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Un feedlot de 100.000 cabezas que también siembra: el modelo integrado que produce su propio alimento

Ser Beef combina 13.700 hectáreas agrícolas, riego y reciclaje de estiércol para abastecer parte de la alimentación de uno de los mayores feedlots del país

Un feedlot de 100.000 cabezas que también siembra: el modelo integrado que produce su propio alimento
martes 11 de agosto de 2026

Con capacidad para 100.000 animales, Ser Beef desarrolló en el centro de San Luis un modelo productivo que integra agricultura bajo riego y engorde a corral para reducir costos logísticos y asegurar parte de la alimentación del ganado. El establecimiento, ubicado cerca de Granville, cuenta actualmente con unas 13.700 hectáreas agrícolas, de las cuales 9.500 se destinan a maíz y algo más de 4.000 a soja, aunque la empresa todavía debe comprar en la región cerca de dos tercios del maíz que consume el feedlot. El caso fue presentado por Bichos de Campo, a partir de información aportada por Nicolás Ríos Centeno, gerente de producción agrícola de la firma e integrante del grupo CREA Valle del Conlara.

El proyecto comenzó hace casi tres décadas, cuando Ser Beef adquirió cinco campos próximos a Granville y decidió transformar parte de esa superficie mediante agricultura intensiva.

Un feedlot de 100.000 cabezas que también siembra: el modelo integrado que produce su propio alimento

La estrategia tenía un objetivo definido desde el comienzo: generar suficiente alimento para sostener una operación ganadera de gran escala.

Para conseguirlo, la compañía avanzó con el desmonte de tierras y la instalación de sistemas de riego por pivote central.

La agricultura y la ganadería quedaron así vinculadas dentro de un esquema en el que cada actividad tiene su propia lógica económica, pero existe una relación directa entre ambas.

La particularidad del modelo es que Ser Beef no es propietaria de los animales que se engordan. La compañía presta un servicio de hotelería a productores ganaderos de San Luis y de otras localidades, mientras que la unidad agrícola funciona como un negocio separado.

La conexión aparece principalmente en el maíz.

La mayor parte de la cosecha de este cereal se destina a la alimentación de los animales alojados en el feedlot, mientras que la soja se comercializa en el mercado.

Maíz cerca de los corrales

La estructura agrícola actual se organiza bajo una rotación maíz-maíz-soja.

La elección responde tanto a criterios agronómicos como económicos. Al estar el feedlot dentro del establecimiento, el costo de transportar el maíz desde los lotes hasta los corrales es muy bajo.

“Nuestro esquema es maíz-maíz-soja. Al tener el feedlot dentro del campo, el negocio del maíz es muy atractivo porque el flete hasta los corrales es mínimo”, explicó Ríos Centeno, según Bichos de Campo.

La escala agrícola es considerable, pero no alcanza para cubrir toda la demanda del feedlot.

La producción propia de maíz abastece aproximadamente un tercio del consumo. Por esa razón, Ser Beef se convirtió en un comprador importante de cereal dentro de la zona.

La situación muestra que incluso un establecimiento con miles de hectáreas agrícolas puede depender del mercado para completar sus necesidades de alimentación.

La diferencia es que la producción propia permite asegurar una parte de la demanda y reducir el impacto del costo logístico.

La soja, en cambio, sigue un destino comercial diferente y se vende en el mercado.

El modelo permite, de esta manera, combinar una actividad agrícola destinada principalmente al abastecimiento interno con otra que genera ingresos mediante la comercialización externa al establecimiento.

El riego cambia la ecuación

Uno de los principales activos productivos de Ser Beef es su infraestructura de riego por pivote central.

La empresa llegó a instalar decenas de equipos para estabilizar la producción agrícola en una región donde las lluvias son relativamente escasas y presentan una elevada variabilidad entre campañas.

En el área donde se encuentra el establecimiento, el régimen anual ronda los 590 milímetros, con mayor concentración durante enero y un mínimo en julio.

El riego permite reducir el impacto de esas fluctuaciones.

Los rindes de maíz alcanzan entre 90 y 100 quintales por hectárea bajo riego, frente a unos 60 quintales en condiciones de secano.

Pero la diferencia no se limita al rendimiento promedio.

Ríos Centeno explicó que la variabilidad interanual también es mucho menor cuando se cuenta con agua asegurada.

“En secano tenemos un coeficiente de variación interanual de los rindes de alrededor del 35%, porque el régimen de lluvias en San Luis es muy variable. Con riego ese valor baja al 12-15%, lo que nos da mayor previsibilidad y nos permite saber que una parte de la producción está prácticamente asegurada”, señaló a Bichos de Campo.

Esa previsibilidad tiene un valor económico adicional para una empresa que necesita garantizar una cantidad importante de alimento para el feedlot.

Sin embargo, existe un límite: el costo de utilizar el riego.

La energía obliga a apagar pivotes

La infraestructura disponible supera actualmente el nivel de utilización previsto para esta campaña.

La empresa cuenta con 34 pivotes capaces de cubrir alrededor de 3.500 hectáreas, pero solo 20 estarán operativos durante el ciclo agrícola actual.

La razón es económica.

Un feedlot de 100.000 cabezas que también siembra: el modelo integrado que produce su propio alimento

El incremento de los costos energéticos modificó la rentabilidad de algunos equipos. En determinados lotes, el costo de aplicar agua dejó de justificar el incremento de rendimiento que se obtiene.

Regamos menos de lo que podríamos por una cuestión de rentabilidad. El riego está caro y hoy no todos los pivotes son económicamente viables”, explicó Ríos Centeno.

El costo promedio de aplicación se ubica en torno a US$1,35 por milímetro, aunque existen diferencias según el lote.

La energía representa aproximadamente el 51% del costo total del riego. El resto corresponde principalmente a mantenimiento, reparaciones, repuestos, personal y al canon provincial por el uso del agua.

La situación genera una paradoja para el establecimiento: existe infraestructura instalada y capacidad para aumentar la producción, pero no siempre resulta rentable poner todos los equipos en funcionamiento.

Los 14 pivotes que quedarán detenidos esta campaña representan una capacidad productiva que la empresa podría utilizar desde el punto de vista técnico, pero que no encuentra justificación económica bajo los costos actuales.

La alternativa solar entra en evaluación

Ante el peso que tiene la energía dentro del costo del riego, Ser Beef analiza la posibilidad de incorporar energía fotovoltaica.

La alternativa ya comenzó a ser adoptada por otros productores de la región, algunos de los cuales instalaron paneles solares y redujeron su dependencia de la red eléctrica convencional.

El proyecto todavía se encuentra en evaluación.

Una de las dificultades está relacionada con la necesidad de disponer de energía en horarios en los que la generación solar es menor o directamente inexistente.

Ríos Centeno explicó que, desde el punto de vista productivo, un sistema exclusivamente solar podría generar restricciones porque no permitiría regar durante la noche o cuando no exista suficiente radiación.

Aun así, la alternativa aparece como una posibilidad para reducir uno de los principales costos del sistema.

La decisión dependerá de la inversión necesaria, el ahorro energético y el impacto sobre la productividad.

El feedlot también fertiliza los campos

La integración entre agricultura y ganadería no termina en el maíz.

Ser Beef desarrolló además un sistema para utilizar el estiércol generado por los animales encerrados como fuente de nutrientes para los lotes agrícolas.

El mecanismo permite devolver al suelo parte de los nutrientes que salen de los cultivos y, al mismo tiempo, reducir la necesidad de comprar fertilizantes minerales.

Un feedlot de 100.000 cabezas que también siembra: el modelo integrado que produce su propio alimento

La empresa comenzó hace ocho años a distribuir estiércol en sus campos.

Hace ocho años que aplicamos estiércol en todos nuestros lotes, con resultados espectaculares. Los suelos de hoy son mejores que los que había cuando estos campos se compraron hace tres décadas”, destacó Ríos Centeno, según Bichos de Campo.

El impacto se observa especialmente en algunos nutrientes.

El responsable agrícola señaló que los suelos muestran niveles elevados de fósforo y zinc como consecuencia de la aplicación sostenida del material orgánico.

En una región donde los suelos presentan aproximadamente 1% de materia orgánica, el establecimiento logró aumentar ese indicador desde cerca de 1,1% hasta 1,2%.

Aunque el incremento puede parecer pequeño en términos porcentuales, representa una mejora en un indicador asociado con la calidad y capacidad productiva del suelo.

Menos fertilizante mineral

El uso sistemático de estiércol también modificó la estrategia de fertilización.

Actualmente, la empresa compra solamente una cantidad reducida de urea y concentra sus esfuerzos en la distribución del material proveniente del feedlot.

Para realizar esa tarea utiliza equipos esparcidores con capacidad aproximada de 20 toneladas.

La aplicación se concentra durante el invierno, cuando los lotes se encuentran sin cultivo.

De esta manera, la distribución puede realizarse sin interferir con las labores agrícolas principales.

Además, la cantidad de estiércol generado supera las necesidades de los campos propios.

El excedente se entrega sin costo a productores de la zona.

El sistema crea así un circuito de nutrientes entre la actividad ganadera y la agrícola.

El maíz extrae nutrientes del suelo y se transforma en alimento para los animales. El ganado genera estiércol, que luego vuelve a los lotes para contribuir a la reposición de nutrientes.

El proceso no elimina por completo la necesidad de fertilización, pero reduce la dependencia de insumos externos y permite aprovechar un subproducto que, de otro modo, requeriría un manejo específico.

Un modelo que busca controlar los costos

El caso de Ser Beef muestra cómo la escala puede permitir integrar distintas etapas de una actividad agropecuaria.

El feedlot necesita grandes volúmenes de alimento. La agricultura aporta parte de ese maíz. El riego busca reducir la incertidumbre climática. Y el estiércol vuelve al campo como fuente de nutrientes.

El modelo no está exento de problemas.

La principal dificultad actual aparece en los costos energéticos del riego, que obligan a dejar fuera de funcionamiento parte de la infraestructura disponible.

La situación demuestra que una inversión productiva puede perder competitividad si cambian los costos operativos.

Por eso, la empresa analiza nuevas alternativas tecnológicas, como la generación solar, para recuperar parte de la capacidad instalada.

Al mismo tiempo, la utilización del estiércol permite mejorar la eficiencia del sistema y reducir gastos en fertilizantes.

La integración, en definitiva, no elimina los desafíos económicos, pero ofrece herramientas para administrarlos.

Con 100.000 cabezas de capacidad, 13.700 hectáreas agrícolas y una infraestructura de riego desarrollada durante casi 30 años, Ser Beef representa una escala poco habitual dentro de la producción ganadera argentina.

Su experiencia también muestra que detrás de un gran feedlot existe una estructura agrícola capaz de producir, comprar, transportar y transformar miles de toneladas de granos.

El desafío para los próximos años estará en mantener competitiva esa maquinaria productiva.

El costo del riego, el precio del maíz, la eficiencia de conversión del ganado y el aprovechamiento de los nutrientes serán variables centrales.

En un contexto en el que la ganadería busca aumentar su producción y mejorar sus márgenes, el caso de Ser Beef pone en evidencia que producir carne a gran escala requiere mucho más que corrales: necesita una estrategia agrícola, energética y ambiental capaz de sostener el abastecimiento de alimento y controlar los costos.

 

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