Brasil y Estados Unidos preparan una reunión presencial para negociar los aranceles aplicados por la administración de Donald Trump a productos brasileños, en un intento por destrabar una disputa que enfrenta a ambos gobiernos por comercio y condiciones de acceso a mercados. El encuentro está previsto para el 30 de septiembre y el 1 de octubre en Milwaukee, durante la reunión ministerial de Comercio del G20 y a pocos días de las elecciones presidenciales de Brasil, según informó Infobae.
La expectativa es que funcionarios de alto nivel de ambos países aprovechen la cumbre para avanzar en las conversaciones iniciadas después de la entrada en vigencia de los nuevos gravámenes.
El ministro brasileño de Industria y Comercio, Márcio Elias Rosa, confirmó la intención de mantener el encuentro con representantes de Washington. “Tanto nosotros como la USTR esperamos celebrar allí una reunión presencial”, afirmó en referencia a la Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos.
La delegación brasileña estará integrada por Elias Rosa y el canciller Mauro Vieira, quienes buscarán reunirse con el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer. Los equipos técnicos ya mantienen contactos, aunque hasta el momento no lograron alcanzar un entendimiento sobre los aranceles.
La discusión tiene como eje los recargos establecidos por Estados Unidos sobre determinados productos brasileños. Washington aplicó dos niveles de gravámenes: uno del 12,5%, asociado a una investigación sobre posibles casos de trabajo forzoso en cadenas de suministro, y otro del 25%, relacionado con acusaciones de prácticas comerciales consideradas desleales.
Entre los cuestionamientos de la administración estadounidense aparecen el funcionamiento del sistema brasileño de pagos instantáneos PIX, las condiciones de acceso a sectores como automóviles y combustibles, la protección de la propiedad intelectual, las políticas anticorrupción y las medidas contra la deforestación ilegal.
La aplicación de las tarifas, sin embargo, no comprende a toda la oferta exportadora de Brasil. Alrededor de 2.100 productos quedaron excluidos de la tasa adicional, entre ellos café, carne, petróleo, jugo de naranja, componentes para la industria aeronáutica y tierras raras.
El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva rechaza los fundamentos utilizados por Washington y considera que determinadas cuestiones planteadas por Estados Unidos corresponden a decisiones internas de Brasil.
Uno de los principales puntos de desacuerdo es PIX. Brasil sostiene que el funcionamiento de su sistema de pagos forma parte de sus políticas soberanas y rechaza incorporarlo como una concesión dentro de las negociaciones comerciales.
Pese a esas diferencias, Brasilia mantuvo abiertos los canales diplomáticos para intentar alcanzar un entendimiento. Al mismo tiempo, avanzó con los procedimientos necesarios para eventualmente responder mediante medidas de reciprocidad a los aranceles estadounidenses, calificados por las autoridades brasileñas como “inaceptables”.
El calendario agrega un componente político a las conversaciones. La reunión del G20 tendrá lugar apenas unos días antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas del 4 de octubre.
Lula buscará la reelección en una contienda en la que también aparece como una figura relevante el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. La familia Bolsonaro mantiene una relación política cercana con Trump, lo que agrega sensibilidad al escenario bilateral.
El encuentro presencial estará precedido por una serie de contactos diplomáticos. Según informó Infobae, el 31 de agosto Mauro Vieira y Márcio Elias Rosa mantuvieron una videoconferencia con Jamieson Greer, después de una conversación telefónica entre Lula y Trump realizada el 21 de agosto.
Durante ese contacto, ambos presidentes acordaron reactivar las conversaciones comerciales con el objetivo de alcanzar una “solución negociada”.
La reunión de Milwaukee será, por lo tanto, una nueva oportunidad para determinar si Brasil y Estados Unidos pueden acercar posiciones. El desafío será encontrar una salida para los aranceles sin trasladar la negociación hacia asuntos que Brasil considera vinculados con su soberanía y sus políticas internas.
El resultado tendrá impacto sobre una de las relaciones comerciales más importantes de América y será seguido especialmente por los sectores brasileños afectados por los nuevos gravámenes. Para ambos gobiernos, el encuentro también pondrá a prueba la posibilidad de separar las diferencias políticas de la negociación económica y comercial.