El manejo del barro en tambos es una medida clave para cuidar el bienestar animal y sostener la producción cuando las lluvias saturan los suelos. Un informe técnico difundido por Bichos de Campo el 20 de octubre de 2026 reúne recomendaciones elaboradas a partir de intercambios del Comité de Bienestar Animal de la Federación Internacional de Lechería (FIL), del que participa Argentina.
El documento advierte que el problema no depende solo del volumen de agua caída. También importa cuánto tiempo permanece el suelo saturado y qué sectores del establecimiento dejan de ser transitables. Los caminos deteriorados, los corrales embarrados y los accesos complicados pueden demorar el movimiento de los animales, dificultar la entrega de alimento y afectar el ingreso de maquinaria o el retiro de leche.
Las superficies húmedas y sucias dificultan el desplazamiento, reducen las condiciones de higiene y pueden desalentar el descanso. En un experimento controlado citado por el informe, las vacas multíparas descansaron 3,2 horas durante las primeras 24 horas cuando estuvieron en condiciones de mayor barro, frente a 12,5 horas con suelo seco. El resultado ilustra el riesgo, aunque no debe extrapolarse automáticamente a todos los tambos.
La suciedad persistente aumenta la exposición de ubres y pezones a patógenos ambientales. La humedad y el tiempo prolongado de pie también pueden agravar los problemas podales. Si se suman dificultades para acceder al alimento, menor consumo o enfermedades, la producción de leche puede verse afectada.
La prevención empieza antes de las lluvias más intensas. La FIL recomienda reparar baches, consolidar los tramos críticos de los caminos y revisar pendientes, desagües y alcantarillas para facilitar la evacuación del agua. También conviene identificar las zonas donde se concentra el tránsito —entradas a potreros, tranqueras, bebederos, comederos y corrales de espera— porque el pisoteo genera barro con rapidez.
Si un potrero o corral deja de ser transitable, debe habilitarse una alternativa con piso seguro, agua, alimento y un lugar seco para descansar. Trasladar animales a superficies duras puede resolver parte del problema, pero mantenerlos durante períodos prolongados sobre hormigón desnudo también puede limitar el descanso. Otra opción es restringir temporalmente el pastoreo de los potreros más vulnerables, siempre que se garantice suficiente alimento.
Cuando el barro limita el acceso a las pasturas, puede ser necesario ajustar la suplementación y reformular las dietas según los recursos disponibles. Los cambios no deben hacerse de forma brusca: sustituir demasiado forraje por concentrados ricos en almidón puede elevar el riesgo de acidosis ruminal subaguda. El balance debe contemplar energía, fibra físicamente efectiva y composición general de la ración.
En el ordeño, si las ubres y los pezones llegan muy sucios, la limpieza previa adquiere mayor importancia. Si se utiliza agua, debe ser limpia y aplicarse a baja presión, con secado completo antes de colocar las pezoneras. El informe también aconseja mantener la desinfección posterior y vigilar mastitis, rengueras y lesiones podales, sin recurrir a antibióticos preventivos indiscriminados.
El control del agua de bebida, la seguridad de los trabajadores y el funcionamiento del sistema de efluentes completa el plan. La recomendación central es anticiparse: ordenar la circulación, cuidar el descanso y adaptar la alimentación antes de que el barro comprometa las tareas cotidianas.