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Acuerdo UE-Mercosur: qué oportunidades abre para la agroindustria argentina y cuáles son los desafíos

Especialistas analizaron el impacto del tratado en carnes, granos y lácteos y remarcaron la importancia de la competitividad y la trazabilidad

Acuerdo UE-Mercosur: qué oportunidades abre para la agroindustria argentina y cuáles son los desafíos
jueves 20 de agosto de 2026

El acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur abre oportunidades para las cadenas agroindustriales argentinas, pero también plantea exigencias en materia de competitividad, costos, trazabilidad y cumplimiento ambiental. Así lo señalaron cuatro especialistas que participaron el 19 de agosto de 2026 de un encuentro virtual organizado por el Círculo de Periodistas y Comunicadores Agropecuarios de Córdoba (CIPAG), donde más de 60 periodistas, comunicadores y profesionales analizaron las perspectivas para los sectores de carne, granos y lácteos.

El debate puso el foco en un punto central: el acceso preferencial al mercado europeo puede ampliar las posibilidades de exportación, pero las empresas argentinas deberán enfrentar condiciones internas y requisitos internacionales cada vez más específicos. Entre los principales temas abordados estuvieron la eliminación gradual de aranceles, las cuotas, los derechos de exportación, las normas contra la deforestación y la trazabilidad digital de la producción ganadera.

La jornada formó parte del programa de capacitación continua del CIPAG y contó con las exposiciones de Ernesto Alejandro O’Connor, economista jefe de Confederaciones Rurales Argentinas; Patricia Bergero, asesora de la Bolsa de Comercio de Rosario; Daniel Urcía, presidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas; y Guillermo Pérez Mazás, gerente comercial de Gloria Argentina S.A.

El acuerdo frente al nuevo escenario internacional

O’Connor planteó que el contexto geopolítico actual volvió a incrementar el interés europeo por América del Sur. Según explicó durante el encuentro, el acuerdo contempla la eliminación inmediata de aranceles para el 70% de las exportaciones agroindustriales, mientras que para otros productos se establecen esquemas de reducción progresiva.

Sin embargo, el especialista advirtió que el acceso a una mayor demanda externa no alcanza por sí solo para garantizar un crecimiento de las exportaciones argentinas.

Entre los principales obstáculos mencionó la presión tributaria, la falta de financiamiento de largo plazo y los costos logísticos, factores que inciden directamente sobre la capacidad de las empresas para competir en mercados internacionales.

“Para aprovechar la demanda externa es urgente resolver problemas estructurales internos como la elevada presión tributaria, la falta de crédito de largo plazo y el costo logístico”, señaló O’Connor durante la actividad, según consignó TodoAgro, medio que informó sobre el encuentro.

El economista también llamó la atención sobre la necesidad de una coordinación más efectiva entre los países del Mercosur. Uno de los puntos sensibles es la administración de las cuotas, ya que una implementación descoordinada podría generar diferencias competitivas entre los integrantes del bloque.

Soja y derechos de exportación

La situación del complejo cerealero y oleaginoso fue analizada por Patricia Bergero, quien destacó el peso que tuvo la cadena de la soja en el comercio entre el Mercosur y la Unión Europea durante los últimos años.

De acuerdo con los datos presentados durante la jornada, entre el 40% y el 50% de los envíos argentinos a la UE durante la última década estuvieron vinculados con la cadena sojera.

Uno de los aspectos destacados por Bergero fue el tratamiento de los derechos de exportación. El acuerdo establece un esquema con un límite obligatorio y decreciente para las retenciones aplicadas a la soja, que llegaría al 14% a partir del séptimo año.

Para la especialista, esta disposición incorpora un condicionamiento relevante sobre las políticas domésticas vinculadas al comercio exterior.

Pero el desafío para el complejo agrícola no se limita a los aranceles. Las exigencias ambientales europeas adquieren una importancia creciente y pueden determinar el acceso efectivo de los productos argentinos al mercado.

En particular, Bergero mencionó el Reglamento 1115 de la Unión Europea, relacionado con la comercialización de productos asociados a la deforestación.

“El incumplimiento de exigencias como el Reglamento 1115 sobre deforestación puede habilitar al bloque europeo a suspender importaciones. Argentina debe ser estricta en la adecuación fitosanitaria y ambiental”, sostuvo la especialista, según TodoAgro.

Otro aspecto mencionado durante la exposición fue el calendario de las negociaciones comerciales. El Mercosur deberá comunicar a la Unión Europea la distribución de las cuotas correspondientes a 2027 antes del 30 de septiembre de 2026, de acuerdo con lo expuesto en el encuentro.

Carne vacuna: Europa como mercado de referencia

En el caso de la carne vacuna, Daniel Urcía destacó el valor estratégico que conserva el mercado europeo para la industria argentina.

El dirigente frigorífico definió a Europa como una “vidriera” para los cortes de mayor valor, en el marco de una relación comercial entre ambas regiones que, según señaló, lleva más de un siglo.

El acuerdo contempla un cupo regional de 99.000 toneladas, un volumen que será distribuido entre los países del Mercosur.

Más allá de esa cuota específica, Urcía sostuvo que la Argentina podría incrementar de manera significativa sus ventas externas durante los próximos años. Su proyección es que el país tiene capacidad para superar el millón de toneladas de carne vacuna exportadas anualmente a nivel global en un horizonte de cinco años, siempre que se mantengan condiciones de estabilidad macroeconómica y seguridad jurídica.

La apertura comercial, sin embargo, estará acompañada por una mayor demanda de información sobre el origen de la producción.

En ese punto, la trazabilidad digital aparece como una herramienta central. El sector deberá demostrar que la hacienda destinada al mercado europeo cumple con las condiciones ambientales exigidas por el bloque.

Urcía consideró que ese proceso no debería ser visto como una barrera imposible de superar.

“El cumplimiento de la trazabilidad digital mediante la emisión del ‘token’ en el SIGSA de SENASA para certificar hacienda libre de deforestación es un proceso sencillo”, afirmó, de acuerdo con TodoAgro.

El dirigente también señaló que la propia dinámica comercial podría generar una diferenciación entre los establecimientos capaces de acreditar el cumplimiento de los requisitos ambientales y aquellos que no cuenten con esa información.

“El propio mercado irá segregando la carne que cuenta con trazabilidad para abastecer a Europa de la que no la tiene”, sostuvo Urcía durante la jornada.

Lácteos: competir con valor agregado

El sector lácteo enfrenta un escenario diferente. Guillermo Pérez Mazás puso el foco en la marcada diferencia de escala existente entre la producción de la Unión Europea y la Argentina.

Según los datos expuestos, el bloque europeo produce alrededor de 14 veces más leche que la Argentina, una diferencia que condiciona la competencia en productos básicos.

Sin embargo, el especialista planteó que el acuerdo no implica una apertura inmediata y total para todos los productos lácteos. La desgravación de quesos y leche en polvo será progresiva hasta 2036 y estará limitada por cupos regionales.

En concreto, se contemplan cupos de 30.000 toneladas para quesos y 10.000 toneladas para leche en polvo, según la información presentada durante el encuentro.

Para Pérez Mazás, el escenario puede ser utilizado por la industria argentina para mejorar procesos, incorporar tecnología y avanzar hacia productos con mayor valor agregado.

“El acuerdo representa una oportunidad concreta para elevar nuestros estándares de calidad y trazabilidad”, sostuvo, según TodoAgro.

El ejecutivo planteó además que la estrategia no debería concentrarse exclusivamente en competir mediante commodities de bajo margen. En cambio, señaló la necesidad de orientar inversiones hacia productos diferenciados, entre ellos derivados de suero y proteínas.

El desafío, de acuerdo con esta mirada, consiste en aprovechar el acceso comercial para transformar una mayor demanda potencial en exportaciones de productos con mayor contenido tecnológico y mejor rentabilidad.

Competitividad y trazabilidad, en el centro de la agenda

Las distintas exposiciones coincidieron en que el acuerdo UE-Mercosur no debe analizarse solamente desde la perspectiva de los aranceles.

Para la agroindustria argentina, el acceso al mercado europeo estará condicionado también por factores vinculados con la estructura de costos, la infraestructura, la previsibilidad económica y el cumplimiento de estándares sanitarios y ambientales.

En el caso de los granos, las normas de deforestación y trazabilidad del origen adquieren una importancia creciente. Para las carnes, la identificación digital de los animales y la capacidad de demostrar el cumplimiento de las condiciones ambientales serán elementos relevantes para acceder a los segmentos europeos.

En los lácteos, en tanto, la escala productiva europea plantea una competencia particularmente exigente, lo que refuerza la necesidad de buscar nichos de mayor valor agregado.

El debate organizado por CIPAG también mostró que el acuerdo tendrá impactos diferentes según cada cadena. Mientras algunos sectores pueden beneficiarse de una reducción arancelaria o de nuevas cuotas, otros deberán realizar inversiones para cumplir con las condiciones de acceso.

En ese contexto, la competitividad argentina no dependerá únicamente de las condiciones negociadas entre los bloques, sino también de la capacidad del país para reducir costos internos, mejorar la infraestructura y garantizar reglas estables para las inversiones.

El encuentro concluyó con un balance positivo de los organizadores, que destacaron la participación de periodistas, comunicadores y representantes de distintas áreas del sector agroindustrial. Desde CIPAG ratificaron su intención de mantener estos espacios de capacitación y análisis para abordar los cambios que afectan al comercio exterior y a las cadenas productivas.

El acuerdo entre la UE y el Mercosur abre así un escenario con oportunidades concretas, pero también con nuevas condiciones de competencia. Para la Argentina, el desafío será convertir el acceso preferencial a uno de los mercados más exigentes del mundo en mayores exportaciones, sin perder de vista los costos internos y las exigencias ambientales que definirán qué productos podrán ingresar y en qué condiciones.

 

 

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