La producción argentina de leche acumuló un crecimiento del 4,9% entre enero y julio de 2026, pero el aumento del volumen no logró traducirse en una mejora general de la rentabilidad de los tambos. Según el informe de coyuntura de julio del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), la caída de los precios reales redujo los ingresos de los productores y generó una fuerte diferencia entre establecimientos según su escala: mientras los tambos grandes mantuvieron resultados positivos, los más pequeños registraron márgenes negativos. El escenario vuelve a poner en discusión la sustentabilidad económica de una cadena que, al mismo tiempo, alcanzó niveles récord de exportaciones.
Durante julio, los tambos argentinos entregaron 1046 millones de litros de leche, un volumen que representó un incremento del 10,9% respecto de junio y del 3,2% frente a julio de 2025. Si se considera el promedio diario, la mejora mensual fue del 7,3%.

El crecimiento también se reflejó en la producción de sólidos útiles, un indicador relevante para la industria porque contempla componentes como la materia grasa y las proteínas. En los primeros siete meses del año, el volumen acumulado de estos sólidos aumentó 5,7% interanual.

Pese a la mejora productiva, el desempeño económico fue mucho más ajustado. El OCLA proyecta que el crecimiento de la producción tenderá a desacelerarse hacia el final del año y estima un incremento anual cercano al 3%. La evolución climática será uno de los factores determinantes: un eventual episodio de El Niño extremo durante los últimos meses de 2026 podría modificar de manera significativa las previsiones,informo TNCampo
La principal dificultad para los productores aparece en la relación entre precios, ingresos y costos. El informe del OCLA calculó una rentabilidad promedio de apenas 0,23% para la actividad en las distintas regiones relevadas, un resultado que refleja el estrecho margen con el que opera el sector.
Durante los primeros siete meses de 2026, el tambo promedio registró una caída del 10,8% en su facturación medida en moneda constante. La baja estuvo relacionada con una disminución del 18,2% en el precio recibido por litro, que no pudo ser compensada por el incremento del 9% en el volumen producido.
El resultado también fue negativo al medir la facturación en dólares. En ese caso, la caída acumulada alcanzó el 6,1%.
La situación presenta diferencias marcadas según la escala de los establecimientos. Los tambos grandes, que representan alrededor del 7% de las unidades productivas, concentran el 33,4% del volumen nacional y lograron mantener una rentabilidad positiva. En julio, ese grupo registró un resultado promedio del 2,9%.
En cambio, los establecimientos de escala intermedia tuvieron una rentabilidad de -0,4%, mientras que los tambos pequeños profundizaron el resultado negativo, con un margen promedio de -1,5%.
La diferencia entre escalas expone una de las principales tensiones de la cadena. Los establecimientos de mayor tamaño cuentan con una estructura que les permite absorber con mayor facilidad determinados costos y sostener resultados positivos, mientras que las unidades pequeñas enfrentan una relación más desfavorable entre sus ingresos y las erogaciones necesarias para mantener la producción.
El deterioro económico también aparece vinculado con un proceso de concentración de la actividad. A julio, la cantidad de tambos activos se redujo a 8779 establecimientos, mientras que el número de vacas en ordeñe se ubicó en 1.500.893 cabezas.
La mayor producción de leche coincidió con un fuerte desempeño del sector exportador. Entre enero y julio, el 71,3% de la leche tuvo como destino el mercado interno, mientras que el 28,7% restante se orientó a las exportaciones.
La industria incrementó la participación de las ventas externas en un contexto en el que mantener grandes stocks implica una presión financiera adicional. Como consecuencia, las existencias de productos lácteos se ubicaron en julio en el equivalente a 700 millones de litros, un nivel 18% inferior al registrado un año antes y 33% menor que al comienzo de 2026.
Los envíos al exterior alcanzaron un nivel récord para el acumulado de los primeros siete meses del año. En paralelo, el volumen de productos procesados por la industria creció 3,5% interanual.
Entre los principales productos se destacó la leche en polvo. Su volumen exportado aumentó 29,5% entre enero y julio, mientras que los despachos de quesos crecieron 15,8% durante el mismo período.
El crecimiento de las cantidades permitió alcanzar máximos históricos tanto en volumen como en divisas, aunque el contexto internacional fue menos favorable desde el punto de vista de los precios. Los valores internacionales se mantuvieron por debajo de los registrados durante el año anterior.
En el mercado global, los precios de los futuros de leche en polvo entera muestran una tendencia de estabilidad en torno a los US$3500 por tonelada. La evolución está condicionada, entre otros factores, por la incorporación de nueva oferta proveniente de Nueva Zelanda y Australia.
El mercado doméstico muestra algunas señales de estabilización después de la fuerte contracción registrada durante 2024. Para el cierre de 2026, el consumo de lácteos se proyecta en torno a 188 litros por habitante al año.
Sin embargo, los patrones de compra todavía muestran modificaciones. Las ventas se desplazaron hacia productos de menor valor agregado y hacia canales de cercanía, mientras que los precios de salida de fábrica y los valores minoristas avanzaron entre 21% y 23%.
Ese incremento quedó por debajo de la inflación general acumulada, que según el informe alcanzó el 34% en el período analizado.
La evolución de los precios dentro de la cadena también muestra una distribución desigual de los ingresos. Durante julio, la participación del productor en el valor total generado por el sistema lácteo cayó al 30,8%. En relación con el valor de salida de fábrica, el productor captó el 51%, mientras que la industria consiguió mejorar levemente su participación relativa.
La diferencia también puede observarse al comparar el precio que recibe el tambero con el valor que, según el informe, tendría capacidad de pago la industria. El poder de compra promedio calculado para las empresas industriales fue de $557,96 por litro, mientras que el precio efectivamente percibido por los productores alcanzó $527,47.
La distancia resulta aún mayor cuando se incorpora el costo necesario para sostener la actividad en el largo plazo. El valor de referencia calculado para cubrir las erogaciones operativas y de capital llegó a $604,30 por litro.
De esta manera, el precio recibido por los productores quedó por debajo tanto del poder de compra promedio estimado para la industria como del costo de referencia de largo plazo.
El resultado de esa combinación de factores fue un resultado económico negativo de $46.016 millones para el conjunto de la cadena láctea durante julio de 2026.
El dato resume la paradoja que atraviesa actualmente la actividad: la producción crece, la industria procesa más leche y las exportaciones alcanzan niveles récord, pero una parte importante de los productores enfrenta dificultades para cubrir adecuadamente sus costos.
La situación es particularmente compleja para los establecimientos de menor escala. La rentabilidad negativa de los tambos chicos, sumada a la reducción en el número de unidades productivas, muestra que el crecimiento del volumen nacional no necesariamente implica una mejora homogénea para todos los integrantes de la cadena.
El desempeño de los próximos meses dependerá de la evolución de los precios que recibe el productor, de los costos de producción, del mercado interno y de la capacidad de la industria para sostener el ritmo exportador.
También será relevante el comportamiento climático. El OCLA anticipa una moderación del crecimiento productivo hacia el cierre del año y advierte que un El Niño de intensidad extrema podría alterar las proyecciones.
Mientras tanto, el sector llega a la última parte de 2026 con una combinación de mayor producción y mayor inserción externa, pero con una rentabilidad que continúa siendo insuficiente para una parte de los establecimientos. La brecha entre escalas productivas y la presión sobre los márgenes mantienen abierto el debate sobre la sustentabilidad de los tambos más pequeños y sobre cómo se distribuye el valor generado a lo largo de la cadena.