El mejoramiento genético de alfalfa desarrollado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) tuvo presencia en China, donde Ariel Odorizzi, director del INTA Manfredi, presentó los avances del programa argentino en la Conferencia Académica Internacional sobre Bienestar Agrícola 2026. La exposición mostró la trayectoria de la investigación pública en genética forrajera y la incorporación de herramientas biotecnológicas y de análisis ambiental, según publicó TodoAgro el 3 de noviembre de 2026.
El programa del INTA Manfredi acumula más de cinco décadas de investigación y desarrollo. Desde 1970, el equipo obtuvo cerca de 20 variedades de alfalfa, resultado de un trabajo sostenido de selección y evaluación genética.
Actualmente, el programa analiza alrededor de 40 poblaciones experimentales, con el objetivo de identificar materiales que permitan mejorar características productivas y su adaptación a diferentes condiciones ambientales.
La presentación internacional permitió compartir la experiencia argentina en el desarrollo de cultivares y mostrar cómo la investigación combina métodos tradicionales con nuevas herramientas para ampliar las posibilidades del mejoramiento vegetal.
El trabajo del INTA Manfredi se apoya en un proceso de selección y evaluación que busca obtener variedades con características agronómicas adecuadas para los distintos ambientes productivos.
Desde el inicio del programa en 1970, se desarrollaron cerca de 20 variedades. La continuidad de esa tarea permitió acumular información genética y agronómica, además de consolidar capacidades técnicas para evaluar materiales y seleccionar aquellos con mejores perspectivas.
El proceso actual incluye unas 40 poblaciones experimentales. Estas evaluaciones constituyen una etapa de investigación: no significa que todos los materiales estén disponibles para los productores ni que hayan completado el proceso de registro comercial.
El desarrollo de una nueva variedad demanda entre 8 y 12 años, un período que comprende distintas instancias de selección, evaluación y validación antes de su eventual llegada al mercado.
Entre las herramientas incorporadas al programa se encuentra la enviromics, un enfoque que analiza la relación entre el comportamiento de los materiales genéticos y las condiciones ambientales en las que se desarrollan.
Su aplicación permite estudiar cómo responden las poblaciones de alfalfa frente a diferentes escenarios y aporta información para seleccionar materiales con mejor adaptación.
El programa también combina el mejoramiento convencional con herramientas de edición génica. La integración de estas metodologías amplía las posibilidades de investigación y permite abordar características de interés agronómico desde diferentes perspectivas.
El objetivo es avanzar hacia variedades que respondan mejor a las condiciones ambientales y productivas, en un cultivo relevante para los sistemas ganaderos por su aporte forrajero.
El desarrollo no se concentra exclusivamente en Manfredi. El programa articula actividades con otras unidades del INTA ubicadas en Santiago del Estero, Rafaela y Castelar.
La participación de distintos equipos permite ampliar las evaluaciones y considerar ambientes y condiciones productivas diversas. Esa articulación resulta importante para analizar el comportamiento de los materiales y su posible adaptación a diferentes regiones.
La investigación también incluye vínculos con empresas privadas para avanzar en la transferencia tecnológica. Entre ellas se encuentra Palo Verde, con la que se desarrolló un trabajo conjunto que dio lugar a seis variedades registradas.
Esta articulación conecta la investigación y el desarrollo genético con las etapas posteriores de evaluación, registro y disponibilidad comercial.
La alfalfa ocupa un lugar importante en los sistemas ganaderos, por lo que la mejora de sus características productivas y su adaptación ambiental puede contribuir al desempeño de las cadenas forrajeras.
La experiencia presentada en China refleja la continuidad de un programa de investigación argentino que combina conocimiento acumulado, evaluación de poblaciones experimentales y nuevas herramientas biotecnológicas.
Los resultados del trabajo se construyen a largo plazo. El desafío consiste en transformar los avances científicos en variedades que respondan a las necesidades de los sistemas productivos y a la diversidad ambiental del país.