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La pesca argentina marcó un récord de desembarques y alcanzó su mayor volumen en una década

Entre enero y julio se descargaron 580.178 toneladas de pescados y mariscos, impulsadas por el langostino y otras pesquerías

La pesca argentina marcó un récord de desembarques y alcanzó su mayor volumen en una década
miércoles 19 de agosto de 2026

La pesca argentina alcanzó en los primeros siete meses de 2026 el mayor volumen de desembarques de la última década, con 580.178,5 toneladas de pescados, crustáceos y moluscos descargadas entre el 1° de enero y el 31 de julio en los puertos del país, según datos oficiales de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca. El registro, difundido por Pescare, superó en casi 60.000 toneladas al anterior máximo para el mismo período y muestra una fuerte expansión de la actividad, aunque con comportamientos diferentes entre especies, flotas y regiones.

El volumen acumulado durante enero-julio de 2026 fue 11,5% superior al de 2024, que hasta ahora constituía el mejor registro de la serie comparable, y 15,8% mayor que el de 2025. Frente al promedio de los nueve años anteriores, calculado en 480.008,5 toneladas, el resultado representa un incremento de 100.170 toneladas, equivalente a una mejora del 20,9%.

La comparación fue realizada sobre períodos homogéneos de siete meses. Aunque los registros oficiales se encontraban actualizados al 11 de agosto, las 19.072,2 toneladas descargadas durante los primeros once días de agosto no fueron incorporadas al cálculo para evitar distorsiones frente a los años anteriores. El acumulado oficial hasta esa fecha llegaba a 599.250,8 toneladas,informo Pescare.com

El dato marca un máximo histórico para el período dentro de los últimos diez años, pero también obliga a observar qué ocurrió dentro de cada pesquería. El crecimiento no respondió a un único recurso. El langostino tuvo el salto interanual más importante, mientras que el calamar mantuvo un peso decisivo pese a registrar una baja frente a 2025. La merluza también incrementó sus desembarques y otras especies, como la anchoíta y la polaca, contribuyeron al resultado general.

El langostino explicó buena parte del crecimiento

El principal cambio dentro de la estructura de desembarques estuvo en el langostino, que alcanzó 141.073,7 toneladas entre enero y julio, frente a las 63.799,8 toneladas registradas durante el mismo período del año pasado. La diferencia fue de 77.273,9 toneladas, lo que representa un crecimiento interanual del 121,1%.

El salto debe interpretarse teniendo en cuenta una particularidad de la temporada anterior. Durante 2025, un conflicto gremial demoró el ingreso de parte de la flota congeladora tangonera a la pesquería, por lo que una porción significativa de los buques comenzó a operar recién a principios de agosto. Ese menor punto de partida amplifica la comparación porcentual de este año.

Aun con ese efecto estadístico, el volumen alcanzado en 2026 representa una recuperación concreta de la operatoria. Las descargas se tradujeron en actividad para los puertos, abastecimiento de las plantas y mayor disponibilidad de materia prima.

En ese escenario, Puerto Madryn y Puerto Deseado ganaron participación en las operaciones vinculadas con el langostino. En particular, la infraestructura de Puerto Deseado permitió realizar las tareas de descarga, lavado de bodegas, abastecimiento y alistamiento en períodos reducidos, lo que favoreció la rotación de los buques y el aprovechamiento de los días disponibles para pescar.

El calamar retrocedió, pero sigue siendo central

El comportamiento del calamar Illex fue diferente. Durante los primeros siete meses del año se desembarcaron 188.428,1 toneladas, un 8,8% menos que las 206.585,5 toneladas del mismo período de 2025.

La reducción fue de aproximadamente 18.157 toneladas. Sin embargo, el calamar continúa siendo el recurso individual de mayor peso dentro de la estructura de desembarques: representó el 32,5% del total nacional acumulado entre enero y julio.

Su evolución permite observar que el récord general no dependió exclusivamente de este recurso. Por el contrario, la menor cantidad de calamar fue compensada por la recuperación del langostino y por el crecimiento de diferentes pesquerías de peces.

La merluza también aportó al récord

La merluza hubbsi mostró una evolución positiva en ambas zonas de captura consideradas en los registros oficiales.

Al norte del paralelo 41° Sur, dentro de la Zona Económica Exclusiva Argentina, los desembarques alcanzaron 13.077,3 toneladas, frente a las 9.213,6 toneladas del mismo período de 2025. El aumento fue del 41,9%. Al sur de ese paralelo, la especie acumuló aproximadamente 165.574 toneladas, con una mejora interanual del 13,6%.

La merluza aportó así una base de actividad más estable para los puertos, en contraste con el comportamiento estacional de otras especies. Además, el movimiento comercial mostró señales favorables: según la información publicada por Pescare, desde Mar del Plata se concretaron en los últimos días exportaciones de varios contenedores de producto terminado a bordo, con valores informados de hasta US$4.000 por tonelada y demanda sostenida por la calidad.

Otras especies también aumentaron sus descargas

Entre las especies que contribuyeron al resultado aparece la anchoíta, que registró uno de los mayores incrementos porcentuales. La suma de las descargas al norte y al sur del paralelo 41° llegó a unas 4.512 toneladas, frente a menos de 46 toneladas en los primeros siete meses de 2025.

La polaca también mejoró su desempeño, con 7.872,4 toneladas y un crecimiento del 9,7%. En tanto, la merluza negra acumuló 2.811,2 toneladas, un 11,3% más que en igual período del año pasado.

La centolla, por su parte, alcanzó 1.053,2 toneladas, con una variación positiva del 1%.

No todas las pesquerías tuvieron el mismo comportamiento. La vieira patagónica registró 2.806,6 toneladas entre enero y julio, lo que significó una caída del 20,5% frente a las 3.532,3 toneladas del mismo período de 2025.

La diversidad de resultados muestra que el récord nacional es el resultado de una combinación de factores productivos, biológicos y operativos. Algunas pesquerías incrementaron significativamente su actividad, mientras otras retrocedieron.

Un récord que no implica la misma realidad para toda la flota

El máximo de desembarques también introduce un matiz relevante para analizar la situación económica del sector. Mayor volumen de pesca no significa automáticamente que todos los buques o empresas tengan la misma rentabilidad.

La estructura de la actividad es heterogénea. Conviven grandes buques congeladores, poteros, tangoneros, fresqueros y embarcaciones costeras con capacidades, costos y mercados diferentes.

En ese esquema, la flota costera, de rada o ría y algunos fresqueros de Mar del Plata enfrentan una ecuación particularmente exigente, marcada por menor capacidad de bodega, mareas más cortas, unidades de mayor antigüedad y costos operativos difíciles de absorber.

El análisis publicado por Pescare plantea, en ese sentido, que las dificultades de determinados segmentos no deberían utilizarse para describir de manera uniforme a toda la actividad. La existencia de problemas específicos requiere distinguir entre tipos de flota, pesquerías, empresas y estructuras de costos.

Para determinar la rentabilidad efectiva de cada operador sería necesario contar con información detallada sobre combustible, salarios, mantenimiento, financiamiento, derechos de extracción, productividad y precios de venta, además de los resultados específicos de cada marea. El volumen desembarcado es una medida de producción, pero por sí solo no permite establecer el resultado económico de cada empresa.

Lo que sí queda establecido por los registros oficiales es el nivel de actividad alcanzado. Entre enero y julio hubo 580.178,5 toneladas descargadas, con buques operativos, puertos recibiendo materia prima y plantas procesadoras trabajando sobre un volumen que no tiene antecedentes en los primeros siete meses de los últimos diez años.

El desempeño de 2026 combina, de esta manera, una recuperación extraordinaria del langostino, una participación todavía decisiva del calamar, un crecimiento de la merluza y aportes adicionales de otras especies. El resultado final confirma un fuerte nivel de actividad para la pesca argentina, aunque las diferencias entre pesquerías y flotas siguen siendo determinantes para comprender cómo se distribuyen los beneficios y las dificultades dentro de la cadena.

Los números oficiales ofrecen así una fotografía concreta del sector: la pesca argentina alcanzó en siete meses el mayor volumen de desembarques de la última década. El desafío posterior será determinar cuánto de esa expansión se traduce en rentabilidad, inversión y mayor competitividad para cada uno de los actores que participan de la actividad.

 

 

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