L
as adecuadas condiciones hídricas, con pronósticos favorables y relaciones insumo-producto positivas, incentivan la aplicación de fertilizantes en planteos ganaderos. Así lo afirma María Alejandra Marino, docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP), quien comenta que también hay otros aspectos relevantes del uso balanceado y estratégico de nutrientes sobre la eficiencia de uso del agua, el secuestro de carbono, el control de malezas y la mejora de la salud del suelo en los sistemas agropecuarios.
“Los escenarios futuros exigen sistemas alimentarios sustentables y sanos. En los últimos cinco años, la Argentina ha cuadruplicado sus exportaciones de carne aprovechando los servicios productivos, socioeconómicos y ambientales brindados por alrededor de 175 millones de hectáreas forrajeras, que incluyen 15 millones de hectáreas de forrajeras cultivadas. Sus niveles productivos son altamente variables, aunque en general los sistemas ganaderos presentan aspectos mejorables en el uso de los recursos ambientales”, resalta Marino, y arroja la interrogante: “¿Se puede incrementar la producción forrajera de manera sustentable?”
“Las forrajeras templadas de la región pampeana podrían producir, anualmente, entre 10 y 20 toneladas de materia seca por hectárea (t MS/ha) de forraje de calidad, pero lo usualmente logrado representa solo el 30% al 50% de esos valores. Esto puede atribuirse a deficiencias en la siembra, en el aporte de nutrientes y el manejo del pastoreo”, responde la especialista. “Buenas prácticas de manejo del pasto y presupuestación forrajera deben ser las bases para planificar estrategias racionales de fertilización en cadenas forrajeras”, agrega.
“Las forrajeras templadas requieren de dos a tres kg de fósforo y de 20 a 30 kg de nitrógeno (N) por cada tonelada de forraje. Altas producciones de forraje –15 a 20 t MS/ha/año– tienen demandas que difícilmente sean satisfechas con el aporte nativo que pueda realizar el suelo. Las leguminosas tienen la capacidad de abastecerse de nitrógeno a través de la fijación simbiótica, pero el proceso es dependiente del contenido de fósforo en las plantas”, explica Marino.
De acuerdo con la experta, en pasturas y verdeos es reconocido el efecto positivo del fósforo para establecer los cimientos en la producción de forraje. No obstante, el rendimiento logrado y la velocidad del rebrote dependen de la disponibilidad de nitrógeno.
“El invierno 2020 se presenta con adecuadas u óptimas reservas hídricas en los suelos de la región, lo que favorecería la eficiencia de uso de los fertilizantes (kg pasto producido/kg fertilizante aplicado). En el período que va desde otoño a inicio de primavera, con temperaturas medias del aire de 10°C a 20°C, las respuestas al agregado de N serían de 15 a 30 kg MS/kg según recurso forrajero y ambiente. Esto equivale a entre uno y dos kg de carne o entre 15 y 30 litros de leche por kg de nitrógeno aplicado”, describe.
Considerando el valor actual de fertilizantes y de productos, Marino asegura que se requieren aproximadamente “dos kg carne o siete litros de leche para pagar un kg de fósforo, y 0,7 kg carne o 2,7 litros de leche para pagar un kg de nitrógeno. Asimismo, se debería poner en valor el impacto del agregado de N a fines del invierno para adelantar la primavera”.