Estados Unidos mantendrá los aranceles a las importaciones provenientes de México y Canadá mientras avanza la renegociación del T-MEC, en el marco de una estrategia comercial que busca redefinir las reglas del intercambio en América del Norte, según declaraciones del representante comercial de Washington, Jamieson Greer. La decisión se produce en un contexto de tensiones comerciales crecientes y discusiones bilaterales que comenzarán esta semana en México, con impacto directo en las cadenas de suministro regionales y en los flujos de comercio entre los tres países.
Greer afirmó durante un evento del Consejo de Relaciones Exteriores en Washington que Estados Unidos enfrenta “problemas comerciales importantes” con Canadá y sostuvo que la administración de Donald Trump mantendrá una postura firme en materia de política arancelaria. “Estados Unidos va a tener aranceles”, señaló el funcionario, quien justificó la medida en la existencia de un déficit comercial elevado y persistente. Además, indicó que la primera etapa de las negociaciones no incluirá a Canadá, lo que abre un nuevo capítulo de tensión diplomática dentro del bloque norteamericano.

Las conversaciones formales entre representantes de Washington y Ciudad de México comenzarán esta semana en la capital mexicana. En esas reuniones se abordarán temas como las reglas de origen de los productos industriales y automotrices, además de aspectos vinculados a la seguridad económica regional. Greer anticipó que el objetivo de Estados Unidos es incrementar el contenido estadounidense en la producción manufacturera y revisar los mecanismos actuales del acuerdo comercial vigente desde hace seis años.
El funcionario también remarcó que el saldo negativo del comercio de bienes de Estados Unidos continúa siendo una preocupación central. De acuerdo con datos oficiales de la Oficina del Censo estadounidense, el déficit comercial se redujo más del 30% el año pasado, hasta los USD 202.100 millones, aunque el desequilibrio con México aumentó casi un 15%, alcanzando los USD 196.900 millones. Este incremento refuerza la postura de Washington respecto de la necesidad de modificar las condiciones del intercambio regional.

En relación con Canadá, Greer sostuvo que las diferencias van más allá de las disputas tradicionales y señaló que la resolución de los desacuerdos es compleja. Criticó además la política industrial canadiense orientada a fortalecer la producción automotriz local y reiteró la intención de Estados Unidos de impulsar la fabricación interna de vehículos dentro de su territorio. Estas declaraciones alimentan la incertidumbre sobre el futuro del vínculo comercial con uno de sus principales socios.
En paralelo, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, destacó que la renovación del acuerdo comercial con la Unión Europea es independiente del T-MEC y no interfiere en las negociaciones con Estados Unidos y Canadá. Según explicó, el tratado con el bloque europeo responde a una actualización de un acuerdo vigente desde el año 2000 y no representa condicionamientos para la política comercial norteamericana.
De cara a las próximas rondas de negociación, funcionarios de los tres países buscan avanzar en una redefinición de las reglas comerciales que rigen en la región. Sin embargo, las diferencias sobre aranceles, producción industrial y cadenas de suministro anticipan un proceso complejo, en el que Estados Unidos intenta consolidar una estrategia de mayor protección de su industria mientras México y Canadá buscan preservar los beneficios de la integración económica regional.
Analistas internacionales advierten que la continuidad de los aranceles podría generar mayor volatilidad en los mercados y afectar la planificación de inversiones en sectores estratégicos como la industria automotriz, la tecnología y la energía, especialmente si las negociaciones del T-MEC no logran avances rápidos. El escenario mantiene incertidumbre sobre el futuro del comercio norteamericano a mediano plazo, según el análisis de Infobae.