Después de más de ocho meses de inactividad, Lácteos Verónica retomó esta semana las pruebas de producción en su planta de Suardi, Santa Fe, mediante un esquema de trabajo a fasón acordado con otra empresa del sector. El reinicio involucra por ahora a entre 30 y 40 trabajadores, con jornadas reducidas de cuatro horas, y representa un alivio parcial para una compañía que atraviesa una profunda crisis financiera, con un pasivo cercano a los $16.000 millones, tres establecimientos paralizados y un concurso preventivo de acreedores en trámite. La situación fue informada por TN Campo, en una nota firmada por Leo Mirenda.
La puesta en marcha de las calderas permitió realizar las primeras pruebas para el secado de leche en polvo, después de meses sin actividad industrial. Sin embargo, el regreso no implica por el momento una normalización de las operaciones ni garantiza la continuidad de todos los puestos de trabajo.
El esquema funciona bajo la modalidad de fasón, por la cual una empresa procesa materia prima o productos por encargo de un tercero. En este caso, el acuerdo está vinculado con Copalac, firma con la que Lácteos Verónica mantenía obligaciones económicas.
Para los empleados, la reactivación constituye una señal positiva, aunque de alcance limitado. Juan Orona, trabajador de la compañía, explicó a TN Campo que el acuerdo tiene un horizonte acotado. “Ese trabajo es un trabajo pasajero, porque más de 4 ó 5 meses no van a laburar”, afirmó.
La incertidumbre también se refleja en la situación económica de los operarios. Según relató Orona a TN Campo, durante el período de paralización muchos trabajadores tuvieron que buscar otras fuentes de ingresos. “Cada uno de todos nosotros estamos laburando por nuestra cuenta, haciendo un trabajito de albañil o lo que fuera”, señaló.
La planta de Suardi cuenta con un plantel de alrededor de 90 trabajadores, pero la actividad que acaba de comenzar alcanza a menos de la mitad. Los operarios convocados cumplen turnos de cuatro horas y participan de las pruebas técnicas necesarias para poner nuevamente en funcionamiento el proceso industrial.
El reinicio representa, además, el regreso de la materia prima a una fábrica que permaneció sin producción durante más de ocho meses. La posibilidad de volver a utilizar parte de las instalaciones ofrece una alternativa para sostener la actividad mientras se intenta definir el futuro de la compañía.
El escenario, sin embargo, continúa siendo complejo. Las otras dos plantas de Lácteos Verónica, ubicadas en Clason y Lehmann, permanecen paralizadas.
Entre los trabajadores también circuló la posibilidad de que otra compañía cordobesa pueda implementar un esquema similar en la planta de Lehmann. Hasta el momento, esa alternativa aparece como una posibilidad y no como una reapertura confirmada.
La diferencia entre una reactivación parcial y una recuperación integral resulta central para los trabajadores. El regreso de un grupo reducido de empleados a Suardi no alcanza para resolver la situación de los más de 400 operarios vinculados con las tres plantas santafesinas.
La crisis industrial está acompañada por un complejo proceso judicial. Lácteos Verónica solicitó la apertura de su concurso preventivo de acreedores ante el Juzgado Nacional en lo Comercial N.º 17, Secretaría N.º 34, con sede en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
La presentación busca ordenar las obligaciones de la compañía frente a sus acreedores y evitar que los reclamos individuales deriven en pedidos de quiebra. De acuerdo con la información publicada por TN Campo, la Justicia cuenta con un plazo de 10 días hábiles para resolver sobre la apertura formal del proceso preventivo.
La empresa enfrenta obligaciones financieras, comerciales y laborales que complican su capacidad de retomar la producción de manera sostenida. Los datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA) citados en la investigación muestran compromisos con bancos públicos y privados por aproximadamente $4.744 millones.
Entre las entidades mencionadas aparecen Banco Provincia, Banco Nación, Banco Ciudad, Galicia y Santander.
A esa deuda financiera se suma la acumulación de cheques rechazados. Los registros consignan 3.666 cheques rechazados, por un monto cercano a $11.278 millones. El cuadro se completa con acreencias comerciales con proveedores de leche que, según la información difundida, rondarían los US$60 millones.
La magnitud de esos compromisos explica por qué la reapertura de una planta no puede interpretarse de manera aislada. La empresa necesita no solo recuperar producción, sino también encontrar una estructura financiera que permita sostener la operación, atender sus obligaciones y recuperar la confianza de proveedores y trabajadores.
La situación laboral constituye uno de los puntos más delicados del proceso. Los trabajadores de las distintas plantas llevan meses atravesando dificultades vinculadas con el pago de sus salarios, en un contexto en el que la actividad productiva permaneció interrumpida.
La falta de ingresos regulares obligó a parte del personal a buscar trabajos alternativos para sostener a sus familias. La eventual recuperación de la actividad en Suardi puede ofrecer una fuente de ingresos para un grupo reducido, pero no resuelve el problema del conjunto de los trabajadores.
En paralelo, la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (ATILRA) mantiene un papel relevante frente al conflicto laboral y las definiciones que puedan surgir a partir del proceso concursal.
El futuro de los empleados dependerá en buena medida de la capacidad de la compañía para sostener una actividad industrial que vaya más allá de los contratos temporarios y de la resolución de sus obligaciones con acreedores.
Por eso, el esquema de fasón representa una solución de corto plazo antes que una respuesta definitiva. Permite poner en funcionamiento parte de la infraestructura, generar actividad y recuperar el movimiento de materia prima, pero no resuelve por sí solo la estructura de costos ni el endeudamiento acumulado.
El acuerdo que permitió la reapertura de Suardi está vinculado con Copalac, empresa a la que Lácteos Verónica mantenía una deuda. La modalidad permite aprovechar instalaciones que permanecían inactivas y generar una operación productiva sin que la compañía tenga que asumir por sí sola toda la carga financiera asociada al proceso.
El esquema cuenta además con el respaldo estratégico de Mexicano de Industrias y Marcas (MIYM), un grupo del sector lácteo que participa en la logística y en el abastecimiento de materia prima necesario para las pruebas de producción.
La puesta en marcha requiere resolver también los costos fijos que implica mantener operativa una planta industrial. En ese marco, la firma gestiona ante la Empresa Provincial de la Energía (EPE) un período de gracia para el pago del servicio eléctrico.
El pedido adquiere importancia porque el consumo energético constituye uno de los costos relevantes de una industria que necesita utilizar calderas y equipos de procesamiento. Para una fábrica que intenta reiniciar operaciones después de meses de parálisis, reducir la presión de esos gastos puede ser determinante para sostener la actividad inicial.
La reapertura de Suardi constituye el primer movimiento concreto hacia una recuperación productiva de Lácteos Verónica, pero el alcance de la medida todavía es limitado.
La empresa continúa con dos plantas paralizadas, enfrenta un pasivo multimillonario y espera una definición judicial sobre su concurso preventivo. Al mismo tiempo, los trabajadores atraviesan una situación de incertidumbre y una parte importante del personal continúa sin una actividad industrial estable.
El principal interrogante es si el esquema a fasón podrá convertirse en un punto de partida para una recuperación más amplia o si quedará limitado a una operación temporal. La propia advertencia de los trabajadores sobre la duración estimada del acuerdo refleja las dudas que existen sobre la continuidad de la producción.
Para que la reapertura tenga un impacto estructural, será necesario resolver varios frentes al mismo tiempo: el endeudamiento, la regularización de los salarios, el abastecimiento de materia prima, los costos energéticos y la continuidad comercial.
Mientras tanto, el regreso de las calderas en Suardi aporta una señal concreta en una crisis que llevaba meses sin actividad industrial. El desafío ahora será transformar esas primeras pruebas de producción en un esquema sostenible que permita recuperar progresivamente la actividad y brindar previsibilidad a los trabajadores.
La situación judicial será una pieza central de ese proceso. La eventual apertura del concurso preventivo permitirá ordenar las obligaciones de la compañía y establecer el marco para negociar con sus acreedores. En paralelo, la evolución de los acuerdos a fasón determinará cuánto margen existe para mantener abiertas las instalaciones y recuperar puestos de trabajo.
Por el momento, Suardi vuelve a producir, pero Lácteos Verónica todavía está lejos de haber superado su crisis. La reactivación de una parte de la fábrica representa un alivio después de ocho meses de parálisis, aunque el futuro de la empresa y de cientos de trabajadores continúa condicionado por una deuda que compromete su continuidad.