La producción de granos de Argentina mantiene una fuerte concentración geográfica en torno a los principales puertos de exportación. Un estudio elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), a partir de datos oficiales de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, determinó que durante la campaña 2024/25 el 65% del volumen conjunto de soja, maíz, trigo, sorgo, cebada y girasol se produjo dentro de un radio de 300 kilómetros de los complejos portuarios de Gran Rosario, Bahía Blanca y Quequén. El relevamiento destaca la ventaja logística que representa esta cercanía para el comercio exterior, aunque también pone de manifiesto los desafíos de infraestructura en regiones donde la producción se encuentra más alejada de los centros de embarque.
El análisis evaluó la distribución territorial de los principales cultivos agrícolas del país en función de su proximidad a los puertos que concentran la mayor parte de las exportaciones agroindustriales.
Los resultados muestran que el complejo del Gran Rosario continúa siendo el principal eje logístico de la producción nacional, seguido por las terminales del sur de la provincia de Buenos Aires.
De acuerdo con el informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, el área de influencia del Gran Rosario concentró el 47% de la producción conjunta de los seis principales cultivos analizados.
Por su parte, Bahía Blanca reunió el 13% del volumen y Quequén el 12%, aunque ambas zonas compartieron un 7% de producción dentro de la superposición de sus respectivas áreas de influencia.
La ubicación de estos complejos portuarios permite reducir considerablemente las distancias de transporte para una parte significativa de la producción agrícola nacional, un factor que contribuye a mejorar la competitividad de las exportaciones.
Entre todos los cultivos analizados, la soja exhibió uno de los niveles más elevados de concentración en torno al complejo rosarino.
El estudio indica que el 56% de la producción nacional de la oleaginosa se originó dentro del radio de influencia del Gran Rosario.
Al incorporar también las terminales de Bahía Blanca y Quequén, y descontar las superficies compartidas entre ambas áreas, el porcentaje asciende al 66% del total nacional.
Un comportamiento similar presentó el sorgo, cuya producción también mostró una fuerte concentración alrededor del nodo portuario santafesino.
En este caso, el 56% del volumen nacional se ubicó en el área de influencia del Gran Rosario, mientras que la participación de las terminales bonaerenses resultó considerablemente menor.
Según el relevamiento, Quequén aportó apenas el 1% y Bahía Blanca el 2%, además de un punto porcentual correspondiente a zonas compartidas.
A diferencia de la soja y el sorgo, el maíz presentó una distribución mucho más amplia sobre el territorio nacional.
El informe señala que solamente el 55% de la producción quedó comprendido dentro de alguno de los tres radios analizados.
Se trata del cultivo con menor nivel de concentración logística entre los evaluados.
Esta situación responde al importante crecimiento de la producción maicera en regiones alejadas de los principales puertos de exportación.
Entre ellas se destacan el oeste de Córdoba, el norte de Santa Fe, San Luis, Santiago del Estero, además de las provincias que integran el NOA y el NEA.
La expansión agrícola en esas zonas incrementa las distancias de transporte y plantea nuevos desafíos para la infraestructura logística nacional.
Los cultivos de invierno mostraron una elevada concentración en torno a los principales puertos.
El trigo registró que el 82% de su producción nacional se localizó dentro de los radios considerados por el estudio.
Aunque el Gran Rosario conservó el liderazgo con el 56%, las terminales del sur bonaerense tuvieron una participación relevante.
Bahía Blanca concentró el 20% de la producción triguera y Quequén el 17%, con un 11% correspondiente a superficies incluidas simultáneamente en ambas áreas.
La cebada fue el cultivo que presentó la mayor cercanía logística.
El informe determinó que el 93% del volumen nacional se produjo dentro del área de influencia de alguno de los tres principales puertos.
Este comportamiento responde principalmente a la fuerte presencia del cultivo en La Pampa y el sur de la provincia de Buenos Aires.
En ese contexto, Bahía Blanca reunió el 66% de la producción, Quequén el 62% y ambas regiones compartieron un 44% de superficie de influencia, mientras que el Gran Rosario aportó solo el 8%.
La producción de girasol mostró un comportamiento intermedio respecto del resto de los cultivos.
El 61% del volumen nacional se ubicó dentro del radio de alguno de los tres complejos portuarios.
En este caso, el protagonismo correspondió principalmente a las terminales del sur bonaerense.
Bahía Blanca concentró el 31% de la producción y Quequén el 26%, mientras que el área del Gran Rosario representó el 19%.
Además, un 15% del volumen quedó comprendido simultáneamente dentro de las zonas de influencia de ambos puertos bonaerenses.
El informe elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario destaca que la proximidad entre las áreas productivas y los principales puertos constituye una de las principales fortalezas del sistema agroexportador argentino.
La menor distancia de transporte contribuye a reducir costos logísticos, mejorar la eficiencia comercial y fortalecer la competitividad internacional de los productos agrícolas.
Sin embargo, el estudio también advierte que la expansión de cultivos como el maíz hacia regiones más alejadas pone de relieve la necesidad de continuar desarrollando infraestructura vial, ferroviaria y portuaria que permita integrar de manera más eficiente a todas las zonas productivas.
Los resultados también muestran que, mientras el Gran Rosario mantiene su liderazgo como principal nodo de salida para soja, maíz, trigo y sorgo, los puertos de Bahía Blanca y Quequén desempeñan un papel cada vez más relevante para la comercialización de cebada y girasol. Esta especialización logística refleja la distribución geográfica de cada cultivo y evidencia la importancia estratégica que tiene la infraestructura de transporte para sostener la competitividad del complejo agroindustrial argentino.