La situación actual del sistema financiero argentino muestra señales de estabilización, aunque todavía enfrenta desafíos estructurales que condicionan la recuperación económica. En un encuentro que reunió a referentes de la banca y del mercado financiero, los principales ejecutivos del sector analizaron la evolución de la morosidad, las perspectivas del crédito, la necesidad de fortalecer el financiamiento de largo plazo y el papel creciente de la tecnología en la transformación del negocio bancario.
Del panel participaron Facundo Gómez Minujin, CEO regional de J.P. Morgan; Gustavo “Paco” Manriquez, CEO de Banco Supervielle; y Ariel Sigal, chairman de Grupo BIND, quienes coincidieron en que la economía atraviesa una etapa de transición: con algunas variables financieras más ordenadas, pero todavía con factores que generan incertidumbre sobre el ritmo de recuperación.
Uno de los principales ejes fue el deterioro en la calidad de los préstamos y el impacto de la mora sobre empresas y familias. Desde las entidades financieras reconocen que la situación continúa siendo delicada y obliga a desarrollar estrategias para evitar un mayor deterioro.

Manriquez explicó que gran parte del sistema trabaja actualmente en mecanismos de refinanciación para aliviar la situación de clientes que enfrentan dificultades de pago. Según señaló, el incremento de los niveles de endeudamiento afecta tanto a las PyMEs como a personas particulares y todavía resulta complejo revertir esa tendencia.
El ejecutivo sostuvo que el fenómeno no responde a problemas específicos de una entidad sino a una situación más amplia, vinculada al contexto económico general y al proceso de adaptación posterior a los cambios registrados en los últimos meses.
En ese escenario, la evolución de las tasas de interés aparece como una variable central para determinar el ritmo de recuperación del sistema financiero y de la actividad económica.
Los bancos consideran que un esquema de tasas más estables podría generar mejores condiciones para refinanciar deudas, aliviar la carga financiera sobre las empresas y recuperar el dinamismo del crédito productivo.
La expectativa del sector es que la estabilización monetaria genere mayor previsibilidad y permita reconstruir progresivamente la capacidad de financiamiento.

Desde la mirada internacional, Gómez Minujin consideró que comenzaron a aparecer indicadores asociados a una mayor estabilidad macroeconómica y financiera.
El ejecutivo destacó que durante el último año varias compañías argentinas lograron mantener acceso a los mercados internacionales a través de emisiones de deuda y mecanismos de financiamiento externo.
Ese comportamiento permitió sostener ingresos de divisas y evidenció, según explicó, que parte del sector privado conserva capacidad para generar confianza entre los inversores internacionales.
Uno de los puntos más llamativos del análisis estuvo relacionado con una particularidad histórica de la economía argentina: empresas privadas que acceden a financiamiento en condiciones más favorables que el propio Estado nacional.
La explicación, según indicó, se relaciona con los antecedentes de cumplimiento financiero construidos por muchas compañías a lo largo del tiempo.
Otro de los indicadores observados fue el riesgo país, que continúa siendo uno de los principales termómetros utilizados por los mercados para medir la percepción sobre la economía argentina.
Los ejecutivos señalaron que la trayectoria histórica de incumplimientos y las tensiones políticas siguen teniendo impacto sobre ese indicador, aunque consideran que podría observarse una mejora gradual si se consolida la estabilidad económica.

La transformación digital también ocupó un lugar importante durante el encuentro.
Sigal destacó el crecimiento del ecosistema fintech y su impacto sobre la expansión de la bancarización, un proceso que modificó profundamente el acceso a servicios financieros en los últimos años.
El empresario consideró que las nuevas plataformas tecnológicas ampliaron el ingreso de usuarios al sistema y ayudaron a acelerar procesos que antes dependían exclusivamente de la estructura bancaria tradicional.
Además, sostuvo que las diferencias entre bancos y fintech comenzaron a reducirse progresivamente y que la tecnología pasó a convertirse en el principal canal de interacción con los clientes.
Dentro de ese proceso, la incorporación de inteligencia artificial, herramientas de automatización y análisis de datos aparece como uno de los factores que podrían redefinir el funcionamiento del negocio financiero durante los próximos años.
Otro de los temas centrales del debate fue el desarrollo del crédito hipotecario, considerado una pieza clave para profundizar el mercado financiero local.
Los participantes señalaron que uno de los principales problemas continúa siendo la ausencia de mecanismos de fondeo de largo plazo capaces de sostener préstamos extensos en el tiempo.
La estructura financiera argentina continúa apoyándose principalmente en depósitos de corto plazo, una situación que limita la capacidad de generar instrumentos destinados a financiar proyectos a varios años.
En ese contexto, también surgió el debate sobre el desarrollo del mercado de capitales y las herramientas necesarias para ampliar las fuentes de financiamiento.
Los referentes coincidieron además en que el escenario político y económico tendrá una influencia determinante durante los próximos años, especialmente en un contexto donde la estabilidad continúa siendo un activo central para consolidar expectativas positivas.
La conclusión compartida fue que la recuperación del crédito, el fortalecimiento del sistema financiero y la creación de nuevas fuentes de inversión dependerán menos de medidas puntuales y más de la capacidad de sostener reglas estables y previsibles. Un análisis que fue abordado durante el encuentro económico organizado por Forbes.