En mayo se dará inicio a un nuevo ciclo de siembras de trigo, puntapié inicial de una cosecha de cuyo éxito dependerá no sólo una rápida salida a la peor campaña en dos décadas para la cadena agroindustrial sino también la recuperación de una mayor holgura en el balance externo argentino de cara al 2024.
Si bien la necesidad económica alienta la intención del productor de sembrar trigo, desde la Bolsa de Comercio de Rosario destacan que son tres desafíos los que hoy se presentan como potenciales limitantes: la reserva de humedad en el suelo, el financiamiento que permita asegurar el paquete tecnológico que el cultivo requiere para expresar su máximo potencial de rendimiento y la disponibilidad de semilla en cantidad y calidad suficiente.
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