La startup argentina Alkemio, fundada en 2023 y con sede en Buenos Aires, cerró una ronda de inversión de u$s2 millones para escalar su tecnología de refinamiento de tierras raras, un insumo crítico dominado por China. El objetivo es producir estos minerales de forma local, más eficiente y sustentable, en un contexto de creciente demanda global.
La compañía, creada por Federico Pereyra Bonnet, Lorena Molina Calderon y Ailín Svagzdys, incorporó recientemente como CEO a Ángel Centeno. La inversión fue liderada por fondos internacionales como VU Venture Partners, Dalus Capital y Amplifica Capital, junto a actores regionales como GRIDX y Dragones Venture Partners.
El foco del proyecto está en las tierras raras, minerales clave para la fabricación de imanes permanentes, utilizados en tecnologías estratégicas como vehículos eléctricos, turbinas eólicas, centros de datos de inteligencia artificial y aplicaciones médicas.
Actualmente, China concentra el 60% de la producción mundial y el 91% del refinado, lo que genera preocupación en Occidente por la dependencia en la cadena de suministro. Este escenario se agravó tras restricciones a exportaciones que impactaron en industrias globales.
En ese contexto, Alkemio propone una alternativa tecnológica basada en unidades modulares de refinamiento, que permiten procesar minerales directamente en origen. Su sistema combina lixiviación con ácidos orgánicos y separación selectiva en condiciones acuosas, evitando el uso de solventes contaminantes.
Según explicó Svagzdys, el proceso logra reducir hasta un 80% el gasto de capital y un 20% los costos operativos, además de disminuir significativamente los residuos. A diferencia de los métodos tradicionales, que generan desechos tóxicos y relaves radiactivos, la propuesta apunta a una producción más limpia.
El desarrollo inicial está enfocado en óxidos de disprosio, con planes de expandirse a otros elementos como neodimio, praseodimio y terbio, todos fundamentales para imanes de alto rendimiento.
La demanda global de estos materiales crece de forma sostenida: se duplicó desde 2015 y podría aumentar un tercio adicional hacia 2030. Este crecimiento está impulsado por la electrificación, la transición energética y el avance tecnológico.
En paralelo, distintos países buscan diversificar el abastecimiento fuera de China. Se proyecta que la capacidad minera global supere las 50.000 toneladas hacia 2035, con protagonismo de países como Estados Unidos, Australia y Brasil.
Alkemio ya trabaja con 15 socios internacionales, incluyendo empresas mineras, recicladoras y operadores industriales. Cuenta con seis cartas de intención firmadas y múltiples pruebas de concepto en curso, lo que valida el interés del mercado.
El modelo de negocio combinará licencias tecnológicas, venta de módulos y generación de ingresos recurrentes, mientras la empresa avanza hacia un primer módulo comercial en los próximos dos años.
A mediano plazo, el plan incluye operar centros propios de reciclaje y recuperación de minerales, apuntando a capturar mayor valor en la cadena global.
Desde los inversores, el respaldo se apoya en el potencial estratégico. “Alkemio ofrece una solución disruptiva: una tecnología modular, sustentable y de bajo costo que permite refinar directamente en la mina”, señaló Rogelio de los Santos, de Dalus Capital.
En la misma línea, Maaike Doyer, de Epic Angels, destacó que el próximo paso clave es validar la tecnología a escala comercial: “Una vez que se complete esa validación, el camino hacia la implementación global será muy claro”.
El desafío de fondo es escalar rápido en un contexto geopolítico favorable. Como sintetizó Martín Teubal, de Dragones Venture Partners: “Alkemio no es sólo una startup de materiales. Debería ser considerada como una infraestructura crítica para la soberanía tecnológica de Occidente”.