La cadena ovina argentina definió una hoja de ruta para los próximos diez años durante una jornada técnica realizada en la Exposición Rural de Palermo, donde productores, industriales, funcionarios y representantes del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) analizaron la situación actual del sector y coincidieron en que la recuperación de la actividad dependerá de fortalecer la sanidad animal, ampliar la presencia en los mercados internacionales, combatir la informalidad y agregar mayor valor a la producción. La información fue publicada por TN, que cubrió el encuentro desarrollado en el marco de la muestra ganadera.
Aunque el panorama muestra señales alentadoras, los referentes evitaron transmitir un mensaje triunfalista. El consenso fue que la actividad comenzó una etapa de crecimiento, pero todavía enfrenta limitaciones estructurales que condicionan su desarrollo y que deberán resolverse para mejorar la competitividad de toda la cadena.
Uno de los encargados de presentar el diagnóstico fue el subsecretario de Producción Agropecuaria y Forestal, Manuel Chiappe, quien destacó que Argentina cuenta actualmente con un stock cercano a los 12 millones de ovinos, una cifra todavía distante de los niveles históricos, pero suficiente para comenzar un proceso de expansión si se consolidan las condiciones adecuadas.
Los indicadores productivos muestran una evolución favorable. Durante 2025, la actividad registró un incremento del 7% tanto en la faena como en la producción, mientras que durante el primer semestre de 2026 esa tendencia continuó con aumentos cercanos al 7% en producción y del 5% en toneladas res con hueso.
Aun así, Chiappe consideró que esos números deben interpretarse con cautela.
"No son números para hacer una fiesta, pero vemos que el ovino crece lentamente, que volvió a ser un negocio y eso es un incentivo para desarrollar la cadena", afirmó el funcionario en declaraciones reproducidas por TN.
Si hubo un tema que concentró buena parte del debate fue la sanidad animal, considerada uno de los principales condicionantes para ampliar la producción y sostener el acceso a los mercados internacionales.
Desde el SENASA, especialistas explicaron las acciones implementadas tras la detección del primer caso de scrapie registrado a comienzos del año. La enfermedad, que afecta al sistema nervioso de los ovinos, obligó a reforzar los protocolos sanitarios y los mecanismos de certificación internacional para garantizar la continuidad de las exportaciones.
La responsable del área de Vigilancia y Prevención de Enfermedades Transmisibles del organismo, Mayra Román, detalló que el objetivo principal fue preservar el reconocimiento sanitario argentino frente a los países compradores y evitar restricciones comerciales.
Sin embargo, el mayor problema cotidiano continúa siendo la sarna ovina, una enfermedad parasitaria que provoca importantes pérdidas económicas y cuya erradicación sigue siendo uno de los principales desafíos para los productores.
El coordinador del Programa de Pequeños Rumiantes del SENASA, Guillermo Duarte, advirtió que muchas veces los focos son detectados cuando la enfermedad ya está instalada.
"La responsabilidad primaria del productor es informar y hoy nos encontramos con focos ya instalados porque esa alerta no llega. Corremos detrás de la sarna", sostuvo Duarte durante el encuentro, según publicó TN.
El especialista explicó además que las herramientas disponibles presentan limitaciones. Los tratamientos inyectables no siempre ofrecen la eficacia esperada y, en determinadas épocas del año, las condiciones climáticas dificultan la realización de baños sanitarios de inmersión, considerados uno de los métodos más efectivos para controlar la enfermedad.
Otro de los ejes centrales del debate fue la necesidad de fortalecer las exportaciones, un aspecto considerado clave para mejorar la rentabilidad del negocio ovino.
Representantes de la industria frigorífica señalaron que el reducido consumo interno limita las posibilidades de crecimiento del sector. En Argentina, el consumo anual de carne ovina ronda apenas los 250 gramos por habitante, muy por debajo de otros países de la región.
El representante de los frigoríficos patagónicos, Álvaro Sánchez Noya, comparó esa realidad con la de Uruguay, donde el consumo alcanza aproximadamente 2,5 kilogramos por persona al año, una diferencia que refleja el amplio margen existente para desarrollar el mercado doméstico.
Frente a ese escenario, la estrategia apunta principalmente al comercio exterior.

Uno de los destinos que despierta mayor expectativa es Brasil, que importa alrededor de 7.000 toneladas anuales de carne ovina, de las cuales cerca del 70% provienen actualmente de Uruguay. Los referentes del sector consideran que Argentina cuenta con condiciones para incrementar su participación en ese mercado, especialmente porque Brasil no exige el estatus sanitario de libre de aftosa requerido por otros compradores.
Al mismo tiempo, la Unión Europea continúa siendo el mercado de mayor valor agregado para la producción proveniente de la Patagonia, aunque exige elevados estándares sanitarios y de calidad.
Incrementar las exportaciones permitiría además resolver otro problema que afecta a la industria frigorífica: la baja utilización de su capacidad instalada.
Actualmente, muchas plantas procesadoras trabajan apenas tres o cuatro meses al año, debido a la escasa disponibilidad de animales y a la fuerte estacionalidad de la oferta.

A esta situación se suma la faena informal, un fenómeno que resta volumen al circuito legal y reduce la previsibilidad necesaria para sostener inversiones en infraestructura y ampliar la capacidad industrial.
La recuperación de la actividad no depende únicamente de la producción de carne.
La cadena lanera también presentó una estrategia orientada a consolidar el posicionamiento internacional de la fibra argentina mediante la diferenciación y el agregado de valor.
El representante de la Federación Lanera Argentina (FLA), Mariano Guerra, explicó que el objetivo no consiste en competir por volumen con los grandes productores mundiales, sino en ofrecer un producto con mayor calidad, trazabilidad y procesamiento industrial.
"Tenemos origen, industria local, trazabilidad, certificaciones y no exportamos solo lana sucia. El 60% de lo que exportamos son productos procesados", afirmó Guerra, según publicó TN.
El dirigente recordó que la actividad genera alrededor de US$193 millones anuales en exportaciones y destacó que la producción argentina posee atributos diferenciales para competir dentro del segmento de fibras naturales premium.

El desafío es significativo si se considera que el mercado textil internacional está dominado por las fibras sintéticas, encabezadas por el poliéster, que concentra alrededor del 60% del consumo mundial, seguido por el algodón, con cerca del 20%.
Frente a ese escenario, la lana ocupa un nicho específico de alto valor agregado, donde la calidad, la sustentabilidad y la certificación de origen adquieren cada vez mayor importancia para los compradores internacionales.
Como cierre del encuentro, los representantes de la cadena anunciaron que ya trabajan en un plan estratégico con horizonte a diez años, destinado a consolidar el crecimiento del sector.
La iniciativa contempla una primera etapa orientada a estabilizar el stock ovino, fortalecer la sanidad y mejorar la transparencia comercial. Posteriormente, el objetivo será incrementar la presencia de los productos argentinos en mercados premium mediante una mayor diferenciación, certificaciones y agregado de valor.
La estrategia deja de lado la idea de recuperar los máximos históricos de cantidad de animales y pone el foco en lograr una producción más eficiente y rentable.
El objetivo compartido por productores, industria y organismos públicos es que cada ovino genere un mayor ingreso económico gracias a mejores estándares sanitarios, mayor productividad, trazabilidad y acceso a mercados internacionales de alto valor.
Los referentes coincidieron en que el crecimiento sostenido de la actividad dependerá de la coordinación entre el sector público y privado, la incorporación de tecnología, la formalización de la cadena comercial y la consolidación de una oferta exportable capaz de competir por calidad más que por volumen. Bajo esa premisa, la cadena ovina busca construir un modelo de desarrollo que permita recuperar protagonismo dentro de la producción agropecuaria argentina durante la próxima década.