Una familia de productores de Exaltación de la Cruz, en el noreste de la provincia de Buenos Aires, transformó un emprendimiento iniciado con apenas 8 vacas en una empresa láctea que actualmente cuenta con tambo, fábrica, cuatro locales comerciales y 28 empleados. La historia de los Álvarez comenzó en 2004 con la elaboración artesanal de quesos y hoy incluye producción de leche de vaca y oveja, distribución propia y una amplia variedad de productos, según informó Bichos de Campo.
Mauricio Álvarez, de 44 años, trabaja junto a su padre y sus hermanos en un proyecto familiar que lleva el nombre de Lácteos Don Manuel. La empresa nació en homenaje a su abuelo, vinculado durante generaciones a la actividad tambera.
El primer paso fue en una granja educativa ubicada en Los Cardales. Allí, Mauricio y su hermano Sebastián comenzaron a ordeñar ocho vacas y elaboraron sus primeros quesos artesanales, entre ellos un semiduro tipo minigouda y distintas variedades saborizadas.

El emprendimiento creció durante los años siguientes. En ocho años llegaron a tener 120 vacas, pero en 2012 la estancia donde funcionaba la actividad fue vendida y la familia tuvo que trasladarse.
El nuevo destino fue un campo de 320 hectáreas cerca de Diego Gaynor, dentro del partido de Exaltación de la Cruz. Allí encontraron un tambo que estaba próximo a cerrar y recibieron 80 vacas en capitalización. Con los animales trasladados desde Los Cardales, llegaron a unas 200 vacas en ordeñe.
En 2013 nació formalmente Lácteos Don Manuel, una marca familiar que con el tiempo amplió tanto su producción como sus canales de comercialización.

Actualmente, la empresa cuenta con un tambo mecánico de 14 bajadas y procesa alrededor de 11.000 litros de leche por día. El rodeo está compuesto principalmente por vacas Holando, con algunas cruzas con Jersey.
El sistema productivo es pastoril. Las vacas se alimentan a campo y reciben suplementos de soja y maíz durante el ordeñe.
La leche se transforma en distintos tipos de quesos. Entre ellos se encuentran cremoso, barra, sardo, provoleta, Holanda, pategrás y minigouda, además de variedades saborizadas y ahumadas.
La empresa también aprovecha el suero generado durante la elaboración para producir ricota, cuyo principal destino son las fábricas de pastas.

La escala alcanzada refleja el crecimiento del proyecto familiar: actualmente producen unos 32.000 kilos de queso, 9.200 kilos de ricota y 3.500 kilos de crema por mes.
Uno de los cambios más importantes en la estrategia comercial fue avanzar sobre la venta directa. La familia alquiló cuatro locales ubicados en puntos estratégicos de la región.
Los establecimientos están en Chenaut, sobre la Ruta 193; en el cruce de las rutas 6 y 8; en San Antonio de Areco y en Capilla del Señor, en ambos casos frente a las plazas principales.
Según explicó Mauricio Álvarez, cerca del 15% de la producción de quesos se comercializa actualmente a través de esos locales, mientras que el resto llega a distribuidoras de la Ciudad de Buenos Aires.
La intención de la familia es ampliar esa red para incrementar la participación de la venta directa y mejorar el margen obtenido por cada producto.
El proyecto incorporó además una segunda actividad. En septiembre de 2023, los Álvarez pusieron en marcha un tambo de ovejas en un campo de 56 hectáreas ubicado en el paraje La Lata.

Después de incorporar 100 madres de razas Frisona y Pampinta, el establecimiento alcanzó unas 350 ovejas madres.
La leche ovina también es enviada a la fábrica familiar y se utiliza para elaborar quesos pecorinos, entre ellos variedades duras, semiduras y provoleta.
La producción ovina funciona de manera estacional. Las ovejas tienen sus pariciones hacia agosto y el ordeñe se extiende aproximadamente hasta febrero.
En total, la empresa familiar sostiene actualmente 28 puestos de trabajo, distribuidos entre la fábrica, los tambos y los locales comerciales.
El crecimiento de la empresa también estuvo acompañado por cambios en la estrategia comercial. La familia busca reducir su dependencia del mercado mayorista y aumentar la elaboración de productos con mayor tiempo de maduración.

El objetivo es ofrecer quesos de mayor valor agregado y comercializarlos directamente a consumidores y comercios.
Mauricio Álvarez explicó que la empresa quiere seguir diferenciándose mediante productos artesanales, ahumados y sardos, además de ampliar la cantidad de locales propios.
La historia de los Álvarez muestra cómo un emprendimiento que comenzó con ocho vacas y una pequeña sala de elaboración logró integrar distintas etapas de la cadena: producción de leche, procesamiento, elaboración de alimentos y comercialización directa.