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Argentina se incorpora a un proyecto internacional para medir el impacto ambiental de cultivos destinados a la bioeconomía

El CONICET coordinará la participación latinoamericana en una iniciativa financiada por la Unión Europea para evaluar materias primas renovables

Argentina se incorpora a un proyecto internacional para medir el impacto ambiental de cultivos destinados a la bioeconomía
martes 18 de agosto de 2026

Investigadores del Instituto Tecnológico de Chascomús (INTECh), dependiente del CONICET, coordinarán desde Argentina la participación latinoamericana en SUSTAINCrop, un proyecto internacional que desarrollará una herramienta digital para medir el impacto ambiental de cultivos destinados a la elaboración de biomateriales y otros productos de base biológica. La iniciativa, anunciada el 11 de agosto de 2026 y financiada por la Unión Europea a través de Horizon Europe, analizará sistemas agrícolas de América Latina y Europa para determinar qué materias primas renovables pueden abastecer a la industria sin comprometer los recursos naturales ni las condiciones de los territorios productivos.

El proyecto parte de una dificultad que atraviesa el desarrollo de la bioeconomía: que una materia prima sea de origen vegetal y renovable no significa, por sí sola, que su utilización tenga un bajo impacto ambiental. Para establecer ese balance será necesario considerar no solo cuánto produce un cultivo, sino también dónde se encuentra, qué tipo de suelo ocupa, cuáles son las condiciones climáticas y qué prácticas agrícolas se aplican,informo Agritotal-

La herramienta que se busca diseñar pretende reunir esa información y transformarla en datos útiles para productores, empresas y responsables de políticas públicas. El objetivo es facilitar decisiones vinculadas con el abastecimiento de materias primas para industrias que buscan sustituir insumos derivados de combustibles fósiles.

La coordinación global de SUSTAINCrop está a cargo de INNOMINE, una consultora de origen húngaro especializada en vincular empresas y startups con oportunidades de financiamiento europeo. El consorcio también incluye instituciones y compañías de Dinamarca, Grecia, Alemania, Bélgica y España, además de los organismos latinoamericanos que tendrán a su cargo el trabajo regional.

En América Latina, el INTECh será la sede del denominado grupo de Conocimiento Latinoamericano. Allí participarán también la Universidad de San Pablo de Guatemala y la Universidad Autónoma de Bucaramanga, de Colombia. La organización permitirá articular información y capacidades de distintos países para ampliar el alcance de la investigación.

Oscar Ruiz, investigador del CONICET y responsable de la articulación regional, explicó a través de la información difundida sobre el proyecto que el objetivo inicial será construir una red de cooperación entre instituciones. “Desde el INTECh buscaremos crear una red de cooperación multiinstitucional, primero a nivel nacional para desde ahí proyectarnos regionalmente”, señaló Ruiz.

El investigador también describió la distribución regional de las instituciones participantes. “Actividades similares desarrollarán nuestros colegas de las universidades de Bucaramanga, en representación de la región ecuatorial americana, y de Guatemala, en representación de Centro América”, afirmó.

El trabajo latinoamericano tendrá como referencia varios de los principales cultivos agrícolas de la región que pueden aportar materias primas a procesos industriales. Entre las especies priorizadas figuran maíz, canola, caña de azúcar, soja, algodón y girasol, cultivos con una presencia significativa en diferentes sistemas productivos de América Latina.

En Europa, en tanto, el análisis contempla alternativas como colza, remolacha azucarera y cáñamo. La comparación entre regiones permitirá observar las diferencias existentes entre los sistemas agrícolas y las condiciones en las que se generan las materias primas.

El relevamiento no se limitará a determinar la disponibilidad de los cultivos. Uno de los aspectos centrales será establecer dónde se producen y bajo qué condiciones ambientales y productivas. Para ello se incorporarán variables relacionadas con el suelo, el clima, los usos de la tierra, los sistemas de cultivo y las prácticas agronómicas.

Según explicó Ruiz en el material difundido sobre la iniciativa, el proyecto buscará recopilar información sobre los volúmenes y la distribución geográfica de los cultivos agrícolas primarios que pueden ser utilizados por industrias de base biológica y que son comercializados en Europa y América Latina. La base de datos incluirá, además, características ambientales y productivas de las zonas donde se originan esas cosechas.

Esta perspectiva apunta a evitar que la evaluación ambiental se reduzca a una única variable. Un cultivo puede ofrecer grandes volúmenes de biomasa y, al mismo tiempo, generar diferentes efectos sobre el suelo, el agua, la biodiversidad o el uso de la tierra según el lugar y el sistema productivo en el que se desarrolle.

El desafío adquiere relevancia a medida que distintas industrias buscan reemplazar materias primas de origen fósil por recursos renovables. Los biomateriales y otros productos derivados de la biomasa forman parte de una estrategia más amplia de transición hacia modelos industriales con menor dependencia de combustibles fósiles. Sin embargo, esa sustitución requiere información que permita comprobar cuáles son realmente los beneficios ambientales de cada alternativa.

En ese sentido, SUSTAINCrop buscará ofrecer una evaluación más integral de las materias primas disponibles. La herramienta podría servir para comparar distintas opciones antes de definir decisiones de abastecimiento industrial, considerando tanto su disponibilidad como las características ambientales de los territorios donde se producen.

La participación argentina también representa la continuidad de una experiencia previa de cooperación científica entre instituciones de Europa y América Latina. El nuevo proyecto toma como antecedente la iniciativa “Raising the bio-based industrial feedstock capacity of Marginal Lands”, que recibió financiamiento de la Unión Europea y fue coordinada por el Leibniz Centre for Agricultural Landscape Research, de Alemania.

El INTECh participó de ese trabajo anterior, una experiencia que, según Ruiz, permitió fortalecer los vínculos con investigadores europeos y abrió la posibilidad de incorporar a la Argentina a la nueva iniciativa. “Este proyecto, en el que también participamos, fue una experiencia importante que promovió que nuestros colegas europeos nos invitaran a ser parte de esta nueva iniciativa”, sostuvo el investigador.

Ahora, el desafío será transformar esa cooperación científica en una herramienta con aplicación práctica. Para eso, los equipos deberán reunir información de diferentes regiones agrícolas, compatibilizar datos provenientes de sistemas productivos diversos y establecer criterios que permitan evaluar el desempeño ambiental de las materias primas.

La información generada podría resultar de utilidad en una etapa en la que las industrias de base biológica necesitan garantizar no solo el acceso a recursos renovables, sino también demostrar que esos recursos cumplen con determinados criterios de sostenibilidad.

Para Argentina y el resto de América Latina, el proyecto coloca en el centro a cultivos de gran importancia económica y productiva. La posibilidad de analizarlos desde una perspectiva que combine disponibilidad, localización y condiciones ambientales puede aportar nuevos elementos para definir su potencial como insumos industriales.

El resultado esperado es una plataforma que permita contar con evidencia comparable para la toma de decisiones. Más que determinar de antemano qué cultivo es mejor, la iniciativa buscará aportar información sobre las condiciones bajo las cuales cada alternativa puede ser utilizada de manera sostenible.

La apuesta de SUSTAINCrop, por lo tanto, se ubica en la intersección entre agricultura, industria y ambiente. Para los investigadores argentinos, la coordinación regional supone además una oportunidad para integrar capacidades científicas de distintos países y generar información que contribuya a definir el papel que pueden desempeñar los recursos agrícolas latinoamericanos en la transición hacia una economía de base biológica.

 

 

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