Ideas & Opiniones / Negocios & Mercados Agro

El consumo de carne cambia de rumbo: el dato de Estados Unidos que desafía al agro argentino

Un especialista advirtió que mascotas y consumidores más exigentes cambiarán la demanda de proteína y obligarán a adaptar la producción

El consumo de carne cambia de rumbo: el dato de Estados Unidos que desafía al agro argentino
miércoles 26 de agosto de 2026 - 07:39

El futuro de la producción de carne y leche estará condicionado no solo por la capacidad de generar más alimentos, sino por los cambios en quiénes los consumen, según planteó el científico e investigador argentino Gustavo Schuenemann durante el 2° Congreso Argentino de Forrajes, realizado en Córdoba. En su exposición, el especialista puso el foco en la transformación de los hábitos de consumo, la expansión del mercado de alimentos para mascotas, la escasez de mano de obra y el avance tecnológico, y destacó que la Argentina cuenta con condiciones favorables para responder a una demanda mundial que será cada vez más diversa.

El dato que concentró buena parte de la atención durante la presentación fue el comportamiento del mercado estadounidense. Según explicó Schuenemann, el 35% de la proteína animal producida en Estados Unidos ya no termina en la alimentación humana, sino que se destina a perros y gatos.

La cifra incluye proteína proveniente de distintas especies, entre ellas bovinos, porcinos, aves y peces. Para el investigador, este fenómeno es una señal de que las cadenas productivas deberán observar con mayor atención los cambios demográficos y culturales que modifican el destino final de los alimentos.

El consumo de carne cambia de rumbo: el dato de Estados Unidos que desafía al agro argentino

“Ustedes van a tener que producir proteína, pero no necesariamente va a ser para las personas”, planteó Schuenemann durante su exposición, según consignó TodoAgro, medio que difundió los conceptos de su presentación.

La advertencia apunta a una transformación que excede al mercado de mascotas. El especialista considera que los productores deberán anticiparse a una sociedad con nuevas estructuras familiares, mayores exigencias sobre los alimentos y una relación diferente con los animales domésticos.

Más mascotas y menos nacimientos

Uno de los datos utilizados por Schuenemann para explicar ese cambio fue la relación entre nacimientos y nuevas mascotas en Estados Unidos. Según señaló durante el Congreso, el año pasado nacieron alrededor de 3,7 millones de bebés, mientras que se incorporaron aproximadamente 12,6 millones de mascotas.

La proporción equivale a unas cuatro mascotas por cada nacimiento y permite dimensionar el peso que adquirió el mercado de alimentos destinados a animales domésticos.

El cambio demográfico también modifica la composición de los hogares. El investigador resumió esa transformación con una descripción diferente de la familia tradicional: “Hoy el consumidor nuestro está representado así: por dos adultos, 1,3 hijos y dos mascotas”, afirmó, de acuerdo con TodoAgro.

Más allá de la cifra puntual, el concepto central es que las cadenas agroalimentarias enfrentan una demanda que ya no puede analizarse únicamente a partir del crecimiento de la población humana.

El envejecimiento poblacional, la reducción del tamaño de los hogares, la tenencia de mascotas y la aparición de nuevos hábitos de consumo pueden modificar qué proteínas se demandan, en qué cantidades y con qué características.

Para los sectores productores de carne y leche, esto significa que aumentar la oferta no necesariamente garantiza una mayor participación en los mercados. También será necesario conocer qué atributos buscan los consumidores y qué segmentos están dispuestos a pagar por ellos.

Salud, calidad y nuevas exigencias

Schuenemann también señaló que la alimentación ocupa un lugar cada vez más importante en las preocupaciones de los consumidores.

La búsqueda de alimentos asociados con una mejor salud y una mayor expectativa de vida genera nuevas demandas sobre las cadenas productivas. “Todo el mundo quiere vivir 30 años más”, resumió el especialista, según la cobertura de TodoAgro.

En ese contexto, la discusión sobre proteína animal comienza a incorporar variables que van más allá del volumen producido. La calidad del alimento, su composición, la eficiencia del sistema productivo y las condiciones bajo las cuales se obtiene pueden convertirse en factores determinantes para diferenciar productos.

La tendencia también impacta sobre los sistemas ganaderos. La producción de carne y leche requiere no solo animales y superficie, sino también una alimentación capaz de sostener buenos niveles de conversión y productividad.

Por eso, la calidad del forraje ocupó un lugar central en la presentación del investigador. El manejo del alimento destinado al rodeo, su conservación y sus condiciones sanitarias tienen efectos directos sobre la eficiencia del sistema.

Durante el encuentro, Schuenemann destacó que la higiene es uno de los componentes para evaluar la calidad del forraje y mejorar el resultado productivo. El planteo desplaza la discusión desde una lógica basada únicamente en toneladas producidas hacia otra que considera cuánto valor genera efectivamente ese alimento una vez incorporado al sistema ganadero.

La tecnología frente a la falta de trabajadores

Otro de los desafíos que atraviesa a la ganadería y la lechería es la disponibilidad de mano de obra.

La dificultad para encontrar trabajadores dispuestos a realizar determinadas tareas está modificando la estructura de los establecimientos. En los sistemas lecheros, esta situación es especialmente visible en actividades que requieren presencia durante horarios poco atractivos.

“Nadie quiere ordeñar de noche. Nadie quiere ordeñar el fin de semana”, explicó Schuenemann durante su exposición, según TodoAgro.

La tecnología aparece así como una respuesta a una necesidad concreta. La automatización, los sistemas de monitoreo, la agricultura y ganadería de precisión y las herramientas digitales pueden reducir la dependencia de determinadas tareas manuales y mejorar la organización del trabajo.

Pero el investigador planteó una advertencia: incorporar tecnología no garantiza por sí mismo mejores resultados.

Los equipos y sistemas deben adaptarse a las condiciones reales de producción y resolver problemas específicos. “Tenemos que hacerla funcionar”, sostuvo Schuenemann, en referencia a la necesidad de que las herramientas tecnológicas efectivamente sean aplicables a los establecimientos.

La modernización, por lo tanto, no debería evaluarse solo por la cantidad de tecnología incorporada, sino por el impacto que genera sobre la productividad, los costos, el trabajo y la gestión.

Argentina tiene una ventaja, pero necesita convertirla en eficiencia

En el análisis de Schuenemann, la Argentina aparece con condiciones favorables para responder al crecimiento de la demanda global de alimentos.

El país dispone de una amplia superficie productiva, recursos hídricos y capacidad para desarrollar sistemas a escala. Además, presenta una densidad poblacional inferior a la de regiones como Europa, Estados Unidos y distintas zonas de Asia.

“El país está extremadamente posicionado en un muy buen lugar para producir alimento”, sostuvo el investigador, de acuerdo con TodoAgro.

La disponibilidad de recursos naturales, sin embargo, no alcanza para garantizar una ventaja competitiva permanente. El desafío consiste en transformar esas condiciones en sistemas capaces de producir de manera eficiente, rentable y sostenible.

Para eso será necesario incorporar conocimiento, tecnología y capacitación. También desarrollar profesionales preparados para interpretar mercados internacionales y comprender cómo evolucionan las necesidades de los consumidores.

La transformación no se limita a la producción primaria. También involucra a la industria, la logística, la comercialización y los servicios asociados al sector agropecuario.

El forraje como variable de rentabilidad

En la producción de carne y leche, una de las claves para mejorar los resultados se encuentra en el alimento que reciben los animales.

La cantidad de forraje disponible es importante, pero también lo son su calidad, higiene, conservación y utilización. Una materia prima de mayor calidad puede contribuir a mejorar el desempeño productivo y reducir pérdidas dentro del sistema.

La discusión adquiere relevancia en un escenario en el que los costos de alimentación representan una parte significativa de la estructura económica de los establecimientos ganaderos y lecheros.

Schuenemann sintetizó esta lógica al referirse al negocio lechero como un sistema en el que controlar las variaciones permite reducir la exposición al riesgo.

“El negocio lechero es el arte de controlar la variación para poder controlar el riesgo”, afirmó durante el Congreso Argentino de Forrajes, según la cobertura de TodoAgro.

La frase resume uno de los principales desafíos para los productores: administrar variables que no siempre pueden controlar, como el clima, los precios, la disponibilidad de mano de obra o la evolución de la demanda.

La respuesta pasa por mejorar aquello que sí puede gestionarse. La calidad del alimento, la eficiencia de los procesos, el uso de información y la incorporación de tecnologías apropiadas forman parte de esa estrategia.

Una demanda que obliga a mirar más allá del campo

El planteo presentado en Córdoba deja una conclusión que excede a la ganadería argentina. La pregunta sobre para quién se produce proteína animal empieza a ser tan importante como cuánto se produce.

El crecimiento del mercado de alimentos para mascotas es una de las señales más visibles de ese cambio. Pero detrás aparecen transformaciones más profundas: familias más pequeñas, menor cantidad de nacimientos, mayor expectativa de vida, consumidores más atentos a la salud y dificultades crecientes para cubrir determinados puestos de trabajo.

Todos esos factores pueden modificar la estructura de las cadenas agroalimentarias durante los próximos años.

Para Argentina, la oportunidad está vinculada con su capacidad de producir alimentos a escala y con una disponibilidad de recursos naturales que le permite competir en el mercado internacional. Pero esa ventaja deberá complementarse con eficiencia, tecnología, conocimiento y calidad.

La producción de carne y leche del futuro, según la mirada expuesta por Schuenemann, no estará definida exclusivamente por la cantidad de animales o las hectáreas disponibles. También dependerá de la capacidad del sector para interpretar las nuevas demandas y adaptar sus sistemas.

En ese escenario, los datos sobre consumo de proteína en Estados Unidos funcionan como una señal para toda la cadena. La producción agropecuaria tendrá que mirar más allá de los límites del establecimiento y entender qué ocurre en los hogares, qué alimentos ganan espacio y qué factores determinan las decisiones de compra.

La competencia ya no será únicamente por producir más. Será también por producir la proteína adecuada, con la calidad esperada y al costo que permita sostener el negocio.

Para un país con vocación exportadora y una fuerte base agropecuaria como Argentina, anticipar esos cambios puede convertirse en una ventaja. La discusión planteada en el Congreso de Forrajes instala así un interrogante que atraviesa a todo el sector: si el consumidor está cambiando, la producción también deberá hacerlo.

 

Invertí en periodismo de calidad

En Agroempresario trabajamos para acercarte contenidos que agregan valor.
Quiero suscribirme

Todas las Categorías

¡Envianos tus Contenidos!

Difundí tus Ideas, Conocimientos, Experiencias, Opiniones y Proyectos.


¡Juntos el Campo es más fuerte!















¡Juntos por la eliminación
de las Retenciones!

Te invitamos a contarle a todos los argentinos por qué es bueno eliminar las Retenciones.

¡Sumá tu Stand!

Publicá tu marca en la plataforma líder del agro y aumentá tus ventas hoy.

Recibí los mejores contenidos

Suscribite a nuestro Newsletter y sigamos agregando valor.

Agroempresrio

¡Contenidos que agregan valor!