Las economías regionales argentinas todavía no muestran una recuperación generalizada: el último Semáforo de Economías Regionales de Coninagro, correspondiente a junio de 2026, ubicó apenas a cuatro de las 19 actividades relevadas en zona verde, mientras ocho quedaron en amarillo y siete permanecieron en rojo. El informe, difundido en agosto y analizado por Bichos de Campo, muestra que el principal problema continúa concentrado en la relación entre precios, costos y rentabilidad del productor, pese a que las exportaciones de las cadenas relevadas crecieron 21% durante el primer semestre del año.
El dato que sintetiza el escenario es la escasa movilidad del mapa productivo. Respecto de mayo, solamente una actividad cambió de categoría: el maní pasó de rojo a amarillo, impulsado por una mejora de los precios internacionales.
El resto de las producciones mantuvo la posición que ya ocupaba.
Para Coninagro, el resultado confirma que la mejora de algunos indicadores de comercio exterior no alcanza por sí sola para recomponer la situación económica de las producciones regionales.
El semáforo analiza mensualmente 19 cadenas a partir de tres dimensiones: negocio, producción y mercado.
El primer componente contempla la evolución de precios y costos que enfrentan los productores. El segundo observa variables como superficie, stock y volumen producido. El tercero incorpora el comportamiento de las exportaciones, importaciones y consumo interno.
La combinación de esos factores determina el color asignado a cada actividad.
La zona más complicada está integrada por yerba mate, arroz, vino y mosto, hortalizas, algodón, leche y mandioca.
En estos sectores, uno de los principales obstáculos aparece en el componente económico del negocio. Los precios percibidos por los productores avanzan poco o crecen a un ritmo inferior al de los costos.
El problema es particularmente relevante porque una mejora productiva no necesariamente se traduce en una mejora de la rentabilidad.
Un productor puede obtener mayores volúmenes por hectárea o aumentar su eficiencia, pero si el precio recibido no acompaña la evolución de los insumos, el resultado económico continúa bajo presión.
La serie histórica de Coninagro permite dimensionar que no se trata solamente de una fotografía coyuntural.
En más de ocho años de mediciones, ocho de las 19 economías regionales permanecieron en rojo durante más de la mitad del período relevado.
La vitivinicultura aparece como el caso más persistente: sus indicadores estuvieron en rojo durante más del 72% de los meses analizados.
Le siguieron la actividad lechera, con 64%, y arroz y cítricos, ambos con 63%.
Dos cadenas presentan además períodos consecutivos especialmente prolongados.
La vitivinicultura acumula 41 meses consecutivos en rojo, desde enero de 2023 hasta junio de 2026.
La yerba mate lleva 27 meses seguidos en esa situación, desde abril de 2024.
Los datos muestran que, para determinadas actividades, el problema dejó de ser una dificultad de corto plazo y se convirtió en una cuestión estructural.
En el extremo opuesto aparecen bovinos, ovinos, granos y miel, las cuatro actividades que el informe ubicó en verde durante junio.
La clasificación refleja una combinación más favorable entre precios, producción y comportamiento de mercado.
En particular, las cadenas vinculadas con la producción de granos y carnes muestran un mejor desempeño histórico dentro del conjunto analizado.
La producción bovina estuvo en verde durante el 50% de los meses relevados por Coninagro. La actividad porcina alcanzó 47% y la aviar 41%.
Los granos, por su parte, registraron un 48% de permanencia en verde, mientras que el maní alcanzó 38%.
Estos datos no significan que todas las empresas de esos sectores tengan rentabilidad asegurada, sino que su desempeño relativo dentro del conjunto de economías regionales resulta más favorable.
El mercado externo es uno de los factores que explica parte de esa diferencia.
El maní fue la única actividad que mejoró su clasificación durante junio.
Coninagro la trasladó de rojo a amarillo a partir de una recuperación de los precios de exportación.
El valor de la tonelada de maní Runner alcanzó los US$659 en junio, con una mejora interanual en dólares.
La producción, sin embargo, presenta una corrección respecto del récord de la campaña anterior.
Luego de alcanzar aproximadamente 1,8 millones de toneladas en 2024/25, la cosecha 2025/26 se proyecta en torno a 1,3 millones de toneladas, una disminución cercana al 30%.
A pesar de la caída, el volumen se mantiene dentro de los niveles observados en campañas promedio.
El frente comercial ofrece una señal más positiva.
Durante los primeros seis meses de 2026, el complejo manicero exportó por US$651 millones, un 2% más que en igual período de 2025.
La mejora de los precios externos permitió, de esa manera, compensar parcialmente una menor producción.
Uno de los datos más destacados del informe es el crecimiento del comercio exterior.
Las 19 economías regionales relevadas acumularon US$31.940 millones en exportaciones entre enero y junio de 2026.
El monto representa un incremento del 21% interanual, frente a los US$26.505 millones registrados durante el mismo período de 2025.
También superó en 12% el promedio de los últimos cinco años para ese semestre, estimado en US$28.420 millones.
Sin embargo, el crecimiento está fuertemente concentrado.
El complejo granario explica US$25.097 millones, equivalentes al 79% del total exportado por las actividades consideradas.
Dentro de ese conjunto, la soja aportó US$12.696 millones, el 50,6%, mientras que el maíz representó US$4.802 millones, un 19%.
La cadena bovina ocupó el segundo lugar, con US$2.873 millones, equivalente al 9% del total.
Después aparecen la lechería, con US$897 millones, y el maní, con US$651 millones.
El volumen de exportaciones demuestra que el sector agroindustrial genera divisas, pero también evidencia que el desempeño de las grandes cadenas puede ocultar las dificultades de actividades regionales de menor escala.
La comparación con el promedio de los últimos diez años ofrece algunos resultados significativos.
El arroz encabezó el crecimiento relativo de las exportaciones: durante el primer semestre vendió al exterior por US$257 millones, un 99% por encima de su promedio histórico para ese período, de US$129 millones.
La apicultura registró US$193 millones y quedó 77% por encima de su media de la última década.
La cadena bovina, con US$2.873 millones, se ubicó 67% por encima de su promedio histórico de US$1.717 millones.
Pero el comportamiento exportador no fue positivo para todas las actividades.
La avicultura exportó US$53 millones, un valor superior al del año pasado, aunque todavía 70% por debajo del promedio de la última década, estimado en US$176 millones.
También se ubicaron por debajo de sus referencias históricas el sector forestal, con una caída del 10%, y la vitivinicultura, con un retroceso del 2%.
Las importaciones de las 19 cadenas analizadas alcanzaron US$2.462 millones durante el primer semestre.
La relación entre exportaciones e importaciones resulta ampliamente favorable: por cada dólar importado se generaron aproximadamente US$13 en exportaciones.
Si se excluye al complejo granario, la relación mejora todavía más y llega a US$16 exportados por cada dólar importado.
El dato muestra el aporte de estas cadenas al comercio exterior argentino, aunque nuevamente aparece una fuerte diferencia entre sectores.
Las exportaciones pueden crecer y generar divisas mientras determinadas actividades continúan enfrentando dificultades en el mercado interno y márgenes estrechos en el campo.
Otro de los indicadores incluidos en el relevamiento mide qué porcentaje del precio que paga el consumidor queda finalmente en manos del productor.
El resultado correspondiente a mayo de 2026 también muestra una situación desigual.
De los 11 productos analizados, apenas cuatro —papa, hortalizas, porcinos y ovinos— tuvieron una participación del productor superior a su promedio histórico para ese mes.
Los otros siete quedaron por debajo de esa referencia.
Las diferencias son especialmente importantes en yerba mate y vino.
En el caso de la yerba, el productor recibió el equivalente al 15% del precio final, frente a un promedio histórico del 23%.
En el vino, la participación fue del 13%, contra un promedio del 24%.
El trigo, medido a partir del precio del pan, también presentó una participación inferior a la habitual: el productor recibió el 8% frente a un promedio histórico del 11%.
En arroz, la participación fue del 16%, contra el 19% de referencia.
En las carnes, el panorama resultó más equilibrado.
La producción porcina representó el 37% del precio final, dos puntos por encima de su promedio histórico, mientras que la ovina alcanzó 21%, un punto más.
La cadena bovina, la aviar y la lechera, en cambio, quedaron ligeramente por debajo de sus niveles históricos.
El panorama que surge del Semáforo de Coninagro combina crecimiento exportador y dificultades de rentabilidad en buena parte de las producciones regionales.
La mejora del comercio exterior constituye una señal favorable, pero no alcanza para resolver los problemas que enfrentan los productores cuando los costos avanzan más rápido que los precios.
La escasa movilidad del semáforo durante junio también resulta significativa.
Solo el maní logró mejorar su clasificación, mientras que las restantes 18 actividades permanecieron en el mismo color.
Eso significa que, pese a las mejoras observadas en algunos mercados, todavía no aparece una tendencia generalizada de recuperación.
El desafío para las economías regionales pasa por transformar las oportunidades comerciales en mejores resultados para el productor.
Para lograrlo, el comportamiento de los precios deberá acompañar la evolución de los costos, mientras que la producción y el acceso a los mercados deberán sostenerse.
Los datos de exportación muestran que existe demanda internacional para buena parte de los productos argentinos. La cuestión pendiente es cuánto de ese valor termina llegando al eslabón primario.
El semáforo deja así una conclusión clara: el agro regional sigue generando producción y divisas, pero la recuperación económica todavía está lejos de alcanzar a todas las cadenas.