Genética y pasto: el modelo de un tambo cordobés que redujo a menos de la mitad el tiempo de ordeñe

Águilas Blancas incorporó un rotativo de 60 bajadas y apostó por la Kiwi Cross para transformar su sistema productivo.

Genética y pasto: el modelo de un tambo cordobés que redujo a menos de la mitad el tiempo de ordeñe
martes 15 de septiembre de 2026 - 11:56

Seis años después de incorporar un rotativo de 60 bajadas, el establecimiento Águilas Blancas, ubicado en Pozo del Molle, Córdoba, sostiene un sistema lechero basado principalmente en el pastoreo y la genética Kiwi Cross, con un cambio significativo en la organización del trabajo: el tiempo destinado al ordeñe se redujo de 15 a 6 horas diarias. El productor Fernando Cuadrado destacó que actualmente el 85% del rodeo corresponde a esta genética y que la incorporación de tecnología permitió modificar la dinámica del tambo sin interrumpir el ordeñe durante los años de funcionamiento.

El caso de Águilas Blancas muestra una estrategia en la que la incorporación de tecnología no reemplazó el esquema basado en el aprovechamiento del pasto, sino que se integró con una determinada elección genética y con una reorganización de las tareas del establecimiento.

La experiencia resulta particularmente relevante porque el cambio no se limitó a la instalación de una nueva infraestructura de ordeñe. Según explicó Cuadrado, la llegada del sistema rotativo modificó de manera profunda la operatoria cotidiana del tambo y exigió una adaptación del personal a una nueva forma de trabajo.

A seis años de aquella decisión, el productor sostiene que el sistema continúa funcionando de manera estable.

Una transformación que comenzó con el rotativo

La incorporación del rotativo de 60 bajadas significó un cambio importante para Águilas Blancas. El establecimiento pasó de dedicar unas 15 horas diarias al ordeñe a concentrar esa tarea en aproximadamente seis horas.

La reducción del tiempo operativo representa uno de los principales resultados señalados por el productor, especialmente por el impacto que tiene sobre la organización general del establecimiento.

Un tambo requiere coordinar diariamente el ingreso y salida de los animales, las tareas de ordeñe, la limpieza, el mantenimiento de las instalaciones y el trabajo del personal. Cuando el tiempo destinado al ordeñe disminuye, también se modifica la distribución de las horas de trabajo y la posibilidad de asignar recursos a otras actividades.

En el caso de Águilas Blancas, la tecnología permitió concentrar la rutina de ordeñe en un período considerablemente menor.

Pero la decisión de instalar el rotativo también implicó un proceso de adaptación para quienes trabajan en el establecimiento.

La tecnología, por sí sola, no resuelve las necesidades operativas de un tambo. Su funcionamiento depende de que los trabajadores conozcan el sistema, puedan adaptarse al nuevo ritmo de trabajo y mantengan procedimientos adecuados para garantizar la continuidad de la operación.

Cuadrado considera que esa adaptación fue uno de los aspectos relevantes de la experiencia.

El 85% del rodeo es Kiwi Cross

El otro componente central del modelo de Águilas Blancas es la genética.

Actualmente, el 85% del rodeo está compuesto por animales Kiwi Cross, una genética asociada a sistemas productivos en los que el pastoreo tiene un papel central.

“El 85% del rodeo es Kiwi Cross”, señaló Fernando Cuadrado en la entrevista difundida por TodoAgro.

La elección genética forma parte de una estrategia productiva que mantiene al pasto como principal herramienta de producción.

Esto implica que la tecnología de ordeñe no funciona de manera aislada, sino dentro de un sistema que combina infraestructura, manejo del rodeo, alimentación y organización del trabajo.

La apuesta por la Kiwi Cross representa, en este sentido, una definición sobre el tipo de animal que se busca para el sistema productivo.

La genética elegida debe responder a las condiciones del establecimiento y al modelo de alimentación utilizado. En un esquema donde el pasto ocupa un lugar central, la adaptación de los animales al sistema constituye una variable relevante para la eficiencia general del tambo.

La experiencia de Águilas Blancas plantea así una combinación de herramientas que apunta a sostener el funcionamiento del establecimiento con una estructura productiva basada en el aprovechamiento de los recursos disponibles.

Tecnología para ganar eficiencia

Uno de los aspectos más destacados del caso es que la inversión tecnológica estuvo asociada a un objetivo concreto: reducir el tiempo de ordeñe y mejorar la organización del tambo.

El paso de 15 a seis horas diarias representa una reducción de aproximadamente 60% en el tiempo destinado a esa actividad.

La magnitud del cambio permite dimensionar el impacto operativo de la incorporación del rotativo.

En lugar de analizar la tecnología solamente desde su capacidad de aumentar la velocidad del ordeñe, el caso muestra otra dimensión de la inversión: la posibilidad de modificar la estructura de trabajo y liberar tiempo para otras tareas.

Para un establecimiento lechero, donde las actividades se repiten todos los días y requieren una alta coordinación, la eficiencia operativa puede convertirse en un componente central del resultado económico.

La reducción del tiempo de ordeñe también puede contribuir a mejorar la planificación de los turnos del personal y disminuir la carga asociada a una de las principales tareas diarias del establecimiento.

Sin embargo, el valor de la inversión tecnológica se observa en el largo plazo. En Águilas Blancas, el rotativo lleva seis años en funcionamiento, lo que permite evaluar su desempeño más allá del período inicial de adaptación.

Seis años sin detener el ordeñe

Otro de los datos destacados por Cuadrado es la continuidad operativa del sistema.

De acuerdo con el productor, durante los seis años transcurridos desde la incorporación del rotativo no fue necesario recurrir a otro mecanismo para realizar el ordeñe.

“Las vacas se ordeñaron todos los días y nunca hubo que buscar alternativas para ordeñar”, subrayó Cuadrado, según la entrevista publicada por TodoAgro.

La afirmación pone el foco en un aspecto que muchas veces resulta determinante al evaluar una inversión tecnológica: la confiabilidad del equipamiento.

En un tambo, las tareas no pueden postergarse durante largos períodos. El ordeñe forma parte de una rutina diaria que requiere continuidad, por lo que cualquier interrupción significativa puede afectar la organización productiva.

Por esa razón, la experiencia acumulada durante seis años constituye un elemento relevante para analizar el funcionamiento del sistema instalado.

La continuidad también permite observar cómo se integró el equipo a la rutina del establecimiento y cómo respondió el personal a la modificación de los procedimientos.

El factor humano detrás de la tecnología

La transformación del tambo no se produjo únicamente a partir de una nueva máquina.

El cambio de sistema obligó a modificar la dinámica de trabajo y requirió una adaptación del personal.

La incorporación de un rotativo modifica los movimientos dentro de la sala de ordeñe, el ingreso de los animales, la distribución de las tareas y los tiempos de cada etapa.

La capacitación y la adaptación de los trabajadores son, por lo tanto, componentes necesarios para que la inversión tecnológica pueda traducirse en eficiencia.

En Águilas Blancas, esa adaptación aparece como uno de los resultados de los seis años de funcionamiento.

La experiencia también muestra que las decisiones tecnológicas deben analizarse en conjunto con las características del sistema productivo. Un equipo de mayor capacidad puede tener un impacto diferente según el tamaño del rodeo, la organización del establecimiento, la disponibilidad de personal y el sistema de alimentación.

Por eso, el caso de Pozo del Molle no implica necesariamente una receta aplicable a todos los tambos, sino una experiencia concreta de integración entre tecnología, genética y manejo.

El pasto como base del sistema

A pesar de la fuerte inversión en tecnología, Águilas Blancas mantiene al pasto como eje de su esquema productivo.

La combinación entre pastoreo y genética Kiwi Cross constituye una definición estratégica sobre cómo utilizar los recursos del establecimiento.

El objetivo de un sistema de estas características es aprovechar el forraje producido en el campo y complementar las necesidades del rodeo de acuerdo con el modelo de producción elegido.

La genética y la alimentación deben funcionar de manera coordinada. El tipo de animal utilizado tiene que responder a la disponibilidad y calidad de los recursos alimenticios, mientras que el manejo del pasto determina en buena medida la capacidad del sistema para sostener la producción.

En este marco, el rotativo aparece como una herramienta destinada a mejorar la eficiencia del proceso de extracción de leche, mientras que la genética y el pastoreo forman parte de la estrategia para producirla.

La experiencia permite observar cómo una inversión tecnológica puede integrarse a un modelo productivo que mantiene herramientas tradicionales de manejo, en lugar de sustituirlas.

Una estrategia basada en eficiencia

El caso de Águilas Blancas plantea una mirada sobre la modernización de los tambos que combina diferentes variables.

Por un lado, está la inversión en infraestructura, representada por el rotativo de 60 bajadas. Por otro, la selección de una genética adaptada al modelo productivo y el aprovechamiento del pasto como recurso central.

A eso se suma la reorganización del trabajo y la adaptación de los empleados a una nueva dinámica.

El resultado señalado por el establecimiento es una reducción sustancial del tiempo de ordeñe y una operación que, según Cuadrado, se mantuvo activa durante seis años sin necesidad de recurrir a alternativas para continuar con esa tarea.

La experiencia también muestra que la incorporación de tecnología debe pensarse como parte de una estrategia integral. La eficiencia no depende exclusivamente de una máquina, sino de cómo interactúan equipamiento, animales, alimentación, instalaciones y personas.

En un sector donde los costos laborales, alimenticios y de infraestructura tienen una incidencia importante sobre el resultado económico, la búsqueda de eficiencia operativa se convierte en una cuestión central.

Águilas Blancas eligió avanzar por ese camino con una combinación concreta: un sistema rotativo de alta capacidad, un rodeo mayoritariamente Kiwi Cross y una producción que continúa teniendo al pasto como protagonista.

Seis años después de aquella transformación, el establecimiento de Pozo del Molle mantiene el modelo y destaca como principal resultado operativo haber reducido de 15 a seis horas diarias el tiempo destinado al ordeñe, mientras sostiene la continuidad de una actividad que no puede detenerse.

La experiencia deja una conclusión clara: en el tambo, la tecnología puede generar eficiencia cuando está acompañada por una estrategia de genética, alimentación y organización del trabajo alineada con las características del sistema productivo.

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