estos rasgos no alcanzan todavía para establecer una confirmación definitiva. El análisis morfológico orienta hacia la especie, pero los investigadores aguardan el resultado molecular para completar la identificación.
Esa instancia es particularmente importante porque permitirá diferenciar con mayor precisión la especie involucrada y establecer una base confiable para futuros estudios sobre distribución, comportamiento y manejo.
Hasta el momento, los mayores niveles de afectación se localizaron en establecimientos próximos a la costa del río Uruguay. También se registraron síntomas en el departamento Victoria, aunque con una incidencia considerablemente inferior.
En cambio, los relevamientos realizados hacia el oeste entrerriano encontraron una presión menor. Entre las localidades mencionadas aparecen Sauce Luna, Villaguay y María Grande, donde la presencia de daños asociados al insecto sería menos significativa.
La distribución geográfica constituye uno de los principales puntos de interés para los investigadores. El objetivo es determinar si se trata de focos puntuales o si la especie presenta una presencia más extendida en los cultivos de invierno de la región.
La aparición de daños en Entre Ríos ocurre luego de que la presencia de una mosca minadora o barrenadora en Uruguay generara preocupación en la región. El seguimiento permitirá establecer si existe una relación entre ambos fenómenos y cuál es el alcance real de la problemática.
Por ahora, los especialistas mantienen una postura de cautela. El hallazgo es una señal para aumentar la vigilancia, pero la falta de confirmación molecular impide presentar el registro como una identificación definitiva de Phytomyza rufipes.
Uno de los principales desafíos para los productores es que actualmente no existen productos fitosanitarios registrados en Argentina para controlar específicamente esta plaga. Tampoco se encuentran establecidos umbrales de acción que permitan determinar cuándo una población justifica una intervención.
Esta situación modifica la estrategia de manejo. En lugar de contar con un protocolo de control establecido, la primera herramienta disponible es el monitoreo sistemático.
Los especialistas recomiendan observar los cultivos desde las primeras etapas y prestar atención a síntomas como galerías, amarillamiento, pérdida de tejido y daños sobre nervaduras y pecíolos. La detección temprana puede aportar información valiosa para determinar la evolución de los focos.
También se planteó la posibilidad de complementar las observaciones con trampas cromáticas adhesivas, que pueden contribuir al seguimiento de la presencia de adultos.
Otro factor considerado es el clima. Las observaciones realizadas hasta ahora indican que las precipitaciones elevadas pueden afectar negativamente a la población larval, debido a su incidencia sobre la población adulta.
La alerta tiene especial importancia porque la colza y la carinata ocupan un lugar creciente dentro de las rotaciones agrícolas de invierno de la región. Ambos cultivos aportan alternativas para diversificar los esquemas productivos y ampliar las posibilidades comerciales de los establecimientos.
Por eso, la aparición de una problemática sanitaria compatible con una especie cuya presencia todavía está bajo investigación representa un nuevo factor que productores y técnicos deberán incorporar al seguimiento de los lotes.
El desafío no se limita a establecer si el insecto está presente. También será necesario determinar qué nivel de daño puede generar, en qué condiciones aumenta su incidencia y cuáles son las herramientas de manejo más efectivas.
Esos interrogantes todavía no tienen una respuesta definitiva. La información disponible permite identificar síntomas y establecer una hipótesis sobre la especie involucrada, pero el análisis molecular será clave para confirmar el diagnóstico.
Mientras se espera la confirmación de laboratorio, la recomendación central es reforzar el monitoreo. Los técnicos buscan determinar hasta dónde llega la distribución de los daños y cuál es su impacto concreto sobre el rendimiento de los cultivos.
Para los productores, la principal medida disponible consiste en recorrer los lotes, detectar síntomas en forma temprana y registrar su evolución. La información obtenida en esta etapa también será relevante para desarrollar futuras estrategias de manejo si la presencia de Phytomyza rufipes queda confirmada.
El caso entrerriano muestra la importancia de mantener bajo observación a los cultivos de invierno frente a la aparición de nuevas problemáticas sanitarias. La presencia de daños compatibles con una mosca minadora en zonas cercanas al río Uruguay suma un nuevo elemento a la vigilancia regional, aunque todavía no permite establecer la dimensión definitiva del fenómeno.
El próximo paso será conocer los resultados del análisis molecular y ampliar los relevamientos. A partir de allí podrá determinarse con mayor precisión la identidad del insecto, su distribución y la importancia productiva de los daños.
Hasta entonces, el monitoreo temprano se mantiene como la principal herramienta para anticipar una eventual expansión y generar información que permita diseñar estrategias de control adecuadas para la colza y la carinata en Entre Ríos.