La producción de leche creció, pero el ingreso de los tambos cayó en 2026

Entre enero y julio la producción aumentó 9%, pero la facturación promedio retrocedió 10,8% en términos reales.

La producción de leche creció, pero el ingreso de los tambos cayó en 2026
miércoles 26 de agosto de 2026 - 08:25

Los tambos argentinos produjeron 9% más leche entre enero y julio de 2026, pero el aumento del volumen no alcanzó para compensar la caída del precio recibido por los productores. Según los últimos datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), el valor de la leche retrocedió 18,2% interanual en términos reales y 13,9% medido en dólares, mientras que la facturación del tambo promedio cayó 10,8% frente al mismo período de 2025 en pesos ajustados por inflación y 6,1% en moneda estadounidense. El escenario muestra una mejora productiva acompañada por un deterioro de los ingresos de la actividad primaria y fuertes diferencias entre las principales cuencas lecheras.

La combinación de mayor producción y menor retribución por litro dejó a los establecimientos en una situación más compleja de la que podría sugerir el crecimiento del volumen.

El aumento del 9% en la entrega de leche representa una expansión significativa para el sector. Sin embargo, el precio recibido por los productores perdió valor tanto frente a la inflación doméstica como en la comparación internacional.

La referencia nacional correspondiente a julio se ubicó en $527,47 por litro, aunque el promedio escondió diferencias importantes entre las provincias.

En el extremo superior de la escala apareció Salta, con un valor de $561,42 por litro. Le siguió Buenos Aires, con $550,73. En el otro extremo se ubicó Santiago del Estero, donde el precio promedio fue de $495,60.

Entre las principales cuencas también se registraron diferencias. La Pampa alcanzó $509,50 por litro; Córdoba, $517,69; Entre Ríos, $521,74; Santa Fe, $521,76; y San Luis, $525,28.

Los valores muestran que el precio de la leche no es uniforme a nivel nacional y que la ubicación del establecimiento continúa siendo un factor relevante para determinar el ingreso que obtiene cada productor.

Más litros, menor facturación

El principal dato del relevamiento del OCLA es la combinación de dos tendencias que evolucionaron en sentidos opuestos.

Por un lado, la producción acumulada creció 9% durante los primeros siete meses del año. Por otro, el precio de la leche disminuyó 18,2% interanual cuando se lo ajustó por inflación y 13,9% al expresarlo en dólares.

La consecuencia directa fue una caída de la facturación del tambo promedio. En términos reales, los ingresos disminuyeron 10,8%, mientras que en dólares el retroceso fue de 6,1%.

Esto significa que los productores entregaron más litros, pero el ingreso generado por esa producción perdió capacidad de compra.

El fenómeno plantea un desafío para una actividad en la que incrementar el volumen suele requerir mayores gastos en alimentación, sanidad, mano de obra, energía y mantenimiento.

Si el precio por litro no acompaña el crecimiento de la producción, el aumento de escala no necesariamente se traduce en una mejora de la rentabilidad.

El comportamiento de los costos será, por lo tanto, determinante para evaluar el resultado económico real de los establecimientos.

La diferencia de precios entre provincias

El precio promedio nacional de julio, de $527,47 por litro, no refleja las diferencias existentes dentro del mapa lechero.

Salta encabezó los valores relevados con $561,42, seguida por Buenos Aires con $550,73. San Luis se ubicó también por encima de los $525, mientras que Santa Fe y Entre Ríos quedaron ligeramente por debajo de esa referencia.

Córdoba registró $517,69 por litro y La Pampa $509,50.

Santiago del Estero presentó el menor precio del conjunto analizado, con $495,60 por litro.

La brecha entre el valor más alto y el más bajo supera los $65 por litro, una diferencia que adquiere relevancia cuando se multiplica por los volúmenes producidos diariamente por cada establecimiento.

El precio final que recibe cada tambo está determinado por distintas variables, entre ellas la calidad de la leche, la composición de sólidos, los acuerdos comerciales, la escala y las condiciones particulares de cada cuenca.

Por eso, dos establecimientos que producen cantidades similares pueden obtener ingresos diferentes si están ubicados en mercados con estructuras comerciales distintas.

La calidad también marca diferencias

El relevamiento del OCLA muestra que no solo existen diferencias en el precio, sino también en la composición de la leche.

A nivel nacional, el promedio alcanzó 3,92% de grasa butirosa y 3,55% de proteína, lo que representa un contenido de sólidos útiles de 7,47%.

Los sólidos son una variable central para la industria porque determinan parte del rendimiento que puede obtenerse durante la transformación de la leche en productos como quesos, leche en polvo y otros derivados.

La composición también presentó diferencias regionales.

La Pampa mostró el mayor contenido conjunto de sólidos útiles, con 7,72%, resultado de un promedio de 4,07% de grasa y 3,65% de proteína.

En el otro extremo, Entre Ríos registró un nivel de 7,35%.

La diferencia puede parecer pequeña cuando se expresa en porcentajes, pero adquiere importancia al analizar grandes volúmenes de leche procesados por las industrias.

Para los productores, mejorar la composición puede convertirse en una herramienta para obtener mejores condiciones comerciales, siempre que los sistemas de pago contemplen adecuadamente la calidad y los sólidos entregados.

El tamaño del tambo cambia el escenario

Otro de los indicadores que revela diferencias dentro de la actividad es la producción promedio por establecimiento.

El promedio de las cuencas relevadas se ubicó en 3.667 litros diarios por tambo. Sin embargo, las diferencias entre regiones fueron amplias.

La cuenca Santa Fe Sur encabezó el ranking con una producción promedio de 6.033 litros diarios por establecimiento. Le siguió Mar y Sierras, en Buenos Aires, con 5.674 litros.

Más atrás aparecieron Córdoba Sur, con 4.872 litros diarios; Villa María, con 4.808; y Buenos Aires Oeste, con 4.662.

Entre Ríos Este registró un promedio de 4.438 litros, mientras que Abasto Norte alcanzó 4.313 litros.

Abasto Sur y Córdoba Noreste se ubicaron cerca de los 4.000 litros diarios por unidad productiva.

Estos datos muestran la importancia de la escala dentro de la estructura de la lechería argentina. Los establecimientos de mayor volumen pueden distribuir determinados costos fijos sobre una producción más elevada, mientras que los tambos pequeños enfrentan una estructura diferente.

Los establecimientos más pequeños

Las menores escalas productivas se observaron en Santiago del Estero, con un promedio de 2.070 litros diarios por tambo, Entre Ríos Oeste, con 2.257, y La Pampa, con 2.603.

También aparece un caso relevante en Santa Fe Centro, donde se contabilizaron 2.483 establecimientos que concentraron 26,7% de la producción considerada. Allí, el promedio fue de 2.831 litros diarios por unidad.

La distribución muestra que la producción nacional está compuesta por sistemas productivos con características muy diferentes.

La escala no es el único factor que determina la rentabilidad, pero condiciona la capacidad de absorber aumentos de costos, incorporar tecnología y realizar inversiones.

En un contexto de menores precios reales, esas diferencias pueden adquirir todavía mayor relevancia.

Los tambos con mayor producción individual pueden contar con más herramientas para diluir gastos y sostener inversiones, mientras que los establecimientos pequeños pueden enfrentar una mayor presión sobre sus márgenes.

El desafío de producir más con mejores ingresos

Los datos acumulados hasta julio plantean una paradoja para la cadena láctea: la producción crece, pero el ingreso del productor retrocede.

El aumento de 9% en el volumen confirma que los establecimientos tienen capacidad para ampliar la oferta. Sin embargo, la caída del precio real limita el beneficio económico de esa expansión.

La diferencia entre producción e ingresos también muestra que el resultado de la actividad no puede evaluarse únicamente a partir de los litros producidos.

La evolución del precio recibido, los costos de producción, la calidad de la leche y la escala del establecimiento son variables que deben analizarse en conjunto.

El escenario también tiene implicancias para la industria. Una mayor disponibilidad de materia prima puede favorecer el abastecimiento de las plantas y ampliar la capacidad de elaboración de productos lácteos, pero una caída sostenida del precio al productor puede afectar los incentivos para invertir y mantener el crecimiento productivo.

La situación es especialmente relevante en un sector donde las decisiones de expansión requieren inversiones de largo plazo y donde aumentar la producción no puede lograrse de manera inmediata.

Una lechería con realidades muy diferentes

El panorama que surge del relevamiento del OCLA muestra una lechería argentina heterogénea, con diferencias importantes entre provincias, cuencas y escalas productivas.

Mientras algunos establecimientos superan los 6.000 litros diarios, otros se ubican cerca de los 2.000. También existen diferencias en los precios recibidos y en la composición de la leche.

Esa diversidad explica por qué una misma evolución nacional puede tener impactos muy diferentes según el tipo de establecimiento.

El crecimiento productivo registrado durante los primeros siete meses de 2026 es una señal positiva desde el punto de vista de la oferta. Pero la caída de los ingresos muestra que el aumento de volumen no garantiza por sí mismo una mejora económica.

El desafío para los productores será sostener la expansión sin que la pérdida de valor del litro termine deteriorando la capacidad de inversión de los tambos.

Para la cadena, el objetivo será encontrar un equilibrio entre más producción, mejores precios, eficiencia y calidad.

Por ahora, los números muestran una actividad que entrega más leche que un año atrás, pero obtiene menos ingresos por ese esfuerzo. La evolución de los precios durante los próximos meses será determinante para saber si la expansión productiva puede consolidarse o si la presión sobre los márgenes termina frenando el crecimiento.

 

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