Antes que incorporar nueva genética, el principal desafío de muchos tambos argentinos pasa por generar las condiciones necesarias para que los animales expresen todo su potencial productivo. Esa es la conclusión que surge del análisis realizado por Vicente Argoitia, gerente de Producto Leche de CIALE Alta, quien sostuvo que regiones como el Valle de Lerma, en Salta, ya cuentan con una destacada base genética y que el crecimiento futuro estará vinculado principalmente a mejoras en manejo, confort animal, reproducción y adopción tecnológica.
Las declaraciones fueron publicadas originalmente por El Tribuno Campo, medio que entrevistó al especialista para analizar la evolución de la lechería en el norte argentino, una actividad que en los últimos años comenzó a incorporar nuevas herramientas productivas y modelos de gestión que buscan mejorar la eficiencia y la rentabilidad.
Para Argoitia, la región salteña reúne condiciones naturales y productivas que la posicionan como una de las zonas con mayor potencial de crecimiento para la producción de leche en Argentina. Sin embargo, considera que el verdadero salto productivo dependerá de decisiones que exceden la genética y que involucran inversiones en infraestructura, bienestar animal y tecnología.

"Siempre sostengo que es una de las zonas más ricas en genética y les insisto mucho a los productores en que la genética ya la tienen; ahora hay que trabajar sobre el confort y el manejo para que esa genética pueda expresarse", afirmó Argoitia en declaraciones recogidas por El Tribuno Campo.
La producción lechera atraviesa un proceso de transformación en distintas regiones del país. Los modelos tradicionales de producción comienzan a convivir con sistemas cada vez más tecnificados, orientados a mejorar las condiciones de vida de los animales y optimizar los resultados productivos.
Según explicó Argoitia, durante los últimos años se observó una creciente incorporación de galpones, sistemas de cama fría, instalaciones de compost barn y tecnologías de automatización.
Incluso algunos establecimientos comenzaron a evaluar o implementar sistemas de ordeñe robotizado, una tendencia que ya se encuentra consolidada en países con fuerte desarrollo lechero.
"Veo un avance tecnológico y en términos de confort animal. Insisto: la única forma de que la genética se exprese es mediante un buen manejo y un buen confort", señaló.
El especialista considera que estos cambios son fundamentales para mejorar indicadores productivos y reproductivos, especialmente en sistemas que buscan aumentar la producción individual por vaca sin comprometer la salud de los rodeos.
Uno de los conceptos centrales planteados por el gerente de CIALE Alta es que la selección genética debe responder a las características de cada establecimiento y no a modelos estandarizados.
En ese sentido, destacó que la raza Holando Argentino dispone actualmente de una enorme cantidad de información genética que permite orientar los programas de mejoramiento hacia distintos objetivos productivos.
Algunos productores priorizan vacas adaptadas a sistemas pastoriles, mientras que otros buscan animales que respondan mejor en sistemas estabulados o instalaciones automatizadas.
"Seleccionamos genética pensando en cómo se va a expresar de acá a tres años, por eso es importante entender hacia dónde apunta cada productor", explicó.
La planificación de largo plazo se vuelve cada vez más importante en una actividad donde las decisiones tomadas hoy impactarán sobre los rodeos futuros.
Sin embargo, Argoitia también destacó la necesidad de mantener cierto equilibrio para evitar generar animales excesivamente especializados.
"Debemos apuntar a animales adaptables a distintos manejos. El país es impredecible y los sistemas productivos pueden cambiar rápidamente según las condiciones económicas", sostuvo.
Aunque la genética bovina registra avances permanentes, los especialistas consideran que todavía existen aspectos que requieren atención.
Uno de ellos es el sistema mamario, considerado clave para sostener altos niveles de producción y prolongar la vida útil de las vacas dentro del rodeo.
Argoitia explicó que muchos de los descartes prematuros están vinculados a problemas estructurales de la ubre, especialmente en la zona anterior.
También señaló que algunos programas de selección genética desarrollados a nivel internacional generaron ciertos efectos indeseados sobre la conformación de los pezones.
La búsqueda de animales más eficientes para los sistemas de ordeñe modernos derivó, en algunos casos, en características que hoy requieren correcciones.
Para el especialista, la ventaja es que las herramientas genéticas actuales permiten corregir esos aspectos mediante programas de selección adecuados.
Sin embargo, advirtió que se trata de procesos graduales cuyos resultados suelen observarse a mediano y largo plazo.
Otro de los fenómenos que comienza a expandirse en Argentina es el denominado Beef on Dairy, una estrategia que consiste en utilizar genética de razas carniceras sobre vacas lecheras.
El objetivo es generar terneros con mayor valor comercial sin afectar la estructura productiva de los tambos.
La práctica ya está ampliamente difundida en Estados Unidos, donde se convirtió en una herramienta complementaria para mejorar los ingresos de los establecimientos lecheros.
Según explicó Argoitia, el sistema puede representar una oportunidad interesante para productores que cuentan con información genética precisa sobre sus rodeos.
Sin embargo, advirtió que su implementación requiere una planificación rigurosa para evitar problemas futuros de reposición.
"Un programa de Beef on Dairy tiene que ir necesariamente de la mano de la genómica", señaló.
El especialista explicó que es indispensable identificar cuáles son los animales de mayor valor genético destinados a la reposición y cuáles pueden utilizarse para cruzamientos con razas de carne.
Actualmente algunos establecimientos del norte argentino comenzaron a realizar pruebas con genética Brangus, Limangus y otras razas adaptadas a condiciones productivas regionales.
La evolución genética de la raza Holstein también avanza hacia objetivos que trascienden la producción de leche.
En los últimos años, los programas de mejoramiento incorporaron con mayor intensidad variables vinculadas a fertilidad, resistencia a enfermedades y longevidad productiva.
Según explicó Argoitia, las empresas de genética trabajan actualmente en desarrollar animales más eficientes y rentables, capaces de sostener altos niveles productivos durante más tiempo.
En ese sentido, destacó que la actualización de la base genética realizada en 2025 mostró uno de los mayores avances registrados en producción de leche, grasa, proteína y vida productiva.
"No hubo antecedentes de un avance genético tan fuerte como el registrado en 2025", afirmó.
Estos progresos permiten a los productores acceder a genética de alto valor con inversiones relativamente accesibles dentro de la estructura de costos de un tambo.
Uno de los puntos que más llamó la atención durante la entrevista fue la relación entre inversión genética y facturación.
Según Argoitia, los especialistas recomiendan destinar entre el 1% y el 1,5% de los ingresos anuales de un tambo a programas genéticos.
A pesar de la importancia estratégica de esta inversión, suele representar una de las partidas más pequeñas dentro del presupuesto de los establecimientos.
El semen convencional tiene actualmente costos que oscilan entre 8 y 13 dólares por dosis, mientras que el semen sexado se ubica entre 22 y 27 dólares.
Para el especialista, la dificultad radica en que los beneficios de la genética no son inmediatos y muchas veces se perciben varios años después de realizada la inversión.
Esa característica lleva a algunos productores a reducir gastos en genética durante períodos de incertidumbre económica, una decisión cuyos efectos suelen aparecer cuando las nuevas generaciones comienzan a ingresar al rodeo.
En una actividad donde cada mejora genética impacta sobre la productividad durante años, los especialistas coinciden en que la clave no pasa únicamente por incorporar mejores animales, sino por crear las condiciones para que ese potencial pueda transformarse en litros de leche, eficiencia y rentabilidad.